«MAGNIFICAT»
Es el himno de alabanza a Dios, entonado por María en su visita a Isabel (v. Visitación), después que ésta, inspirada por el Espíritu Santo, la había saludado llamándola «Madre del Señor» (Lc. 1, 46-55). I. Autenticidad. Ha sido negada por Harnack y por Loisy (en «Rev. d’hist. et de littér. relig.», 1921, p. 278, nota 1), porque tres códices de la antigua versión latina de los evangelios (a, b, 1) y algún códice latino de las obras de Orígenes (PG 13, 1817), así como también alguna declaración del obispo Nicetas, del s. V (v. Morin, G., en «Rev. Bibl.», 6 [1897] pp. 286 ss.; id., Le De Psalmodiae bono de l’évêque Niceta, en «Rev. bénéd.», 14 [1897] pp. 385-397), lo atribuyen a Isabel, o sea, en lugar de «Et ait Maria» tienen «Et ait Elisabeth». Pero contra estos escasos e insignificantes testimonios están todos los otros códices del texto original griego y de las diferentes versiones. Por eso la Pont. Com.
Bíblica, el 26 de junio de 1912, emitía esta decisión: «Los documentos extremadamente escasos y únicos, en los que se atribuye el M. a Isabel, no pueden, en manera alguna, prevalecer contra el testimonio concorde de casi todos los códices tanto del texto original como de las versiones, ni siquiera contra la interpretación que exigen absolutamente el contexto, espíritu de la misma Virgen y la tradición constante de la Iglesia» (Denzinger, 2158). Según algunos, la extraña lección: «Et ait Elisabeth» de los tres códices quedaría explicada interpretando el nombre «Elisabeth» en dativo. Este nombre, introducido como glosa por algún copista: «Et ait Maria Elisabeth» (= y dijo María a Isabel), bajo la pluma de otro copista posterior habría suplantado al nombre de María y habría originado la extraña lección: «Et ait Elisabeth: Magnificat...» Otros han propuesto otras hipótesis.
II. Argumento y estructura. Argumento del M. es la exultante alabanza y gratitud de María hacia Dios por el misterio de la encarnación verificada en Ella.
No están de acuerdo los exegetas sobre la división del M.: unos lo dividen en dos estrofas (46-49, 50-55), otros en tres (46-49, 50-53, 54-55) y otros, finalmente (por ejemplo, el P. Lagrange), en cinco, a saber: 1) vv. 46-47 (María da gracias a Dios por el favor que le ha sido otorgado); 2) vv. 48-49 (María pone de relieve la grandeza de esta gloria mostrando que Ella interpreta la situación lo mismo que Isabel, la cual la ha saludado llamándola «Madre del Señor»); 3) vv. 50-51 (esta acción de Dios es obra de misericordia para con los que le temen, porque Dios aborrece a los soberbios); 4) vv. 52-53 (aplicación del principio enunciado a diversas categorías: Dios se complace en ensalzar lo que es bajo y rebajar lo que es alto; oye a los pobres y rechaza a los ricos: esta intervención de Dios en las cosas humanas la ve ya María iniciada desde entonces); 5) vv. 54-55 (esta salvación ya iniciada la continuará Dios, al acordarse de sus promesas). No sin razón alguien ha definido el M. llamándolo «el Cantar de los Cantares (es decir, el Cántico por antonomasia) del Nuevo Testamento». Son innumerables los comentarios al M. por parte de los exegetas, ascetas y oradores.
Se puede decir que cada versículo del M. es un eco de alguna frase bíblica. El M. nos muestra, por tanto, el alma de María (su mente y su corazón) nutrida y toda penetrada por la palabra de Dios, hasta el punto de hablar con el mismo lenguaje de Dios. BIBL.: Cellini, A., Il M., en «La Scuola Catt.», 1916, II, pp. 413-425; 527-538; Pirot, L., en DBs, II, col. 1269-1297; Bover, J., El «M.»: su estructura y su significación mariológica, en «Est. Ecl.», 19 (1945) pp. 31-43; Holzmeister, U., S. J., Tria cantica N. T. (Lc. 1, 46-55; 68-79; 2, 29-32), en «Verbum Domini», 26 (1948) pp. 356-364; Dehaut, Th., O. P., M., en «Vie spir.», 79 (1948) pp. 5-16; Gomá, Is., El M., en «Ap. sac.», a. 1949, pp. 241-255; Pazzaglia, L., Il M. nella poesia italiana, en «Marianum», 11 (1949) pp. 398-406; Luca da Carré, O. F. M. Cap., Il «M.» in S. Lorenzo da Brindisi, ibid., 13 (1951) pp. 176-180; Guérard des Lauriers, M. L., O. P., Magnificat anima mea Dominum, en «Vie spir.», 83 (1950) pp. 122-126.