Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

TRISTEZA

Recursos

1. Naturaleza

2. Consideraciones, moralidad

3. Aplicaciones prácticas

1. Naturaleza La t. en sentido estricto es el estado de opresión causado en la voluntad por una cosa presente y aborrecida (t. espiritual). Con esta disposición de la voluntad va unida casi siempre en el apetito sensitivo un sentimiento de aflicción que en sentido más amplio puede decirse también t. (t. sensible). Estos sentimientos pueden surgir, sin embargo, independientemente de un acto libre de la voluntad y existir sin correspondiente t. espiritual. Causa de t. puede ser una cosa externa, en particular un acto no bueno cometido por otros, o cualquier sufrimiento o desgracia que haya afectado a personas amadas; puede ser también una cosa interna, en especial un acto pecaminoso cometido por nosotros mismos o la privación de lo que es agradable a nuestra voluntad. La t. no requiere necesariamente la presencia real del mal detestado; basta su presencia imaginaria: así puede ser objeto de t. una cosa que fue real en el pasado y de la cual se conserva recuerdo, o una cosa que se prevé realizable en el futuro, como también lo que ni fue ni será nunca real. La t., por su naturaleza, grava el alma e impide el ardor en el obrar; más aún, a veces, impide totalmente la actividad. 2.

Consideraciones, moralidad Hay tristezas de suyo lícitas: aquellas que tienen por objeto una cosa a la que se puede odiar; más aún, hay tristezas muy saludables, como la de los pecados cometidos por nosotros mismos y por otros. Hay también tristezas ilícitas a causa de su objeto: son aquellas que tienen por objeto una cosa que no se puede odiar, p. ej., el bien del prójimo, o el deber realizado. Una acción buena pero no obligatoria, hecha en el pasado, puede ser objeto de t., siempre que la t. tenga un motivo honesto y no exponga a ningún peligro de faltar a algún deber. No siendo la t. sino el natural complemento de otros actos, la culpabilidad no se encuentra nunca primaria ni exclusivamente en la t. tanto espiritual como sensible; no puede ser pecaminosa sino por participación, en cuanto depende de un acto libre y desordenado de la voluntad, acto con el cual forma un todo bajo el aspecto moral. Este acto puede ser un acto de aversión a aquello que causa la t.; puede ser también simplemente la negativa implícita o explícita a alejar un movimiento desordenado de t., que ha precedido al libre ejercicio de la voluntad.

En el primer caso el grado de culpabilidad depende de la naturaleza del objeto; en el segundo caso la culpa es de suyo venial: sería mortal, sin embargo, si la t. no alejada constituyese un peligro grave de pecar mortalmente. La t. de suyo desordenada, que precede al libre ejercicio de la voluntad, no puede ser formalmente pecaminosa: apenas nos damos cuenta de la presencia de esta t. tenemos la obligación de hacer lo posible por alejarla. La t.

aunque su objeto no sea desordenado debe ser moderada, o sea, tal que no ofusque la mente ni impida nuestra actividad. No refrenar una t. excesiva, aunque por otra parte no reprensible, es de suyo culpa venial; sería, sin embargo, pecado grave si el exceso de t. fuese tal que causara grave escándalo o pusiera en la imposibilidad de cumplir un deber importante.

3. Aplicaciones prácticas El regular bien los movimientos de t. es de gran importancia para todos, pero de un modo particular para aquellos que por su carácter son inclinados a la melancolía. Para conseguirlo es necesario considerar todas las cosas a la luz de la fe y de la eternidad y tener gran confianza en el Señor. Debemos industriarnos también por aliviar el ánimo de los demás y sembrar un poco de serena alegría en torno de nosotros. Man.

Bibliografía

E. Janvier, Esposizione della morale cattolica , vol. III, Torino, 1911, p. 250-267
A. Sertillanges, La philosophie morale de St. Thomas d’Aquin , París, 1922, p. 103-121
A. Meynard, Trattato della vita interiore , I, Torino, 1936, n. 76-78.