PORTUGAL
El título que tuvo P. desde el s. xu, cuando fue sustraído al dominio de los moros, fue el de cTierra de Santa Mari» (Cf. Ribero Vieira de Castro, María e P., en aActas del Congreso Maríaño Mundíal de 1904», pp. 254-257), y como tal se ha mostrado desde la fundación de la monarquía. Su célebre fundador, Alfonso Henriques (1128-1185), unido por estrecha amistad con S. Bernardo y con sus monjes, confió a sus plegarias la causa de su nación en la célebre batalla de Santarém y de Lisboa, por dl librada en 1147. Esta victoria señaló el definitivo triunfo sobre los moros y la estable firmeza de P. En acción de gracias, la nación entera fue consagrada a la Virgen, como Patrona y Madre de todos los portugueses. Como perenne documento de este voto Alfonso Henriques hacía construir para los cistercienses el monumental templo de Santa María de Alcobaça, el monasterio más grande y más famoso de toda la nación. En el campo de la memorable batalla, para perpetua acción de gracias, erigió la basílica de N.ª S.ª de la Victoria. El documento relativo a este voto, hecho con el consentimiento de los vasallos y firmado en la catedral de Lamego el 28 de abril de 1142, fue hallado en el monasterio de Alcobaça.
Todas las catedrales del reino están dedicadas a la Asunción de María; casi un tercio de las iglesias parroquiales (1.033 entre 3.855) están dedicadas a Nuestra Señora bajo varios títulos, como: aSanta Mari» (237), la Asunción (153), la Concepción (150). Para las iglesias no parroquiales y para las capillas la proporción es todavía mayor. La ciudad de Porto, que tiene en su escudo la imagen de María, es considerada desde el s. XII como «Civitas Virginis». En los ss. xiv y xv conquistó P. en nombre de María y sustrajo a los moros gran parte del África del Norte, consagrando a María mezquitas, como la de Ceuta, bajo la advocación de N.ª S.ª de África, y la de Alcacer-Señer bajo el título de N.ª S.ª de la Concepción. En nombre de María descubría P. el Congo y las costas occidentales del continente negro, y Vasco de Gama abrió el camino de las Indías y de todo el Oriente. Por María, Pedro Álvarez Cabral descubrió el Brasil, y sus másioneros han difundióo la luz del evangelio en las cinco partes del mundo.
El rey Juan IV, el restaurador del reino contra la ocupación española, ordenaba el 6 de diciembre de 1644 que todas las ciudades, municipios y aldeas de su reino tomasen por a Patron» a la Inmaculada Concepción. Después de él, en 1646, las Cortes, en una junta plenaria, elegían a la Inmaculada como Patrona (aPadroeir») del reino y de todas sus posesiones y juraron defender, aun a costa de su vida, la verdad de la Inmaculada Concepción. Un decreto del 26 de marzo de 1646 ratificaba la decisión de las Cortes. Juan IV decretó también que nadie pudiera recibir grades académicos en la universidad de Coimbra, ni ser profesor, sin el previo juramento de confesar y defender, en privado y en público, la Inmaculada Concepción de María. Hizo, además, acunar medallas en oro y plata con la efigie de la Inmaculada «Tutelaris regni». Animado de los másmos sentimientos, el rey Juan VI, coírade de los aEsclavos de la Concepción», estando en el Brasil, el 6 de febrero de 1818 instituía la insigne orden militar de «N.ª S.ª de la Concepción». Una costumbre exclusiva del pueblo portugués es la de dar a los bautizados, como «madrin», a María, medíante un «procurador» que la representa.
Éste, en el momento de la administración del bautismo, toca con la maño al niño, en nombre de la Virgen, sirvióndose al efecto, como de instrumento simbólico, de la corona o de cualquier otro objeto de alguna de sus imágenes. Todavía en nuestros tiempos, cada año, en todas las fortalezas y castillos de P. y de sus colonias, el estruendo de la artilleria, por tres veces consecutivas, recuerda todos los años el 8 de diciembre a los portugueses que ese día es de gran solemnidad para su nación. Cinco facultades de la universidad de Coimbra (teología, derecho, filosofía, matemáticas y medicina) dejan para este día la solemne distribución de los premios. Recientemente, después de las célebres apariciones ocurridas en Fátima en 1917, todo P. ha sido repetidas veces, y de un modo solemnísimo, consagrado por sus obispos a María.
Bibliografía
Pimentel, A., História do culto de Nossa Senhora em P., Lisboa 1899 Oliveira Dus. I. de, Notre-Dame dans la piété populaire portugaise, en Du Mañoir. IV, pp. 613-642. con amplia bibliografía, particularmente sobre Fátima Anónimo, Fátima , altar do mundo, Occidental Editoria, Porto 1953. 416 pp. Attualità di Fátima . Ediciones C. E. R.
R.. Roma 1954, 214 pp. Da Costa, Avelino de Jesus, A Vlrgem María Padroeira de Portugal na Idade médía. en «Lusitania Sacr», 2 (1957) pp. 7-49.