Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

CARISMAS

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C. o gracias gratuitas (gratiae gratis datae) son aquellas que directa e inmediatamente, más que para bien del que es favorccido, están ordenadas al bien de los demás. No santifican, pues, al menos directamente, al individuo en quien se hallan; son, sin embargo, de incalculable va lor para beneficiar a los otros y, si el interesado se sabe aprovechar, tambiin le ayudarin mucho a su santificación, como ocurre en los santos. S. Pablo (I Cor.) enumera nueve, provenientes todos ellos del Esplritu Santo. Y son: la palabra de sabiduria, la palabra de la ciencia, el don de la fe, el don de las curaciones, el don de los milagros, el don de la profecía, el disccrnimiento de los espiritus, el don de las lenguas y el don de la interpretación. iTuvo la Virgen todos estos carismas? Las gracias agratis datae» son concedidas por Dios especialmente a aquellos que deben ocuparse de la etema salvación del prdjimo y en proportion con la cooperation que deben prestar a esa noble empresa. Y como la Virgen había de ocuparse más que todos los santos de la salvación del prdjimo, se sigue que más que todos los demás santos, estuvo adornada de istos C., y, por consiguiente —como afirma Santo Tomás (Cf. Sum.

Theol III, q. 27, a. 5)—, Ella tuvo en hdbito todas las gracias agratis datae»; tuvo en acto todas aquellas que eran convenientes a su condición y a su misión. Mas serd convenient hablar de cada uno en particular. Por razón de mayor claridad los reduciremos a tres clases: 1) gracias de conocimiento; 2) gracias de palabra; 3) gracias de operación. I. Gracias o C. de conocimiento. Las gracias de conocimiento son aquellas que tienen relation con cualquier luz sobrenatural infundida en el alma. Son las más númerosas. ya que comprenden: 1) los dones de sabidurfa # y de ciencia; 2) el don de profecía; 3) el don de discernimiento de los espintus y también, en cierto sentido, 4) el don de la interpretación de los discursos. 1) Los dones de sabidurla y de ciencia se hallaron en María de manera excelentfsima. Los teOlpgos distinguen tres clases de ciencia: la adquirida, la infnsa y la bienaventurada. La Virgen poseyO estas tres clases de ciencia (v. Ciencia). 2) La Virgen, por otra parte, tuvo el don de profecía. De lo cual no puede haber duda. Fue profetisa en el sentido mas estricto de la palabra: fue la Reina de los prof etas —así la saluda la Iglesia—.

Baste recordar aquella expresión de su cOlebre cantico Magnificat: a Todax las generaciones me llamarán bienaventuradu.v 3) La Virgen tuvo también la gracia de la interpretación. Esta gracia, además de ser lidl para los demás, perfecciona el entendimien to de la persona que la posee. María, por tanto, tuvo también esta gracia: la tuvo para la propia santificación y para utilidad de la Iglesia. 4) María, en fin, tuvo el discernimiento de espintus tanto para conocer (por especial revelación, lo mismo que otros muchos santos) los secretos de los corazones y de las inteligencias, como para juzgar si un pensamiento o deseo dado proviene del espíritu bueno (Dios) o más bien del esplritn malo (el demonio). II. Las gracias de palabra son dos: el don de la fe y el don de lenguas. 1) Por don de la fe entienden algunos esa especial viveza de fe que es capaz incluso de trasladar las montañas. Santo To rres entiende por el don de fe aquel don particularism!o que uno tiene para persuadir a los otros a creer las verdades de fe. Tanto en el uno como en el otro sentido lo poseyO la Virgen de un modo excelentlsimo. 2) lT uvo también María el don de len guas?

Sin duda alguna, Dios se lo concediO en todas las circunstancias de la vida en que tuvo necesidad de 01, como, por ejemplo, en la venida de los Magos y en la huida a Egipto. En especial se lo concederfa el día de Pentecostes, tanto más cuanto que Ella se verfa con frecuencia, en ocasiones de ha blar con gentes de diversas lenguas. III. Gracias de operación. San Pablo enumera dos: la -gracia de las curaciones y el don de los milagros. Pueden reducirse a una: el don de los milagros, ya que el devolver la salud a un enfermo, por virtud sobrenatural, es un verdadero y autOntico milagro. La cuestión, por consiguiente, se puede redutir a estos términos: «,Hizo uso en vida María del don de milagros? Santo Tomás (Cf. Sum. Theol., III, q. 27, a. 1, ad 3) responde que no, porque no le conveni'a en manera alguna, mientras estaba en vida, el don de milagros; en efecto, el fin de los milagros entonces era la confirma tion de la doctrina de Cristo, y por tanto sfilo a Él y a sus discípulos, predicadores de la doctrina perteneefa hacer milagros.

Aunque se puede afirmar que la Virgen no obrd milagro alguno hasta la ascensión de Cristo, sin embargo, así como los milagros (los cuales directamente van siempre encaminados a la confirmation de la fe) no son necesariamente obrados por sólo los predicadores de la fe, sino que también los pueden obrar los simples fieles, no hay duda de que la Madre de misericordia, rogdndoselo acaso algiin fiel en momentos de angustia, intercediese por 61; y como a Ella nada se le niega, le alcanzase milagrosamente la gracia pedida.

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