ESAÚ
Hijo de Isac y Rebeca, gemelo con Jacob, nacido antes que éste y, por tanto, primogénito (Gén. 25, 20-34) lo cual traía consigo no pocos privilegios, como el de ser jefe y sacerdote de la familia, tener derecho a una doble parte de la herencia, y recibir del padre una especial bendición. Ya antes de nacer revelaron los dos gemelos, con una especie de profecía de «acción», la diferencia de sus caracteres y la lucha que surgiría entre sus descendientes (Gén. 25, 22-23). En efecto, Esaú fue un hombre rudo y violento, mientras que Jacob era tranquilo y amigo de estar en casa (25, 27); además, Esaú era rubio y peludo, de lo cual le vino el nombre (’E*áu = peludo). Ignorante de todo, Isac amaba preferentemente a Esaú por ser el primogénito y porque le proporcionaba una caza exquisita. En cambio Rebeca, presagiando el futuro (186BGén. 25, 23), sentía preferencias por Jacob (Gén. 25, 28). Y sucedio que habiendo observado Esaú cierto día, al volver del campo, que Jacob había preparado un potaje de lentejas, se lo pidio. Jacob se mostró dispuesto a cedérselo, pero a condición de que el hermano cediese en favor suyo los derechos de primogenitura, lo que hizo Esaú con gran ligereza (Gén. 25, 29-34).
Por eso San Pablo lo califica de profano o sacrílego (Hebr. 12, 16). Más adelante, valiéndose de un ardid tramado por Rebeca (Gén. 27, 1-45), Jacob logró incluso arrancar al padre, ya anciano y ciego, la bendición reservada al primogénito. Tal bendición fue inválida en principio, por error sustancial de la persona, ya que Isac creía dársela a Esaú, pero luego quedó convalidada (Gén. 27, 33). Al verse así defraudado, Esaú prorrumpió en gritos y prometió que se vengaría; mas al regresar Jacob (ibid. 27, 41-45), se reconcilian los dos hermanos, según los presentimientos de la madre (ibid. 33, 1-4). No obstante, se separaron para evitar nuevos sinsabores, y Esaú se fue a habitar en el monte Seír, antiguo nombre de Idumea (ibid. 36, 8), por lo que es considerado como primer padre de los edomitas, con quienes los hebreos nunca tuvieron buenas relaciones. Como consecuencia de estos acontecimientos, pero sobre todo por un impenetrable juicio de Dios, que todo lo dirigía según sus eternos consejos, Jacob pasó a ser el heredero de las promesas divinas y progenitor remoto del Mesías (según la carne), en tanto que Esaú desaparece de la historia del pueblo elegido.
El ejemplo de los dos hermanos, e incluso gemelos, uno de los cuales en contra de las leyes naturales, es elegido, y el otro no, ya antes de que hayan obrado el bien o el mal, e incluso ya antes de haber nacido, sirve a San Pablo (Rom. 9, 11-13) para demostrar la libertad y la naturaleza enteramente gratuita del don con que Dios hace que llegue la salvación mesiánica a un pueblo y no a otro. [B. P.]
Bibliografía
J. Chaine, La Genèse, París 1948. A. Vaccari, La S. Bibbia, I, Firenze 1943, pp. 113 s. 116-21.131-34.139 ss.