ACCIDENTES EUCARÍSTICOS
Es decir, las especies del pan y del vino —cantidad, color, sabor— que quedan invariables; son la condición necesaria para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo estén presentes sacramentalmente. Si los accidentes no permaneciesen, no se podría tener la presencia del Cuerpo de Jesús sino in specie propria, o sea, por la adaptación de cada una de las partes del cuerpo glorioso de Jesucristo a las partes correspondientes del espacio circunstante, de manera que, estando incluido en el lugar A, no podría encontrarse al mismo tiempo en el lugar B. Pero, permaneciendo inalterados los accidentes, el Cuerpo de Cristo, que está contenido localmente una sola vez en el cielo, puede hacerse presente a manera de sustancia, per modum substantiae, tantas veces cuantas son las consagraciones eucarísticas, sin que se pueda llegar al absurdo de un cuerpo distante de sí mismo muchas veces; en realidad, siendo la distancia el intervalo que media entre dos cuerpos localmente presentes en el espacio, no se verifica entre el Cuerpo de Cristo en el cielo y el mismo Cuerpo en la Eucaristía, ya que en la Hostia no está presente de un modo local, sino sólo sacramentalmente.
Se ha discutido mucho sobre la naturaleza de los accidentes, pero los datos de la patrística y las declaraciones de la Iglesia en los concilios de Constanza (DB, 582) y de Trento (DB, 884) nos llevan a aceptar la doctrina clásica de los escolásticos, que defendieron constantemente que las especies sacramentales no son modificaciones subjetivas de los sentidos —contra Descartes— ni menos efectos producidos por Dios en lugar del pan y del vino —contra los atomistas y dinamistas—, sino las mismas realidades accesorias numéricamente que tenían por subjectum inhaesionis la sustancia del pan y del vino antes de la transustanciación. Después de ella quedan sin ningún sujeto natural, sostenidas en su ser primitivo por la omnipotencia divina, que, lo mismo que formó el cuerpo de Jesús en el seno de la Virgen sin concurso humano, puede suplir eminentemente el efecto de la sustancia con relación a los accidentes.
Al desaparecer las especies eucarísticas cesa inmediatamente la presencia real, porque se anula su relación de continente para con el cuerpo de Cristo, sin que éste sufra modificación alguna.
Bibliografía
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