VIRTUDES (Conexión de las)
1. Noción
Cuando se habla de conexión de las v. se entiende que nos referimos a la propiedad de las v. por la cual una virtud tomada en serio, en sentido integral, lógico, perfecto, postula las otras. Toda virtud, cuando es perfecta, está necesariamente unida con todas las demás: porque atendida la unidad de la persona humana no es posible una plena adecuación al fin supremo de la vida de una determinada actividad del espíritu cuando del mismo fin se está habitualmente alejado en otros sectores del mismo espíritu. Por esto el aumento de una virtud está unido al crecimiento proporcional de las demás.
2. La conexión en las v. morales y en las teologales
Probemos cualquier virtud, p. ej., la justicia; ésta exige la prudencia en la selección y uso de los medios, la fortaleza y la templanza frente a los riesgos y las lisonjas. La virtud de la religión que no tenga en cuenta las cuatro v. cardinales es un contrasentido. En cambio, se puede encontrar la liberalidad sin castidad, la humildad sin magnanimidad, ya que éstas no son v. perfectas, en cuanto que no hacen al hombre perfecto.
Después de lo que hemos dicho no hay duda de que son conexas entre sí las v. morales perfectas, las cuales nos inclinan a realizar obras buenas constantemente y en medio de cualquier dificultad. En particular están unidas entre sí las v. cardinales aunque sean adquiridas.
Las v. teologales en cuanto a su esencia no son conexas, pudiendo existir la fe y la esperanza sin la caridad, como ocurre en el pecador que no reniega la fe y la esperanza. Pero son conexas como v. De hecho la fe y la esperanza no pueden decirse perfectas ni valen para la vida eterna, si no son informadas por la caridad; ni la caridad puede concebirse sin fe y sin esperanza.
Las v. morales infusas son, análogamente a las adquiridas, conexas entre sí por la prudencia, que es necesaria a todas; y son además conexas una a una con la caridad tanto porque ninguna pudiera subsistir sin la caridad, como porque la caridad no pudiera subsistir sin las v. morales infusas, si es verdad que la gracia tiende a las operaciones y éstas postulan como principio próximo las v. o hábitos operativos sobrenaturales.
3. Naturaleza de esta conexión
A propósito de la conexión de las v. se nos puede presentar si se trata de un nexo intrínseco procedente de su misma naturaleza.
Algunos teólogos lo niegan, en cuanto que hacen depender la conexión exclusivamente de la voluntad legisladora de Dios, pero la mayor parte de los teólogos responde afirmativamente a la cuestión, aunque dando las explicaciones más diversas. Para algunos la conexión es necesariamente requerida por la naturaleza de las v. de modo que ni la omnipotencia de Dios pudiera hacer crecer ni desaparecer una v. sin las otras; lo cual parece algo exagerado. Para otros, en cambio, y más razonablemente, la caridad y las virtudes infusas están conexas entre sí por su misma naturaleza, mientras que la conexión con la gracia, la fe y la esperanza existe sólo por privilegio de Dios o también (y la divergencia no es sustancial) todas las v. infusas se habían de decir conexas de suyo; sólo que la fe y la esperanza pueden por voluntad de Dios permanecer sin las v. infusas.
5. V. morales y gracia, y su conexión
El hombre elevado por la gracia, debe tener facultades que le permitan actos connaturales a su nuevo estado: las v. sobrenaturales. Pero mientras que para algunos las v. morales se derivan de la gracia, para otros son una simple exigencia de la gracia, siendo injertadas en nuestras facultades naturales por el mismo Dios.
Pero como la gracia y la caridad son inseparables, estando las v. conexas con la gracia, lo han de ser también con la caridad. Finalmente, debiendo las v. morales ser dirigidas por la prudencia y no pudiendo la prudencia existir sin la caridad, que la dispone a su último fin, indirectamente las v. morales están también conexas con la caridad.
En cuanto a la conexión entre la gracia y la caridad por una parte y la fe y la esperanza por la otra, se ha de decir que son infusas juntamente en el instante de la justificación; el crecimiento sucede al mismo paso y sólo accidentalmente puede haber una superioridad de la fe y de la esperanza en el pecador justificado; perdida la gracia y la caridad, pueden quedar, como hemos dicho, aunque informes, la fe y la esperanza.
Pal.
Bibliografía
Cfr. la bibliografía de la voz anterior;
todos los tratados teológicos , como los de Waffelaert (, Brigiae, 1889), Billot (, Roma, 1921), y además: F. M. Uiz, , Oldenburg, 1937;
O. Bighetti, , Roma, 1947;
O. Lottin, , en , 15 (1948), 107-151.