Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TIMOTEO (Epístolas a)

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Timoteo, nacido en Listra, fue educado en el amor a las Sagradas Letras (II Tim. 3, 15) por su abuela Loida y su madre Eunice. Cuando los Actos (16, 1) hacen de él la primera mención en el segundo viaje de Pablo, era ya su discípulo, convertido por el mismo apóstol durante su estancia en Listra en el primer viaje (hacia el 45; Act. 14, 6-9). Pablo, que lo llama su hijo carísimo (I Tim. 1, 2), quiso que fuera compañero suyo de viaje en el apostolado en lugar de Juan Marcos (Act. 15, 38 s.) en el otoño del 50, durante el segundo viaje, y lo circuncidó para que no hallase obstáculo ante los judíos (Act. 16, 3). Es casi cierto que Timoteo acompañó a Pablo en Filipos y Tesalónica; no cabe duda de que no se halla con él en Berea, donde se queda después de la partida del apóstol, de quien después recibe la orden de seguirlo a Atenas (Act. 17, 14 s.). Allí se junta con él, pero pronto es enviado de nuevo a Tesalónica para afianzar a aquellos fieles e informar después al apóstol (I Tes. 3, 1-2.5), a quien encuentra en Corinto y anuncia la fe y la caridad de los fieles, y se asocia a él en la epístola que les escribe (Act. 18, 5; I Tes. 3, 6; 1, 1) (año 51-52).

Es fácil que acompañase a Pablo al ir a Jerusalén (fin del segundo viaje apostólico) y al principio del tercer viaje (año 53). Menciónase explícitamente su presencia en Éfeso y la misión que allí recibió de ir a Macedonia (Act. 19, 22). Fue enviado de Éfeso a Corinto (I Cor. 4, 17;.16, 10; Act. 19, 22) y volvió a juntarse con Pablo en Macedonia (II Cor. 1, 1), para volver con él (después del invierno del 57-58) hacia Siria (Rom. 16, 21; Act. 20, 4). Hállase en Roma durante la cautividad de Pablo (años 61-63) y aparece como socio del apóstol en la dirección de las epístolas a los filipenses (1, 1), a los colosenses y a Filemón. En los años sucesivos (entre el 63 y el 66), cuando recibe la primera epístola que Pablo le envía, es jefe de la Iglesia de Éfeso. Le colocó allí el apóstol cuando volvió al Oriente después de la cautividad romana y después de haber estado en España. En cierta ocasión, Timoteo fue libertado (tal 586Avez de un encarcelamiento) y esperado en Italia (Hebr. 13, 23).

Durante la segunda cautividad de Pablo en Roma, que se acabó con el martirio (año 67), Timoteo recibió de él una segunda epístola y la invitación a trasladarse pronto junto a él antes del invierno (II Tim. 4, 9.21). Por lo mismo es verosímil que haya asistido a la muerte del maestro. Lo restante de la vida de Timoteo debió de desenvolverse en Éfeso. Según cierta tradición ya tardía, murió mártir el año 97. Hace pocos años se descubrieron sus reliquias en Termoli (cf. A. Férrua, Le reliquie di S. Timoteo, en Civ. Catt. 1947, III, 328-36). La primera epístola. — En su última visita, Pablo se encontró en Éfeso con una situación peligrosa creada por algunos falsos maestros, e igual situación encontró en Creta, adonde fue de visita haciendo una escapada desde Éfeso. Deja a Tito en Creta (Tit. 1, 5) y a Timoteo en Éfeso (I Tim. 1, 3). Luego pasó a Macedonia, desde donde completó con dos epístolas (I Tim., Tit.) las instrucciones sumarias que de palabra había dejado a los dos discípulos.

Contenido y división de la I Tim. — Después de un brevísimo exordio de saludo (1, 1-2), Pablo da a Timoteo los consejos necesarios para defender la verdadera doctrina contra los falsos maestros (1, 3-20), organizar la vida de la comunidad en las reuniones para la oración (2, 1-7), especialmente acerca del vestido y de la sumisión de las mujeres (2, 8-15), y las cualidades de los que habían de ser elegidos para ministros (3, 1-13); vuelve sobre la guerra que debe hacer a los falsos doctores (3, 14 - 4, 16), enseña al joven discípulo cómo debe comportarse y qué es lo que debe enseñar a las diferentes clases de personas, ancianos, jóvenes, doncellas, viudas, presbíteros, esclavos (5, 1 - 6, 2). Acaba con varias exhortaciones, entre las cuales descuellan las que se encaminan a que se evite la avaricia y a indicar lo que deberá decir a los ricos (6, 3-21). Ocasión de la II Tim. — Transcurrido el otoño del 65, Pablo pasa el invierno en Nicópolis (Tit. 3, 12); luego vuelve a Éfeso (cf. II Tim. 1, 4; 4, 14); en su paso por Tróade deja allí el capote y los libros; al llegar a Roma lo meten en la cárcel, desde donde escribe a Timoteo rogándole que vaya junto a él antes del invierno y que le lleve los objetos que había dejado en Tróade (II Tim. 4, 13.21). Nos hallamos, por tanto, en el otoño del 66. Pablo se encuentra casi solo: Demas lo ha abandonado; Tito se ha ido a Dalmacia; queda con él Lucas. Siente la necesidad del aliento de sus queridos discípulos Timoteo y Marcos, 586By los llama (II Tim. 4, 8-11). Aprovechando aquella ocasión dirige a Timoteo algunas instrucciones relacionadas con las necesidades todavía urgentes del ministerio en Éfeso.

Después del exordio, en el que saluda a Timoteo y le muestra su amor y la angustia que siente por él (1, 1-5), el apóstol amonesta al discípulo a predicar valerosamente la fe (1, 6-18), a sufrir y luchar por Cristo (2, 1-13), a refutar con prudencia a los maestros del error, presentes (2, 14-26) y futuros (3, 1-9).

Que recuerde el ejemplo de Pablo y la educación que se le ha dado, y las enseñanzas de las Sagradas Escrituras que Timoteo ha aprendido desde la infancia; enseñanzas que son utilísimas para su ministerio (3, 10-17), que él mismo ha ejercido con gran tesón, acordándose del premio al que ahora Pablo se encuentra ya muy próximo (4, 1-8). Los hechos aludidos en I-II Tim. (y en Tit.) se compaginan perfectamente con cuanto relatan los Act. y las otras epístolas paulinas. La organización de la jerarquía, manifestada en estas epístolas pastorales, es un desarrollo de la situación precedente y una preparación para la organización más completa de que dan testimonio las epístolas de San Ignacio. El estilo muestra tal cual es al viejo apóstol, que recuerda sus propias experiencias y condensa en breves períodos amplios desarrollos doctrinales de ' las epístolas precedentes. Además, en la II Tim. se revela la sicología de un prisionero, en la triste soledad, en la humillación de las cadenas, en el recuerdo del pasado, etc.

Estas epístolas, importantísimas para el régimen de la Iglesia primitiva, contienen la afirmación (II Tim. 3, 15) tajante y explícita de la inspiración de los Libros Sagrados del Antiguo Testamento y del juicio particular con la inmediata retribución, con la certeza de la muerte inmediata (II Tim. 4, 6 ss.), sin rastro alguno de aquella espera del próximo fin del mundo que tan insistentemente se ha querido atribuir a Pablo y a los primeros cristianos.

Bibliografía

A. Boudou. Les Epîtres Pastorales (Verbum salutis), París 1940. C. Spicq, Les Epîtres Pastorales, ibíd., 1947. P. de Ambroggi, Le Epistole Pastorali di s. Paolo a Timoteo e a Tito, Torino 1953.

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