ROSARIO
El «Breviario Romano» lo define así: «Es una determinada plegaria en honor de la Santísima Virgen, que consiste en recitar 150 «avemarías», entre las que se intercalan 15 «padrenuestros» que la dividen en 15 decenas, en cada una de las cuales se medita privadamente uno de los misterios de nuestra redención» (Fiesta del Santísimo Rosario, II noct., lec. 1). Estos 15 misterios están divididos en tres series que recuerdan el gozo, el dolor y la gloria de Jesús y de María. El R. ha alcanzado la forma actual mediante una elaboración que ha durado siglos. Cuatro son los elementos que lo componen: 1, la corona para contar; 2, las 150 «avemarías»; 3, los 15 «padrenuestros»; 4, la meditación de los misterios.
1. La corona para contar. Es un uso antiquísimo, que se encuentra entre los pueblos y entre los antiguos cristianos para contar las oraciones. En un principio se usaban piedrecitas o guijarrillos, después un hilo o cordoncillo con varios nudos o con bolitas (de madera, plata, oro) ensartadas. Hacia principios del s. xvi la forma del cordoncito cerrado acabó por imponerse.
2. Las 150 «avemarías». En el s. XII, para que el número de las «avemarías» fuese igual al de los salmos (150), se comenzó a rezar la corona de 150 «avemarías», que entonces llegaba hasta el «fructus ventris tui» (v. Avemaria ), y por esa razón fue llamado «Psalterium Marianum».
3. Los 15 «padrenuestros». El primero en introducir en el R. la recitación del «padrenuestro» fue el cartujo Egher Enrique (v.), hacia fines del s. xiv.
4. La meditación de los misterios. Se debe al cartujo Helión Domingo (v.), llamado Domingo de Prusia, quien, hacia mediados del s. xv, fijó 50 cláusulas para añadirlas a cada una de las 50 «avemarías». En lo sucesivo los misterios fueron aumentándose hasta llegar a 150 (tantos como las «avemarías»). Por razones prácticas, fáciles de comprender, a principios del s. xvi los misterios de meditación se redujeron de 150 a 15: cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos. Un gran apóstol del R., en el s. xv, fue el B. Alano della Rupe (1428-1475), dominico, fundador de las «Cofradías del Salterio Mariano», llamadas después del R., extendidas por todo el mundo. También han sido grandes propagandistas del R. los PP. Dominicos. León XIII (v.) ensalzó en sus múltiples encíclicas la excelencia del R. y recomendó calurosamente su rezo. Afín al R. es la «Corona de la Dolorosa» o de los «Siete Dolores», que se debe a los Siervos de María (comienzos del s. xv). En 1446 quedaba fijado el «método» para recitarla. BIBL.: Una bibliografía sustancialmente completa sobre el R. se puede hallar en Llamera, M., O. P., en la obra Libro del R., Valencia 1949.
Entre las obras sobre el R. son dignas de particular mención: Fanfani, L., O. P., De Rosario B. M. Virginis. Historia, legislatio, exercitia, Turín, Marietti, 1930; Rossi, S., Piccola storia del R., Roma, s. f.; Willam, F., Storia del R., trad. e pref. di Rodolfo Paoli, Roma, Orbis Catholicus, 1957, XVI-221 pp.