Diccionario Bíblico

Armando Rolla

DOLOR

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En el Antiguo Testamento, el dolor físico y moral, del que estaba libre la creatura, buena en su origen (Gén. 1; Eclo. 39, 16), es la triste herencia del pecado original (Gén. 3, 16 ss.). Juzgado con la luz de la tradicional 164Bretribución terrena, el dolor fue considerado principalmente como castigo del pecado personal o colectivo impuesto por Dios eminentemente justo y santo (Éx. 20, 5; Dt. 5, 9; Jer. 32, 19; Sal. 63, 13; Job 34, 11-16; 35, 8; 37, 14. 15; Is. 3, 11, etc.). La historia bíblica, especialmente en ciertos libros (Éx., Jue., Re., Par.), está presentada por el ángulo visual de este concepto jurídico del dolor. Contra este concepto tradicional se elevaron aisladamente ciertas voces de protesta, en nombre de la experiencia cotidiana testigo de la prosperidad del malo y de las calamidades del justo (Jer. 12, 1 ss.; Mal. 2, 17; 3, 15): especialmente en Job, que versa por entero sobre el conflicto entre la solución tradicional relativa al dolor (el padecimiento, consecuencia del pecado), sostenida por los amigos de Job, y la respuesta tajante y firme de la conciencia, que está segura de no haber pecado.

El conflicto no queda resuelto, sino que se remite a la misteriosa sabiduría de Dios. Pónese de relieve que la fortuna del impío solo es aparente (Sal. 37; 112, 10; Prov. 10, 25. 27. 30; 12, 7), y su muerte es prematura e imprevista (Sal. 55, 24; Ecl. 7, 17). En cuanto al justo pónese de manifiesto su esperanza en la recompensa después de la muerte (II Mac. 7, 9-14; Sab. 3, 1-9; 4, 7-5, 23). Además de esta función fundamental relativa a la retribución, atribúyense al dolor otras funciones; la función purificadora (Prov. 3, 12; Eclo. 2, 4. 5; Jdt. 8, 27; Ez.: la cautividad de Babilonia; Job 36-37: discurso de Eliu; II Mac. 6, 12-16), y función experimental (prueba de fidelidad) por intervención de espíritus malignos (Satanás: en el prólogo de Job) o de hombres perversos (persecuciones) o por las circunstancias de la misma vida humana (Job 14, 1; Ecl. 2, 23; Prov. 14, 13).

Descríbese también una función expiatoria soteriológica que permite la realización de los divinos designios sobre la salvación (padecimientos de la cautividad que dan a conocer a los paganos el poder, la justicia y el amor de Yavé: Ez. 12, 16; 17, 24; 21, 10; 36, etc.; padecimientos de los profetas: Is. 26; Jer. 16, 1-4; Ez. 4; el padecimiento en los Salmos de liberación: 35; 41; 59 y en otros salmos: 22; 69; 40), y la expiáción vicaria realizada por el siervo de Yavé (Is. 53, 6. 12; cf. Zac. 12, 10). No está ausente del Nuevo Testamento la función fundamental del dolor como castigo del pecado (Jn. 5, 14; 9, 2; I Cor. 11, 3). Pero llevan la primacía las otras funciones afirmadas ya tímidamente en el Antiguo Testamento: la función purificadora experimental, para obte- 165Aner la cual el dolor es una necesidad para el cristiano (Jn. 15, 20; II Tim. 3, 12; Mt. 24, 9; Lc. 21, 12; 22, 31); y la soteriológica que asocia a la Cruz (v.) redentora de Cristo (II Cor. 1, 5. 7; Flp. 3, 10; I Pe. 4, 13; Col. 1, 24-27; I Cor. 12, 26, etc.).

Pero el problema del dolor se resuelve definitivamente, como se ve ya en los últimos libros del Antiguo Testamento, sobre un plano escatológico: el padecimiento soportado en unión con Cristo que se eleva a categoría de vida eterna (Act. 14, 22; Rom. 8, 17-18: II Cor. 4, 17; Sant. 1, 12). [A. R.]

Bibliografía

J. Stamm, Das Leiden des Unschuldigen in Babylon und Israel, Zürich 1946. C. Del Grande, Hybris, Nápoles 1947. P. Heinisch, Teología del Vecchio Testamento, trad. ital., pp. 295-306 (con bibliogr.). M. Carrez, Souffrance et gloire dans les épîtres pauliniennes (Col. 1, 24-27), en RHPhR, 31 (1951), 343-53.

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