Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

VERACIDAD

Recursos

1. Naturaleza

La v. entendida en sentido amplio es la correspondencia del porte exterior con las condiciones internas; en sentido estricto es la consonancia de las palabras o de los signos equivalentes con la persuasión íntima del que habla.

2. Moralidad

La v. es obligatoria: el habla nos ha sido dada, en efecto, por Dios no para engañarnos mutuamente, sino para llevar al conocimiento de los demás nuestro pensamiento propio. San Pablo exhorta a los fieles a decirse mutuamente la verdad, porque son miembros los unos de los otros (Efes., 4, 25). Pero el deber de no decir más que la verdad no impone precisamente el que se propale sin discernimiento y a cualquiera todo lo que uno lleva en la mente; no decir una cosa no es negarla y se dan casos en que es oportuno e incluso obligatorio callar una cosa que se tiene en la mente. El mismo Señor nos dice que es preciso ser prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas (Mat., 10, 16). La caridad para con todos nos dará el tacto exquisito para descubrir lo que es oportuno decir y lo que es oportuno callar, conservándonos siempre inmunes de falacias y engaños.

3. Pecados contrarios

Se peca por exceso contra la v. publicando lo que no se puede propalar, p. ej., un secreto profesional, sin motivos graves que justifiquen su manifestación; esta propalación puede ser una injusticia gravísima. Por defecto se falta a la v., expresando con palabras o signos equivalentes una cosa en oposición con la persuasión interna: ésta es la mentira.

Afín a la mentira es la simulación (v.), o sea, el exhibir ante los demás un comportamiento que denote disposiciones o intenciones diversas de las que se guardan en el alma; este comportamiento va dirigido por su naturaleza a engañar al prójimo y en la mayor parte de los casos se emplea como medio para alcanzar un fin determinado; así fue simulación el beso de Judas en el Huerto de los Olivos. La hipocresía (v.) es una especie de simulación. El grado de culpabilidad de la simulación depende sobre todo del fin pretendido y de los daños que puede ocasionar al prójimo.

Cosa muy diversa es la disimulación (v.), o sea, una actitud que puede inducir al error, pero que no engaña necesariamente, y a la cual se recurre para ocultar alguna cosa. La disimulación es lícita, si se hace por motivo justo.

Man.

Bibliografía

R. Garrigou-Lagrange, , Buenos Aires, 1944, p. 413;
A. Sertillanges, , París, 1922, p. 298-299.

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