PRESBÍTEROS
Colaboradores subordinados de los Apóstoles en el gobierno de las comunidades cristianas primitivas, que corresponden al actual grado segundo (sacerdocio) de la jerarquía del Orden.
Se los denomina con los dos términos presbyteroi y episkopoi , que son sinónimos, como se deduce del uso intervertible (Act. 20, 17.28; I Tim. 3, 2 y 5, 7; Tit. 1, 5.7; I Pe. 5, 1.5), de la identidad de oficio (Act. 20, 17.28; Fil. 1, 1; I Tim. 3, 5.7; 5, 17) y del hecho de que no se usan simultáneamente. Los presbyteroi , «ancianos», que ya figuran entre los judíos siendo las personas más insignes de cada una de las ciudades (I Mac. 11, 23; 12, 35; Lc. 7, 3; cf. Dt. 19, 12; Jos. 20, 4; Rut. 4, 2, etc.) y especialmente como miembros del Sanedrín de Jerusalén (Mt. 16, 21; 27, 41; Mc. 8, 31, etc.), existen en la iglesia de Jerusalén (Act. 11, 30), en las comunidades judíocristianas (Sant. 5, 14), en las fundadas por San Pablo (Act. 14, 23; Tit. 1, 5; Act. 20, 17; I Tim. 5, 17.19; 4, 14), en las de Asia Menor (I Pe. 5, 1.5; II y III Jn. v. 1), en las iglesias de Corinto y de Filipos (Clemente Romano: I Cor. I, 3; III, 3; XXI, 6; etc.) y por analogía también en el Cielo (Ap. 4, 4.10; 5, 5-14, etc.).
Los episkopoi (de epi-skopein , que en los LXX traduce al hebreo pāqad con idea dominante de vigilancia ejercida por hombres, o de poder supremo ejercido directamente por Dios) figuraban ya entre los griegos como intermediarios (vigilante, gobernador, jefe de 472Btropa) entre el poder supremo y el pueblo. Aparecen en la Iglesia de Éfeso (Act. 20, 28; I Tim. 3, 1-7), en la de Filipos (Flp. 1, 1), en la de Creta (Tit. 1, 5-9), en la de Asia (I Pe. 5, 2), en la de Corinto (Clemente Romano: I Cor. XLII, 4; XLIV, 4.6) y en la de Palestina o Siria (Didaqué, XV, 1 ss.). Los presbíteros son elegidos por los Apóstoles o por sus delegados, después de su dispersión fuera de Palestina (cf. Act. 11, 30) con ayunos y oraciones (Act. 14, 23), bajo la dirección del Espíritu Santo (Act. 20, 28; cf. Act. 14, 23; I Tim. 3, 1 ss.; 5, 22; Tit. 1, 5; Clemente Romano, I Cor. XLIV, 1-3), y si son elegidos por la comunidad, los Apóstoles los confirman (Didaqué, XV). El rito de institución consiste en la imposición de las manos (Act. 14, 23; I Tim. 5, 22).
No tienen la plenitud del sacerdocio porque están imposibilitados para comunicar a otros el sacerdocio con la imposición de manos (I Tim. 4, 14 aclarado por II Tim. 1, 6) y hay varios en cada comunidad (Act. 14, 23; 20, 17.28; Fil. 1, 1; Tit. 1, 5; I Pe. 5, 1; Sant. 5, 14; I Tim. 4, 14; Didaqué XV, 1), que no cabe duda están subordinados a los Apóstoles como ayudantes de ellos (Act. 15, 2.4.6.22.23; 16, 4; 21, 18). Los presbíteros son los pastores (Act. 20, 28; cf. Jn. 21, 6; I Pe. 5, 2); directores administrativos y espirituales de la comunidad con una sabia administración (Tit. 1, 6-9; I Tim. 3, 1-7), con la enseñanza (Act. 20, 28-32; 21, 25; I Tim. 5, 17; Tit. 1, 9; I Tim. 3, 2; Didaqué XV, 1-2), con el ejercicio de una perfección moral (Tit. 1, 6-9; I Tim. 3, 1-7) y la posición de determinados ritos litúrgicos (Sant. 5, 14: extrema Unción; Clemente Romano, I Cor. XLIV, 6: leitourgia ; XLIV, 4: presentación del sacrificio eucarístico: ta dōra ; Didaqué XV, 1: leitourgia ). Los presbíteros son los superintendentes de Dios (I Tim. 3, 5; Tit. 1, 7).
Las dotes sacerdotales son expuestas sucintamente por San Pablo en dos listas, con algunas variantes que no carecen de interés (I Tim. 3, 1-7; Tit. 1, 6-9): tres dotes son propias de la primera lista: digno en su porte externo, no neófito, en buena reputación ante los paganos; otras tres son propias de la segunda: amigo del bien, justo, piadoso; las otras doce son comunes a las dos listas, pero siete de ellas están expresadas con sinónimos; casado una sola vez, prudente, hospitalario, no dado al vino, no violento, no arrogante, no litigioso, no avaro, sobrio, irreprensible, capaz de instruir y de bien gobernar su propia casa. Las condiciones principales son tres: aptitud para la enseñanza, buena administración y 473Amoralidad de su casa, y fidelidad al primer vínculo matrimonial; las disposiciones internas están resumidas en una palabra: irreprensibilidad, que excluye los vicios groseros que serían la ruina de su autoridad —avaricia, ira, arrogancia, brutalidad, embriaguez— e incluye la posesión de las virtudes conservadoras de la autoridad: sobriedad, prudencia, modestia, espíritu de hospitalidad, justicia, pureza de costumbres.
La necesidad de esta sublime perfección, que hace semejante a Cristo (I Pe. 2, 25) e impone el máximo respeto (I Tim. 5, 17), exige circunspección y prudencia en la ordenación de los presbíteros (I Tim. 5, 22).
Bibliografía
L. Maréchal, Evêques , en DBs , II, col. 1297-1318. F. Prat, La teología de San Pablo , México 1947. J. Colson, L’Évêque dans les communautés primitives. Tradition paulinienne et tradition johannique de l’Épiscopat, des origines à S. Irénée , París 1951.