Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

ESCANDINAVIA

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El periodo de la evangelización de la E. se extiende desde el s. ix hasta el xi, y fue obra de S. Anscario, de los prelados de la Alemania del Norte y de los monjes benedictinos. S. Anscario, el apóstol del Norte, procedía de la abadia benedictina de Corbie, donde le recluyd su padre, al morirle la madre siendo aiin nino. La escuela claustral le gustaba poco, y parece que se debe a la Virgen el haber consolidado su vocación. Es verosimil que el Santo quisiera poner toda su labor misionera bajo la protection de la Reina de los Apóstoles, pues consagrd a Ella la primera iglesia que mandó construir, la de Hedeby, en Schlesswig, en las fronteras de los pafses escandinavos. M£s tarde ponia bajo el patrocinio de la Virgen la iglesia.arzobispal de Brema. En el sello más antiguo que se conserva del arzobispado de Hamburgo se ve a su arzobispo (Anscario) vestido con los omamentos episcopates, arrodillado ante una imagen de la Virgen que sostiene al Niño Jesfis. Atestiguan la devoción de los escandi navos a la Virgen, en los primeros siglos, las llamadas piedras runicas (inscripciones grabadas en la piedra) y dos iglesias erigióas en su honor: eSancta María minom y aSancta María maior».

En la región de Upsala se cuentan 1.200 piedras rtinicas del siglo xi: en veintinueve de ellas se lee. entre otras cosas: «jLa Madre de Dios le asísta [al difunto en cuya memoria se erigió tal recuerdo] más de cuánto él merezca!» (v. Guitraucourt, Andrieu, Histoire de YEmpire Normand, Payot, Pan's 1952, p. él). Otro tanto se encuentra en otras regiones suecas y danesas. Hacia finales del s. xi Escania (hoy provincia meridional de Suecia) contaba con unos 300 santuarios, muchos de Ios cuales estaban consagrados a María. Del s. xu al XVi (hasta la Reforma) E. recibe la influencia mariana de las diversas drdenes religiosas (Agustinos, Premonstratenses, Cistercienses, Dominicos, Franciscaños, Carmelitas). Son númerosas las plantas y las flores que llevan atin el nombre de María. María es también objeto de la poesta. Así, por ejemplo, Einar Skulesson, en el poem a «El rayo del Sol», la invoca como afiilgida estrella del mar que se eleva luminosa y pldcida sobre las ondas oscuras y agitadasn (v. Paasche, F., Lilja, Ed. Ascheoug y C., Cristiania»1924, p. 21).

En la antifona al «Magnificat» del Beato Brynolf de Skara (1240-1317), se dice así en alabanza suya: «0 praesul eximie, nihil omisisti — quod ad laudem ccderet matris Jesu Christi...» (v. la revista «Credo», 1945, p. 211). Santa Brigida de Suecia (1303-1373), en su elevada espiritualidad mariana tan vivamente reflejada en sus escritos y en la Orden, por ella fundada, del Salvador, ejercid una influencia más que notable en el espiritu marianista de los paises del Norte. Es una serial elocuente de la parte que ha tenido la Virgen en la oración tanto priblica como privada de estos pafses, en la literatura y en el arte. Es digno de mencionarse el llamado a Rosario de Santa Brigidas, que cons(a de 63 «Avemarías» correspondientes a los 63 años que, segtfn las revelaciones de la Santa, habria pasado la Virgen sobre la lictTa. También en los paises ndrdicos, especialmente en Suecia, es empleado frecuen(cmente el nombre de María para design a r Inga res. Así, por ejemplo, una aldea se llama «Mariebo» (Nido de María), otra «(rozo de María» y una tercera «Paz de María». I vn el s. XVi, E. parecia un verdadero»jarilfn de María».

A pesar del paso de E. al protestantismo han sobrevivióo muchas huelias del culto mariano y sobre todo el alma instintivamente cristiana y mariana de aquellos pueblos. Sólo a lines del s. XVIIr, con Gustavo III, volvia de nuevo el catolicismo a poner los pies en aquellos paises. Entre los mismos protestantes de E ha habido quienes no han tenido diflcultad en exprcsar su nostalgia mariana. Así, por ejemplo, Eidem, arzobispo de Upsala, en su libro cHerreus Moder — Magnificat variationers (= La Madre del Señor — Variaciones sobre el Magnificat), publicado en 1929, escribia entre otras cosas: a Me parece evidente que si Jesi&s nos es querido por scr nuestro Señor y Salvador, debe sernos una cosa evidente el demostrar sentimientos fervorosos y prof undos para con la mujer a quien El llamd Madre, su propia Madre.

Honrarle a El y despreciar a su Madre, rodearlo a El de consideraciones y olvidar a su Madre, gloriflcarlo a El y rebajar a su Madre, son cosas que no se avienen, si es que reconocemos en El al verdadero Hijo de María, la Virgen de la ciudad de David, cosa que hacemos siempre que rccitamos el Credo de los apóstoles: «Creo en Jesucristo nacióo de la Virgen Marían (op. cit. t pp. 17-19, Upsala 1929). El 25 de marzo de 1935, el pastor Kroeck de Storkyrkan en Estocolmo, pronunciaba un discurso radiofdnico con el título: € Marías Evangeliurm» (Stockholm 1935), y entre otras cosas decía: cPor cualquier parte del mundo por donde se extienda el cristianismo, allí esti también María, Madre de Jesús. Le ha sido conflada una gran parte... Este pais (Suecia) tiene verdadera necesidad de María y de su mensaje de belleza, de pureza y de it humilde y confiada.B BIBL.: Tiiierri d»Aroenlieu. B.. O. P.. Marie Reine rfd Norcl. en Du Nlanoii, IV. 1956, pp. 383-468. con amplla bibliocraffa.

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