Diccionario Bíblico

Angelo Penna

ESPÍRITU Santo

Recursos

Nombre de la tercera persona de la Trinidad (v.), que se lee en todos los textos del Nuevo Testamento que contienen una fórmula trinitaria. Mas en los otros lugares, mientras la personalidad del Padre y la del Hijo aparece evidente, frecuentemente persiste la duda acerca del Espíritu Santo. Ya San Gregorio Nacianceno (Oratio Theologica, V, 26; PG 36, 161) afirmaba: «El Antiguo Testamento predicó abiertamente al Padre, y más veladamente al Hijo. El Nuevo ha manifestado al Hijo y ha hecho entrever la divinidad del Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo habita en nosotros y él mismo nos ofrece una demostración más clara de sí». Efectivamente, en el Antiguo Testamento se habla frecuentísimamente del Espíritu (y.) de Yavé para indicar la omnipotencia divina, la acción de Dios en todo lo creado, y de una manera especial en el hombre. También en el Nuevo Testamento quedamos perplejos no pocas veces sobre el sentido preciso de la expresión. En varios casos es clara la correspondencia entre «Espíritu santo» (Lc. 10, 21) o bien el simple vocablo Espíritu (cf. Mt. 4, 1; 22, 43; Mc. 12, 36; Lc. 4, 14, etc.) con la terminología «Espíritu de Yavé» del Antiguo Testamento.

Otras veces preséntase al Espíritu Santo como un don divino sobrenatural, capaz de producir efectos particulares en orden a la santificación de las almas, o bien encaminados a la propagación del cristianismo (cf. Act. 1, 5-8; 2, 4; 8, 15; 9, 17; 10, 44; 11, 15, etc.). Mas tales textos por sí solos, juntamente con otros paulinos (cf. 1 Cor. 6, 19; I Tes. 4, 8; Tit. 3, 5 s.; Rom. 5, 5, etc.) de suyo no son suficientes para afirmar el carácter personal del Espíritu Santo. Dígase otro tanto del célebre 196Atexto sobre la blasfemia (v.) irremisible contra el Espíritu Santo (Mt.12, 21 y paralelos). Pero, aun prescindiendo de las fórmulas trinitarias, no faltan casos en los que el carácter personal del Espíritu Santo aparece con claridad. Descríbesele como al gran sustentador y:animador de los Apóstoles y de los fieles en general (cf. Mí. 10, 20; Jn. 14, 26; 15, 26; Act. 1, 8; 2, 4). Se le atribuye la dirección ' sobrenatural de la naciente Iglesia (Act. 4, 8; 5, 3. 9; 6, 3. 5; 8, 15, 29; 20, 28, etc.). De un modo especial el Espíritu Santo es considerado como, santificador de las almas (cf. Rom. 8, 9 ss.; I Cor. 3, 16; Gál. 4, 6).

Lo mismo que Cristo glorificado, el Espíritu Santo es principio de vida sobrenatural. Por eso se atribuyen indistintamente en tal sentido las mismas características a una y a otra persona. La actividad de las dos personas en el alma de los justos.es inseparable. San Juan evita ese intercambio de atribuciones y gusta de llamar «Paráclito» al Espíritu Santo (Jn. 14, 16. 26; 15, 26; 16, 7); •mas ese mismo título se reserva también para Cristo glorificado (I Jn. 2, 1). En general entiéndese ese término como equivalente a «consolador», si bien no pocos exegetas antiguos lo traducían por «abogado» o «patrono». Es verdaderamente clara la descripción del. Espíritu Santo en la vida íntima de la Trinidad. Llámasele indistintamente Espíritu de Dios y Espíritu de Jesucristo, porque procede de las dos personas. Pero no olvidemos que a la tercera persona se la describe principalmente en su actividad santificadora mediante las gracias de la efusión de carismas especiales. Tal es el concepto que se expresa con la imagen del Espíritu Santo que habita en el alma del justo (Rom. 8, 9) y que distribuye los carismas según su libre voluntad (I Cor. 12, 11).

La perfección de cada uno consiste en secundar y desarrollar la misteriosa acción del Espíritu (Rom. 15, 13; Ef. 5, 18), que origina y alimenta toda la vida sobrenatural. El intercambio de atribuciones con Cristo está limitado a determinadas categorías de acciones, lo cual es posible porque el Redentor, convertido, mediante la Resurrección, en «Espíritu vivificador» (I Cor. 15, 45), adquiere en acto la prerrogativa de poder comunicar su Espíritu, que realizará la obra de santificación en cada uno de los creyentes (Jn. 14, 16. 26; 16, 13). [A. P.]

Bibliografía

H. Bertrams, Das Wesen des Geistes nach der Anschauung des Apostels Paulus, Münster i. W. 1913. E. Scott, The Spirit in the New Testament, Londres 1923. F. Büchsel, Der Geist Gottes im Neuen Testament, Gütersloh 1926. P. Galtier, L’habitation en nous des trois personnes, París 1928. S. Zedda, L’adozione a figli di Dio e lo Spirito Santo, Roma 196B1952.
F. Quiroga, Personalidad divina del Espíritu Santo en S. Pablo , en EstB (1930), 113-121.

Voces relacionadas

Internas

Externas