LAMENTACIONES
Cinco elegías sobre la destrucción de Jerusalén (587 a. de J. C.). Del griego θρῆνοι (= Lamentaciones); el título hebreo es: ’ekhah = «como nunca», principio de las Lamentaciones. En los Setenta y en la Vulgata vienen después de Jeremías ; en la Biblia hebrea se encuentran entre los kethübhim o escritos, y 351Bforman parte de los cinco «rótulos» (meghillôth), lo cual obedece al uso litúrgico, puesto que las Lamentaciones se leían el 9 de ’abh (julio), conmemorativo de la primera destrucción de la capital. Contenido: I Lamentación. Descríbese el estado de desolación de Jerusalén. La ciudad, personificada en una mujer, ha caído de la riqueza en una profundísima miseria a causa de sus muy graves culpas. Arrepentida implora la piedad divina. II Lamentación. Dios es el autor de este castigo. Para castigar a Jerusalén ha obrado contra ella como un enemigo. Ante esta consideración, el poeta manifiesta su dolor e implora de Dios el perdón, reconociendo que ha obrado justamente con ella. III Lamentación.
El poeta, hablando generalmente en primera persona, después de haber descrito la calamidad del pueblo, recuerda la bondad de Dios e invita al mismo pueblo a volver a Él, seguro de que entonces hará justicia de los enemigos. IV Lamentación. Nueva descripción de la desolación de Jerusalén a la que dieron motivo, sí, los pecados del pueblo, pero también los de sus profetas y sacerdotes. Éstos habían esperado en vano la ayuda humana de Egipto , cuando sólo debieran haber confiado en Yavé. Termina con una reprimenda contra los hostiles edomitas. V Lamentación. Es una fervorosa oración en la que habla a todo el pueblo, que, después de haber confesado las culpas y descrito sus padecimientos, ruega ardientemente al Señor que desista de su ira y se convierta en amigo. Por el contenido puede echarse de ver la finalidad, que es la de incitar al pueblo a que deteste sus culpas y haga penitencia por ellas, para que Dios se aplaque, lo perdone y le permita de nuevo regresar libremente a su amada Jerusalén. 352ALos cantos son muy admirados por su belleza poética. Son verdaderas elegías compuestas en el metro qínah (cinco versos con cesura después del tercero).
La estructura de las cuatro primeras es alfabética, o sea que cada una de sus estrofas comienza por una de las 22 letras del alfabeto hebreo. La quinta no es alfabética, pero tiene igualmente 22 estrofas. La forma alfabética era un artificio estilístico de la poesía hebrea para facilitar la memoria. En la II, en la III y en la IV se da inversión de dos letras (Pe antes de ’ain), pero en la primera se sigue el orden normal. Esta inversión, cuyo motivo se desconoce, se halla igualmente en Prov.
31. Hasta el s. XVIII la tradición judía y la cristiana estuvieron conformes en atribuir las Lamentaciones a Jeremías, de quien sabemos por II Par. 35, 25, que, a la muerte del piadoso rey Josías , compuso una elegía. En los tiempos modernos, los acatólicos niegan a Jeremías las Lamentaciones (Driver, Sellin, Luzzi, etc.). Las dificultades alegadas, que son lingüísticas (algunos vocablos no aparecen en Jer.), históricas (Lam. 4, 17; pero el autor no hace más que referir las palabras de los asediados) y lógicas (Lam. 2, 9: se trata de falsos profetas, como en el v. 14), no tienen valor decisivo (cf. Ricciotti, Wiesmann, en Bíblica , 5 (1925) 146-61, y Paffrath). Algunos autores católicos son más reservados respecto del primero y segundo cantos. Fueron compuestas por Jeremías después de la destrucción de Jerusalén (587 a. de J. C.). Una tradición judía señala al norte de Jerusalén, fuera de la puerta de Damasco, una gruta llamada «gruta de Jeremías», desde la cual puede contemplarse toda la ciudad y donde se dice que el profeta compuso estas elegías, concretamente durante el gobierno de Godolías , inmediatamente después de la destrucción.
Otros, en cambio, piensan que, teniendo en cuenta que la forma alfabética hubo de requerir un largo trabajo literario, debieron de ser compuestas en Egipto, adonde Jeremías fue arrastrado, a pesar suyo, por los fugitivos después del asesinato de Godolías. Orígenes afirma que las escribió hallándose en Babilonia. En la Iglesia se leen las Lamentaciones casi íntegramente en el oficio de la Semana Santa (= oficio de maitines del jueves, viernes y sábado). [F. S.]
Bibliografía
G. Ricciotti, Le lamentazioni di Geremia , Torino 1954. A. Penna, Geremia , Torino 1952, pp. 369-421. P. Boccaccio - G. Bernardi, Lamentazioni (texto hebreo y vers. it.), Fano 1952.