ACATISTO
Es un célebre himno mariano de la Iglesia griega que se canta «en pie». Sería de desear una edición crítica del texto original griego. El que hoy está en uso es, sin embargo, sustancialmente bueno. Se ha traducido a muchas lenguas. El A. consta de 24 estrofas (oeci), cada una de las cuales comienza con una letra del alfabeto griego. Las 24 estrofas van precedidas de otra estrofa o estribillo, que sirve de preludio o introducción. Al estribillo sigue un «tropario» de diez versos. Se dividen dichas 24 estrofas en dos partes o series, de doce versos cada una. Las de número impar, y lo mismo la inicial, terminan todas con doce salutaciones a la Virgen: «Salud, esposa inmaculada», en tanto que las pares terminan con el grito de júbilo: «Alleluia!» El tema general del A. es el inefable misterio de la encarnación del Verbo en el seno purísimo de María. Las doce primeras estrofas describen los puntos más salientes del misterio, mientras que las otras doce no son más que una especie de comentario dogmático-ascético. El A. —según Silvio Mercati— es un «singular monumento en toda la literatura bizantina», un himno de un «efecto grandioso» (EC, I, col. 184).
El arte poético, en este maravilloso himno mariano, ha alcanzado las mayores grandezas que jamás se han podido conseguir en honor de la Virgen. A la exquisita belleza literaria une una riqueza doctrinal clarividente, que supone ya notable desarrollo de la ciencia mariana. En él se ilustran bellamente la singular misión de María Santísima y sus singulares privilegios. El A. se ha atribuido a varios autores. El más probable, sin embargo, según los críticos modernos, es Romano el Melode (481-555) (v. Romano el Melode). Fue muy singular y bien merecida suerte la que tuvo el A. al sobrevivir a la revisión litúrgica del cismático Focio, y encontró un puesto muy distinguido en la distribución del oficio cuaresmal aun hoy vigente en la Iglesia bizantina. Lo ejecutan ya parcialmente (o sea, seis estrofas solamente, precedidas de un estribillo), en la tarde del viernes de cada una de las cuatro primeras semanas de cuaresma, ya íntegramente con las 24 estrofas, la tarde del viernes o la mañana del sábado de la quinta semana de cuaresma (Domingo I de Pasión), designado en el Triodion como «Sábado del A.». El rito del A. es sugestivo.
Conviene poner también de relieve que el A., además de su uso litúrgico, es empleado como forma comunísima de devoción privada. En los monasterios griegos se reza todos los días. En Rusia, los sacerdotes seculares lo rezan diariamente o, por lo menos, todos los sábados. Es popularísimo y viene a ser la devoción oficial de la Iglesia griega a la augusta Madre de Dios. La iconografía del A., en Oriente, es riquísima (Cf. Tafrali, Iconographie de l’Hymne Acathiste, Bucarest 1915).
Bibliografía
De
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A. Hymn introduced and transcribed by Egon Wellesz, Copenhagen 1957 (Union Académique Internationale. Monumenta Musicae Byzantinae transcripta, vol. IX).