SINGULARIDAD (PRINCIPIO MARIOLÓGICO DE)
Se puede enunciar así: «Siendo María una criatura del todo singular, transciende a todas las otras y constituye por sí sola un orden, por lo que reivindica para sí privilegios enteramente singulares, no concedidos a ninguna otra criatura. Con más precisión, diremos con el ps.-Alberto M.: María es «una sobre todos», «una supra omnes» (Mariale, q. 80). María, en efecto, aparece del todo singular: 1) en su misión; 2) en sus privilegios; 3) en su culto. Aparece singular en toda su vida, desde el primero hasta el último instante. Lo que para los demás sería extraordinario, para Ella es ordinario. Por consiguiente, lo que se niega a los demás no se le puede negar a Ella. Ella es la «mujer maravillosamente singular y singularmente admirable» (S. Anselmo, Or., 52, PL 158, 955c). BIBL.: Roschini, G., Mariologia, I, Romae, II ed., 1947, pp. 339-351; Id., La Madre de Dios según la fe y la teología, Madrid 1955, vol. I, pp. 117-121; Bover, J., Los principios mariológicos, en «Est. Mar.», 3 (1944) pp. 22-25.