PLEGARIAS MARIANAS
1. En Oriente. La primera y fundamental plegaria a María es el aSaludo angdlico», o sea, el oAvemari» (Lc. 1, 28; 1, 42 y 45). Es la plegaria mariana por excelencia, que se propagó rápidamente (v. Avemaria). Las demás plegarias que la sigan no harán más que propagarla y continúarla. A ella siguió, en Oriente, la antífona mariana (la más antigua que se sepa, s. III) a Sub tuum presidium...» (v.), que ha sido más tarde incorporada, como el Avemaria (antes de finales del s. vii), a la liturgia romana (como lo atestigua el Responsorial de Compiègne, de fines del s. ix; PL 78, 799d). Los primeros oradores griegos dieron forma literaria a sus elogios y a sus apdstrofes a la Virgen basándose en el saludo del ángel y de Santa Isabel. Así hacia, por ejemplo, en el s. iv, S. Gregorio de Nisa en una homilía que se le atribuye (PG 62, 765), y, en los comienzos del s. v, Severiaño de Gábala, el cual afirma que María «todos los días oye a todos decir: Bienaventurad» (De mundi creatione, VI, PG 56, 497), y, en el másmo s. v, S. Nilo de Ancira, el cual atestigua: aEn toda nación y en toda lengua, Santa María es llamada bienaventurada, celebrada, exalzada y bendecid» (Epist. II, 180, PG 79, 293a).
También la homilía pronunciada en Éfeso en el 431 (erróneamente atribuida a S. Cirilo de Alejandría) comienza con este saludo: «Te saludamos, oh María, Madre de Dios, tesoro precioso de todo el universo, lámpara inextinguible...» (Homil. IV, PG 77, 992). Y asi dice Proclo de Constantinopla: «¡Veneremos igualmente a Ma- ria!... Digámosle: Tú ercs bendita entre las mujeres; Tú, la única que has traido remedio a la tristeza de Ev» (Ps.-Chrisostomus. In Annuntiat PG 50, 795-6). Otro tanto han hecho Teodoto de Ancira, Hesiquio de Jerusalén, Basilio de Seleucia y Crisipo de Jerusalén (v. Barré, H., Les premières prières..., pp. 128-131, v. bibl.). La más bella plegaria mariana de Oriente es sin duda el célebre himno Acátisto (v.), acaso de S. Román el Melodioso.
2. En Occidente. El Occidente sigue en esto con discreto retraso al Oriente. Los indicios más antiguos, en Occidente, de plegaria (o germen de plegaria) a María pueden encontrarse en los grafitos recientemente descubiertos en las excavaciones de las grutas vaticanas, junto a la tumba de S. Pedro. Adosado al muro (el muro Rojo), en inmedíata vecindad con la «Memoria del Príncipe de los apóstoles, se ha descubierto otro muro (el llamado muro g), en el cual han aparecióo innumerables «grafitos», anteriores, con toda probabilidad, al a. 315. En ellos se invoca a Dios, Uno y Trino, a Cristo y a María, El nombre de la madre de Dios se asocia constantemente en dichos grafitos al nombre de Cristo, y, a veces, se junta a ambos el nombre de Pedro. Hay tambiln un grafito que presenta los nombres de Cristo, de María y de Pedro unidos entre si y coronados por la aclamación de victoria: aNICA»: lo que revela un culto común (de veneración y de invocación) de Cristo, de María y de Pedro, por parte de los fieles de Roma, con anterioridad al a. 315. En los sobredichos «grafitos», la plegaria a María (como a Cristo) está sintetizada en una sola y elocuentísima palabra: «Mari» (Cf. «L»Osserv.
Rom.», 19 marzo 1959; Guarducci Margherita, La tomba di Pietro. Notizie antiche e nuove scoperte, Ed. Studium, Roma 1959, pp. 87 ss.). En los poetas latinos se hallan bellas oraciones a María, por ejemplo, en S. Paulino de Ñola (Carmen, VI, 118-123 y 151-158; PL él, 444-5), en Sedulio (Carmen Paschale, II, 63-69, PL 19, 599a-600a y 599b), en Venancio Fortunato (Miscell. VIII, 4, PL 88, 265), etc. Otras oraciones se hallan en varios discursos (Cf. Barré, 1. c., pp. 138-141). Es digna de relieve la plegaria en las inscripciones halladas entre las ruinas de algunas basílicas cristianas de África: «Sancta María, aiuba nos» (Cf. Diehl, Inscriptiones latinae christianae veteres, Berlín 1925, t. I, p. 458, n. 2362). Y no es menos bella la fervorosa plegaria dirigida a la Virgen por San Ildefonso de Toledo (De virginitate perpetua beatae Maríae, c. 1, PL 96, 58a-59b; c. 12, PL 96, 105-106b 5). Varias oraciones marianas se hallan en la liturgia romana, en la mozárabe, en Francia y en las islas británicas. En la segunda mitad del s. VIII, y acaso antes, se abre, puede decirse, una fuente perenne de P. M., hasta las clásicas plegarias de S. Anselmo (v.), de Eadmero (v.), de S.
Alfonso M. de Ligorio (v.), de Pío XII, etcétera.
Bibliografía
Pazzaglia, L., O. S. M., Preghiere a María. Torino, Berruti. S. d.
BarM H., Les premières prières mariales de l’Occident, en «Maríanum», 21 (1959) páginas 128-173.