QUERUBÍN
489A(Hebr. kerubim , pl. de kerub ). Es un ministro visible de Dios , cuya presencia manifiesta y cuya acción simboliza. Su nombre no tiene más que un equivalente en el acádico kāribu , «el que ruega, intercede», participio presente de karābu , que en el panteón asiriobabilónico es un dios, aunque secundario (cuyo nombre va precedido del ideograma determinativo «ilu = dios»), lo mismo que el sedu y el lamasu , genios tutelares, y, como ellos, está representado en las puertas del templo (cf. también el cilindro de Asaradón recientemente descubierto en Nimrud, lín. 10 s. en Iraq , 14 [1952] 54-60). No se conserva en los rituales una descripción técnica, ni hay figura alguna de genios titulares que lleve el nombre de kāribu . Los querubines bíblicos tienen de común con el kāribu el nombre, el antropomorfismo y las funciones, pero no el carácter divino. En Gén. 3, 24 (Ez. 28, 14-16) se coloca a los querubines delante del Edén con una espada de fuego, imagen del rayo y símbolo del anatema divino, para guardar el camino que lleva al árbol de la vida. Dhorme y Vincent los describen con alas y formas humanas; Wright se los imagina como cuadrúpedos provistos de alas y con rostro humano.
En el tabernáculo los querubines ocupan un puesto considerable. Están bordados en las cortinas del interior (Éx. 26, 1.31; 36, 8.35) y aparecen en las extremidades del propiciatorio (Éx. 25, 17-22; 37, 6-9), desde donde Dios habla a Moisés por entre dos querubines (Núm. 7, 89). Dícese de Dios que es «el que está sentado sobre los querubines» (I Sam. 4, 4; II Sam. 6, 2; II Re. 19, 15; Is. 37, 16; Sal. 80, 2; 99, 1; Dan. griego 3, 55), o «el que camina sobre los querubines y vuela sobre las alas del viento» (II Sam. 22, 11; Sal. 18, 11; cf. Ez. 10, 19 s.).
La imagen del rey sentado en el trono que está sostenido por esfinges o leones con alas y cabeza humana, hallada en las excavaciones de Biblos , Jamat y Mageddo (1200-800 a. 489Bde Jesucristo) ha hecho pensar en una identificación con los querubines, que Albright da por acertada. No podían faltar los querubines en el templo de Salomón. Hay dos de madera de olivo revestida de oro, de diez codos (= unos 5 m.) de altura, con alas de la misma medida que llegan a las paredes opuestas y se tocan entre sí por la parte de dentro (I Re. 6, 23-28; II Par. 3, 10-13; cf. I Re. 7, 6; II Par. 6, 7 s.).
Están bordados en la cortina que oculta el sancta sanctorum (II Par. 3, 14) y esculpidos entre las guirnaldas y las palmeras de las paredes del templo (I Re. 6, 29; Ez. 41, 18.20.25) y sobre las diez bases (I Re. 7, 29.36), que, según Albright, son arqueológicamente paralelas a los altares para el incienso, descubiertos en Jamat y Mageddo . En (Ez. 1, 5 s.; 9, 3; 10, 1 s.; 41, 18 s.) los querubines aparecen ligados con la gloria de Yavé (cf. Eclo. 49, 8; griego: ἐπὶ ἅρματος χερουβίμ ), y están representados por seres no especificados, compuestos con variedad de formas, que ofrecen cuatro aspectos: cabeza, y tal vez también pecho, de hombre; alas de águila; cuerpo de león por un lado, y de toro por otro. Todos estos símbolos, y por lo mismo todas esas fuerzas, erróneamente divinizadas por los babilonios, sirven de escabel al trono del único Dios verdadero. El N. T. no ofrece muchas explicaciones: Heb. 9, 5, es una clara alusión a Éx. 25, 17 ss. También los cuatro animales de Ap. 4, 6, son reproducción de los querubines de Ezequiel , aunque no los nombra.
Bibliografía
P. Dhorme-H. Vincent, Les Chérubins , en RB , 35 (1926) 328 ss. 481 ss. W. F. Albright, What were the Cherubim? , en The Biblical Archaeologist , I (1938) 1 ss. J. Trinquet, Kerub. Kerubim , en DBs. F. Spadafora, Ezechiele , 2.ª ed., Torino 1951, pp. 27-37. 85-90.