Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

MEDIDAS Y PESOS

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Contra lo que sucedió en Mesopotamia , parece que en Palestina no fué posible la organización de los pesos y de las medidas sino por la actuación de la monarquía. Encomendóse tal cuidado a los levitas (I Par. 23, 29). Medidas lineales : las unidades de longitud deben sus nombres a las partes del cuerpo. El codo (hebr. ammah, πῆχυς ) se mide desde la extremidad del cúbito hasta la del medio; la mano abierta (hebr. zereth) desde la extremidad del pulgar hasta la del meñique. La Vulgata la confunde con el palmo (hebr. tófah), que es la longitud de la mano comenzando por las falanges. El dedo (hebr. esba’) es la más pequeña de las medidas longitudinales. Los arquitectos y los geómetras emplean una caña de medir, cuya longitud se especifica siempre en codos (Ez. 40, 5). El gómed (Jue. 3, 16) es evaluado por los LXX como equivalente a un zereth. Las proporciones, a menudo variables, son éstas: el codo = 20 dedos, 6 palmos, 2 manos abiertas. Parece que Ezequiel (40, 5; cf. 43, 13) alude a un ajustamiento de las medidas. El codo = 7 palmos, 28 dedos; la caña de medir = 7 codos.

El profeta no introduce innovaciones, sino que vuelve a poner en vigor un codo análogo al egipcio, que pudo haber servido de unidad de base para las construcciones de Salomón (cf. II Par. 3, 3). La evaluación según el sistema métrico decimal es aproximativa y se obtiene dividiendo la longitud del acueducto de Ezequías (553,10 m.) entre los 1.200 codos indicados en la inscripción de Siloé, lo que da por resultado 444,25 milímetros. En el N. T. se mencionan el codo ( πῆχυς ) = un pie y medio = 462 mm. (Jn. 21, 8; Ap. 21, 17) y el brazo ( ὀργυιά ) = 1,84 m. aproximadamente (Act. 27, 28). Las distancias están expresadas vagamente, mediante el número de días que se emplean en recorrerlas (Gén. 30, 36; 31, 23; Éx. 3, 18; Jn. 3, 3) o con una «extensión comarcal» (Gén. 35, 16; II Re. 5, 19). En la época helénica se adopta el estadio (184,83 m.). La milla romana equivale a 8 estadios (unos 1.478 m.). En Persia la milla equivale a media parasanga (siete estadios y medio = 1.386 m.). El iter sabbati , caminata permitida durante el día de descanso (Act. 1, 12), equivale, según Flavio Josefo , a seis estadios (= 1.109 m.).

No existe una evaluación agraria: semed , una yunta de bueyes, indica la extensión de terreno que puede ararse en un día (I Sam. 14, 397A14; Is. 5, 10). La cantidad de grano para sembrar un campo es la unidad de medida agraria (I Re. 18, 32, como en Mesopotamia ). Medidas de capacidad . Se emplean diferentes recipientes, lo cual explica la inestabilidad existente en las proporciones: hómer (la carga de un asno) para los áridos, a lo que equivale el kór , también para los áridos (I Re. 4, 22; II Par. 27, 5) y para el aceite (Ez. 45, 5); letek (Os. 3, 2), equivalente, en la Vulgata, a medio kór ; éfah para el grano y la harina, que vale por un décimo de hómer , y lo mismo el báth para los líquidos; se’ah que debe identificarse con el icilís , o sea un tercio del éfah (Is. 40, 12); hín para líquidos, equivalente a un sexto del báth ; ’omer (Éx. 16) interpretado por los LXX como equivalente a un décimo del éfah , y lo mismo el ’issarón , pequeña medida de harina en el Pentateuco; el qab (II Re. 6, 25); el lóg , la medida más pequeña para líquidos, que las versiones interpretan como equivalente a un cuarto de qab .

Estas diversas medidas, independientes en su origen y tomadas de ambientes y de épocas diferentes, se clasifican por series, según organizaciones sucesivas. Las equivalencias formuladas por el libro de Ezequiel no implican el sistema que hubiese sido establecido en aquel tiempo, sino que se volvía a las proporciones usadas en el ritual de los sacrificios. Las relaciones entre las diversas unidades de medida son inciertas y sólo son valederas para una época avanzada, ya que han sido deducidas por comparación con las medidas grecorromanas, tales como aparecen en los escritos de Flavio Josefo , S. Jerónimo y S. Epifanio. El hómer-kór equivale a 720 lóg , 180 qab , 100 ’omer-’issárón ; 60 hín , 10 éfah-bath , 2 letek . Los esfuerzos por dar un valor según el sistema métrico decimal no dan resultados enteramente satisfactorios. Los escritores helenistas formulan estas equivalencias: bath = μετρητής ; se’ah = un modio y medio; lóg = ξέστης , sextarius .

Basándose en estas equivalencias y adoptando para el sextarius el valor de 0,457 litr., se obtiene la escala siguiente: hómer-kór = litr. 393,84; letek = 196,92; éfah-bath = 39,38; se’ah = 12,12; hín = 6,56; ’ómer-’issárón = 3,93; qab = 2,18; lóg = 0,54. La evidencia arqueológica no permite seguir sosteniendo las hipótesis formuladas por los escritores antiguos. Nada se ha podido deducir de los fragmentos de alabastro de Susa. La interpretación de las medidas sin epígrafe, que se hallan en San Pedro de Gallicantu, debe hacerse con cautela. La capacidad del ánfora de Beit-Mirsim ( bath ) y de un cuello de jarra ( 397Bbath lammelek ) del s. VII no puede determinarse directamente.

La jarra de Laquis es probablemente del mismo tipo que las dos grandes jarras halladas en la misma ciudad, cada una de las cuales contiene, según Albright, 45,98 litros, el doble que el bath lammelek . Con eso tendríamos la escala siguiente: hómer-kór = 229,91 litros; letek = 114,95; éfah-bath = 22,99; se’ah = 7,66; hin = 3,83; ’ómer-’issárón = 2,29; qab = 1,27; lóg = 0, 31. En el N. T. σάτον , κόρος , βάτος son las transcripciones de se’ah , kór , báth . Esos términos se hallan frecuentemente con un contexto en el que no tiene importancia el valor métrico. Asimismo, en vez de ξέστης (Mc. 7, 4) y μόδιος (Mt. 5, 15) Jn. 2, 6 emplea μετρητής (1,30) y Ap. 6, 6 χοῖνιξ (1,08 litr.). Pesas .

La raíz verbal šql , común a todas las lenguas semíticas, expresa la acción de pesar y, por extensión, significa también «contar el dinero, pagar», porque primitivamente las piezas de metal se pesaban. Por eso sql , peso, significa, por excelencia, la unidad base del sistema de pesos y más tarde la moneda. Los pesos son generalmente de piedra: Prov. 16, 11 hace alusión a las «piedras de bolsa» que se llevaban en un fardelillo para pesar los metales preciosos. El Antiguo Testamento menciona cinco pesos: el Kikkár , τάλαντον , talentum , unidad de cuenta como el quintal; máneh , μνᾶ , mina; seqel , unidad de base para los metales preciosos. No hay que confundirlo con el siclo monetario. Los LXX emplean σίκλος para el siclo peso, δίδραχμον para el siclo moneda.

Sheqel haqqódeš , siclo del santuario, es el peso oficial para los pagos y las ofrendas en el templo, en contraposición con los pesos de óazar , que varían. II Sam. 14, 26 dice concretamente que la cabellera de Absalón pesaba 200 siclos, peso del rey. El peso regio babilónico es notablemente más elevado que el corriente en el comercio. Beqa’ , δραχμή , equivalente a medio siclo. Las traducciones ὀβολός , obolus , no formulan una equivalencia exacta, sino que expresan únicamente el hecho de que el óbolo es la unidad ínfima en la serie de pesas helénicas. Los pesos comerciales están probablemente en desacuerdo con los del Templo. Ez. 38, 25-26 sugiere indirectamente la idea de la existencia de la mina de 50 siclos que se menciona también en los textos de Ras Shamra y que la arqueología muestra con evidencia. Así, en el comercio, el talento equivaldría a 60 minas, 3.000 siclos, 6.000 medios siclos y 72.000 granos. Después del descubrimiento de los pesos de 398ABethsûr, ’Ain Shemes, Mageddo, Laquis , Tell Beit Mirsim, Tell en-Nasbeh, el talento en el comercio debería de pesar 34.272 gr.; la mina 571,2; el siclo 11,424; el medio siclo 5,712; el grano 0,571.

Según Ezequiel , el talento equivaldría a 41.126 gr.; la mina a 685,44; el siclo a 11,424; el medio siclo a 5,712; el grano a 0,571. El N. T. raras veces hace alusión a pesos. En las parábolas de los talentos y de las minas estos términos se refieren a cantidades de dinero. Jn. 12,3; 19,39 transcribe por λίτρα el latino libra, que se refiere a la libra romana de unos 326 gramos.

Bibliografía

A. G. Barrois, La métrologie dans la Bible , en RB , 40 (1931), 185-213
41 (1932), 50-76. Id., Manuel d’archéologie biblique , II, París 1953, pp. 243-58. H. Lewy, Assyro-Babylonian and Israel ite Measures of Capacity and Rates of Seeding , en Journal of the American Oriental Society , 64 (1944), 65-73.

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