ACACIANOS
Secuaces de Acacio, discípulo de Eusebio y sucesor suyo como obispo de Cesarea de Palestina (340-366). Acacio siguió las huellas de Eusebio, favoreciendo y abrazando el arrianismo bajo una forma mitigada. Hombre ambicioso e incoherente, hizo deponer a San Cirilo, patriarca de Jerusalén (357), fue jefe de los sectarios en los sínodos de Seleucia y de Constantinopla (359 y 360) y se hizo dueño de la situación bajo el emperador Constancio. En tiempos de Joviano aceptó la fe nicena contra Arrio; volvió de nuevo a la herejía arriana bajo Valente, hasta que fue depuesto por el sínodo de Lampsaco (365).
Se les da también a Acacio y sus secuaces el nombre de Homeos, de la palabra ὅμοιος, «semejante», que compendia su doctrina. Rechazaron el anomeísmo de Aecio y de Eunomio, que enseñaban la desemejanza, ἀνόμοιος, entre el Padre y el Hijo; no admitían el ὁμοούσιος, «consustancial», definido en el concilio de Nicea (325), ni tampoco el ὁμοιούσιος de los semiarrianos, secuaces de Basilio de Ancira, que defendían entre el Padre y el Hijo una semejanza sustancial, sino que defendían la simple semejanza, ὅμοιος, entre las dos Personas divinas, apoyándose en que San Pablo llama a Cristo imagen del Padre. Según San Hilario, esta semejanza propuesta por los acacianos se refería solamente a la concordia de la voluntad del Hijo con la de su Padre. En otros términos, estos herejes volvían plenamente al arrianismo.
Bibliografía
J. Tixeront, Histoire des dogmes, París, 1924, II, pp. 48-57.
F. Cayré, Précis de Patrologie, París, 1927, I, p. 306.
G. Bardy, en Storia della Chiesa, Turín, 1940, vol. III, p. 169 ss.
X. Le Bachelet, «Acaciens», en DTC.