TEGLATFALASAR
Nombre de algunos monarcas asirio s; el primero (h. 1114-1078 a. de J. C.) aventajó a todos sus antecesores en habilidad y poderío.
Su actividad militar, dirigida en un principio contra los pueblos septentrionales, y en particular contra los muscos y gasgas, que poco antes habían dado el golpe de gracia al imperio jeteo, pronto se volvió hacia el oriente, llegando a ultrapasar el Zap y hacia el noroeste ultrapasando el Éufrates en la región llamada Nairu, de suerte que sólo 574Ben los cinco primeros años de reinado se hicieron vasallos suyos 42 príncipes. Asiria, que dom ina ya sobre la región de Hanigalbat, se empeña en una lucha a fondo contra los arameos. U n texto descubierto en Qal’t Sherkat revela cómo Teglatfalasar I pasó nada menos que 28 veces el Éufrates para luchar contra aquellos nóm adas, llegando en el curso de estas operaciones hasta el mismo país de Am urru, que conquista.
Al sur ocupó Babilonia. Teglatfalasar fue tam bién un sabio organizador de la vida civil del imperio. Durante el reinado de T eglatfalasar II (965- 933), continuó la actividad de los arameos. Pero fue mucho más im portante la figura de T eglatfalasar I II (745-727), «am ado Pulu. H abiendo usurpado el trono, empezó por asegurarse la posesión de la M esopotam la meridional y septentrional, y luego dirigió las arm as contra los enemigos de Occidente.
Una coalición antiasiria que se form ó en el 739 hubo de ceder inmediatamente, e incluso M enajem (II Re. 15, 19 ss.) de Israel pagó entonces tributo. Poco después solicitaba una intervención asirla Ajaz de Judea al verse am enazado por Israel y Damasco por no querer acceder a su liga antiasiria (II Re. 16; Is. 7-9). Dam asco, Filistea y las ciudades fenicias cayeron totalmente bajo el poder de Asiria al mismo tiempo en que fueron deportados muchos habitantes del reino de Israel (II Re. 15, 19; I Par. 28, 18).
El mismo Ajaz, que no pudo menos de llegarse hasta Damasco a rendir honores al conquistador (II Re. 16, 10), quedó reducido a la condición de humilde tributario, y se vio despojado de los tesoros del templo y del palacio. (II Re. 16, 17 s.). G. R i c c i o t t i, Historia de Israel, I, Barcelona, 1945. S. M o s c a t i, L’Oriente Antico. Milano 1952.