FILIPINAS (Islas)
Las F. «son la única gran nación católica» del Extremo Oriente, y por consiguiente la linica nación «mariana»». Se ha afirmado que das F. son, de manera eminente, una nación mariana. Por todas partes se hallan expresiones tangibles de está gran adhesión de nuestro pueblo a la Madre de Dios» ('Almanac of the Most Holy Rosary», Manila 1948, p. 83). Las F. (así llamadas por el nombre del rey de España, Felipe II, descubiertas por Magallanes en 1521 y colonizadas desde 1565 por los españoles) se convirtieron a la fe cristiana gracias a la labor de los másioneros españoles agustinos, franciscanos, jesuitas y dominicos en el breve período de sólo 40 años. «Se puede afirmar —así se ha escrito— que el factor decisivo en la rápida propagación del cristianismo en las F. fue la devoción a María. Los filipinos, con su temperamento afectivo, fueron in medía tamente conquistados al amor de la Virgen Santísima, y esto abrid el camino a una aceptación general de las verdades de la fe católica» (Ibid.).
También Pío XII, en el radiomensaje del 5 de die. de 1954, con ocasion del Congreso Naciónal Mariano de F., hablando de la pacifica conquista de dichas islas a la fc, pone de relieve cómo había estado amuy en el centro de todo una devoción, un carifio a una madre amadfsima. sin el cual quedaría como vacia esa alma nacional filipina, que no había sabido nunca separar a la Madre del Hijo» (Cf. Ecclcsia, n.° 701, 18 de die. de 1954). Es digno de notarse en la historia de las I. F. lo que acaecid en Manila en 1646. Una flota holandesa con soldados protestantes, nada menos que quince batallones bien equipados, se aproximd a Manila para atacarla y quitar a los filipinos su libertad religiosa y politica. Los filipinos no tenían para defenderse más que dos galeones, a los que los holandescs, por sarcasmo, llamaron «dos polluelos». A pesar de esto, los filipinos se decidieron a batirse, confiados en la protección y ayuda de N.ª S.ª del Rosario. En el puente de cada galeón, de rodillas ante una imagen de Nuestra Señora, se rezaba el rosario en dos coros. Incluso durante el duro combate continuaron todos su confiada plegaria a María. Cinco fueron los encuentros con las formidables fuerzas enemigas.
En medio de está lucha los combatientcs hicieron el llamado «voto de la Naval». Después del quinto encucntro, que tuvo lugar en Corregidor el 3 de octubre, los filipinos pudieron cantar victoria. Llenos de jtibilo se fueron descalzos en procesión, para cumplir el voto, al altar de N.ª S.ª del Rosario, en la monumental iglesia de Santo Domingo (destruida en la Ulti ma guerra mundial, quedando empero ilesa la imagen de NA S.ª del Rosario). Es evidente que tal voto sólo obligaba por una sola vez, y únicamente a los valerosos combaticntes «de la Naval»; pero los fieles de Manila, agradecidos, quisicron renovar todos los años semcjantc procesión (la aprocesión del votos) en la segunda dominica de octubre. En está procesión se lleva en triunfo la imagen de «N.ª S.ª de la Naval», con la cabeza y las manos de inarfil, esculpida por un chino en 1588 (bautizado después delante de ella) a pedeión de don Luis Pdrez Dasmarifias, capitán general de Filipinas. Entre los muchos santuarios marianos de F, además del nacional de Antipolo (v.), son dignos de mención: 1) N.ª S.ª de la Guia, la más antigua imagen venerada en las I.
Bertetto, D., op. cit., p. 110), ya que «los fieles cristianos de aquellas Islas durante muchos siglos veneraron con particular culto y grandisima devoción a la B. Virgen bajo el título de Inmaculada, y también en el primer Concilio provincial de Manila, celebrado felizmente en 1907, María Inmaculada fue declarada Patrona principal y universal de lodo el pueblo filipino» (Ibid.). BIBL.: La Virgen María venerada en sin intdgenes filipinas, Manila 1904; Mac£, E., La devoción de la Sainte Vicrge aux Philippines, en «Mousjons de Scheutu. ociubre de 1954. n. 9. pp. 172-175; y en «EI slfilo de las Misioncs», mayo de 1955, n. 473, pp. 182-186; Riou, F., S. J., Le culte de la Sainte Vioge aux Phi lippines, en Du Mañoír, V, pp. 663-674.