Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

APARECIDA (Nuestra Señora)

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Es el santuario principal mariano del Brasil, y como el corazón de la piedad mariana brasileña. Está dedicado a la Inmaculada Concepción y tiene su emplazamiento en la pequeña y bella ciudad de la A., entre Río de Janeiro y São Paulo, en las márgenes del río Parahyba. En un día del año 1717, mientras unos pescadores (Domingo García, Felipe Pedroso, Juan Alves y otros tres compañeros) estaban echando las redes para la pesca en las aguas del Parahyba, vieron venir a flote un busto sin cabeza. Echaron de nuevo las redes y vieron flotar también la cabeza: se trataba de una imagen de la Inmaculada Concepción tallada en madera negra, de 37 cm. de alto. Alves la envolvió devotamente en un lienzo y, animado por tan feliz auspicio, echó la red más a la derecha y cogió una cantidad tan grande de peces que casi hacía hundir la barca. ¿Quién había colocado aquella imagen en el Parahyba? ¿Cuánto tiempo hacía que estaba allí? ¿Por qué apareció precisamente en aquel momento? Eran las preguntas que se hacían aquellos buenos pescadores, mientras se dirigían, cargados de peces, a sus casuchas. Nadie supo dar una respuesta satisfactoria a esas naturales preguntas.

Todos se pusieron, sin embargo, de acuerdo en llamarla «Nossa Senhora Aparecida». Felipe Pedroso se adjudicó la imagen y, después de haberla retocado lo mejor que pudo, la retuvo en su casa. Nueve años más tarde, al dirigirse a Itaguassú, se la dejó a su hijo Atanasio, el cual construyó un oratorio con un altar de madera. Muy pronto la imagen salió de su oscuridad a causa de los muchos prodigios obrados y escrupulosamente examinados por el párroco de Guaratinguetá, José Alves; los fieles hicieron construir una capilla más decorosa, y destruida ésta por un incendio casual, construyeron otra. En 1834 se comenzaba la construcción de una iglesia de tres naves, con dos torres a sus lados. El 8 de diciembre de 1888 el obispo de São Paulo bendijo el nuevo templo. En 1893 el mismo obispo lo declaró santuario diocesano y al mismo tiempo erigió una parroquia formada por las personas que se habían domiciliado cerca de Nuestra Señora y que, en breve, constituyeron el actual municipio, que cuenta con unas 3.000 almas. Los peregrinos afluyen de todas partes. El ferrocarril, construido en 1877, y la llegada de los PP.

Redentoristas contribuyeron al desarrollo de las peregrinaciones y a la frecuencia de los sacramentos. Los negros rivalizan con los blancos en sus homenajes a la Inmaculada. El 8 de septiembre de 1904, la sagrada imagen fue solemnemente coronada. El 29 de abril de 1908, San Pío X elevaba el santuario a la dignidad de basílica menor. En 1917, con motivo del II centenario del hallazgo de la imagen, Benedicto XV concedió a los peregrinos indulgencia plenaria en forma de jubileo. En 1929 se tuvo en el santuario un congreso nacional mariano. El 26 de julio de 1930, Pío XI declaró a Nuestra Señora Aparecida «Patrona principal de todo el Brasil». La proclamación tuvo lugar al año siguiente: la imagen fue llevada en aquella ocasión con espectacular pompa a la capital de la República y allí, en la inmensa «Esplanada do Castelo», en presencia de las autoridades civiles y de un gran gentío, se leyó la consagración del Brasil a su celestial Patrona. El 8 de septiembre de 1954, con motivo de la clausura del Congreso Mariano, se puso la primera piedra de la nueva y monumental basílica nacional, en forma de cruz griega, con una plaza capaz de contener a 276.000 personas (Cf. «Rev. Eccl.

Brasil.», 14 [1954] pp. 793-794).

Bibliografía

Gregorio, O., C. SS. R., Aparecida, símbolo della pietà brasiliana, en «Ecclesia», 13 (1954) pp. 450-460 Casimiro da Guimarães, O. F.
M. Cap., La Madonna dei Brasiliani, en «Maria Francescana», Milán 1956, pp. 227-228.

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