Diccionario Bíblico

Giacomo Danesi

AMARNA (Tell El’Amarnah)

Recursos

Localidad del valle del Nilo, a unos 304 kms. al sur de El Cairo, en la cual se halló en 1887 el archivo diplomático de Amenofis IV (1377-1360), el monarca que por odio al dios Amón abandonó la ciudad de Tebas, a él consagrada, y edificó en aquel lugar una nueva capital, Akhetaton (= horizonte de Aton). Los documentos del archivo son un conjunto de 350 tablillas de arcilla que contienen en su mayoría Ja corres pondencia diplomática entre la cancillería egipcia y los diferentes príncipes de Babilonia, Asiria, Asia Menor, Chipre, Siria y Palestina durante un período que comprende los reinados de Amenofis III y IV (1413-1358). Es incalculable la importancia histórica de estos documentos, actualmente en posesión de los principales museos de Europa. Gracias a ellos ha sido posible reconstruir el ambiente geográfico, histórico y cultural de todo el período que precede inmediatamente a los episodios del Éxodo. La correspondencia descubierta casi toda 26Btiene por destinatarios a los dos faraones (ya que sólo hay nueve fragmentos que contienen los detalles de las misivas de éstos a otros príncipes).

En ella se destaca la posición de preeminencia de Egipto: solamente los príncipes de Babilonia, de Hatti, de Mitanni , de Chipre (Alalia) y de Cilicia (Arzawa) son tratados como iguales y llamados «hermanos»; todos los otros corresponsales son vasallos sirios y palestinos que escriben al faraón con expresiones de máxima sumisión. Tenemos, pues, una Palestina y una Siria vasallos de Egipto. Tanto si a Palestina se le llama Kinahhi (Canán), como si a Siria se le da el nombre de Amurru, una y otra están divididas en numerosas ciudades-estados independientes y rivales. Aparte la isla de Arwad (Arwada), allí vemos nombradas las ciudades costeras de Sumar (Gén. 10, 18), lrqat (Gén. 10, 17), Biblos (Gubia), Beirut (Béruta), Sidón (Siduna), Tiro (Surri), Akko (Akka), Saron (Sharuna), Jaffa (Japu), Ascalón (Ashqaluna), etc. Del interior se mencionan Magedo, Shunem, Beisan, Siquem, Jerusalén (Urusalim), Gezer, Ajalon, etc. Todas estas ciudades están gobernadas por ciudadanos locales vigilados por hombres de la confianza del faraón, llamados Rabisu, pero pueden tener correspondencia directa con el mismo faraón.

Egipto mantiene en estas ocasiones buenas relaciones con las grandes potencias de Babilonia, Asiria y Mitanni; no así con los Jatos (- jeteos), ya que esta gran potencia, hostil a Egipto, favorece, entre otras cosas, una gran insurrección en Amurru. Un tal Abdi-Asirta, después de haber logrado del faraón el principado de Amurru, promueve un alzamiento nacionalista que opera con tropas armadas llamadas Habiru. El príncipe de Biblos , Rib-Abdi, siempre leal a Egipto, se pone al lado de éste, y en íntima correspondencia denuncia al faraón los peligros de la insurrección. Los jatos apoyan a los insurrectos y Egipto interviene, pero con debilidad. Los habiru extienden rá pidamente sus conquistas, en tanto que Rib- Abdi, abandonado de Egipto y de los suyos, muere asesinado. Bajo el hijo de Abdi-Asirta, Aziru, todo el Amurru será liberado y constituido en confederación, sin el influjo de Egipto. Poco después los jatos, en alianza con Amurru, favorecerán igualmente la insurrección de las ciudades de Canán, con lo que también estas ciudades pasarán una tras otra a estar bajo la inspección de los habiru.

Egipto intenta desquitarse bajo el imperio de Ramsés II, pero por breve tiempo, ya que se impone la retirada ante la invasión de «aquellos pueblos del mar» 27Aque en el s. xn fuerzan a Egipto a defenderse en las propias deltas. Situación cultural. J. H. Breasted llamó acertadamente «Primer internacionalismo» al período de El-Amarna. Es la primera vez que se estrechan relaciones entre pueblos de razas diversas. El acadio se convierte en una verdadera «lengua franca» que se enseña por todas partes en escuelas especializadas y con ayuda de vocabularios. Las mismas tablillas de El-Amarna están escritas en acadio, menos una que lo está en la lengua arzawa y otra en la de Mitanni. No se trata, naturalmente, del acadio clásico, sino de un acadio amañado a su manera por cada una de las escuelas que lo enseñan y que dan así origen a diferentes dialectos. El internacionalismo de este período, que se manifiesta incluso en los grandes intercambios culturales entre los pueblos mediante traducciones de obras literarias e intercambio de doctores, especialmente de médicos entre las diferentes cortes, se hace sentir igualmente en torno a la religión.

Pasan de unos pueblos a otros nombres e ideogramas de divinidades. Amenofis III trata de proveer a su propia curación mandando que vayan en busca de Istar de Ninive. Se nos revela, pues, un nuevo mundo en este período, y los testimonios que a este propósito nos dan los documentos de El-Amarna se confirman, al menos en parte, con documentos de Boghazkóy. [G. D.]

Bibliografía

J. A. Knutzon, Die El-Amarna Tafeln , 2 vól., Leipzig 1907 y 1915. E. Dhorme, en DBs , I, col. 207-225. Id., Les nouvelles Tablettes d’El-Amarna , en RB , 33 (1924), 5- 32. W. F. Albright, From the Stone Age to Christianity , Baltimore 1946, pp. 157-60. S. Moscati, L’Oriente Antico , Milano 1952, pp. 42-45.

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