Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

Recursos

1. Naturaleza. - La expresión p. contra el Espíritu Santo se deriva de textos de la Sda. Escritura (Mat, 12, 31; Marc, 3, 29; Luc, 12, 10). Y en la Escritura con la expresión «hablar o blasfemar contra el Espíritu Santo» se indica la oposición sistemática a cualquier influjo de la gracia por parte de los fariseos, los cuales por malicia atribuían al diablo las obras milagrosas que hacia Cristo para confirmar su divina misión y salvar a los hombres. Los Padres y los Escolásticos extendieron el término, p. contra el Espíritu Santo, a todos los pecados que consisten en el desprecio y en la repulsión, por mala voluntad, de los medios concedidos por la divina bondad al hombre, a fin de sacarlo del pecado y proporcionarle la salvación: esta repulsa, en efecto, es una ofensa muy particular contra el Espíritu Santo, al cual se atribuyen las obras divinas de la santificación. El p. contra el Espíritu Santo supone siempre la ausencia de cualquier circunstancia que atenúe la gravedad de la culpa.

2. N p c i ó n, - Desde el tiempo de Pedro Lombardo se enumeran seis pecados contra el Espíritu Santo: la desesperación de la salvación propia; la presunción de conseguir la salvación eterna sin méritos ni penitencia; la impugnación, o sea la negación de la verdad cristiana, conocida como revelada por Dios; la envidia del bien sobrenatural del prójimo; la obstinación en el mal, o sea la voluntad de persistir en el pecado; el propósito de no arrepentirse, o sea de resistir ’ fiasta la muerte a los impulsos de la gracia.

Cada uno de estos pecados implica, en efec- ' to, la repulsa de un medio de salvación: el que desespera rehúsa apoyarse en la divina 'misericordia que es /causa de salud; el presuntuoso no‘ hace caso ninguno de la justicia divina, cuya \consideración lleva al temor y a la* huida del pecado; el que combate la verd*d"*Epnocidjr‘como· manifestada por Dios rehúsa el don la revelación; el envidioso de los bienes ¿alVíficos del prójimo se opone 'a la obra de la gracia en las almas; el obstinado no quiere considerar lo que le podría llevar a detestar su culpa; el impenitente, finalmente, no hace caso del desorden y de la torpeza del pecado que debiera inducirle al arrepentimiento. Hay otros pecados que podrían llamarse contra el Espíritu Santo, p. ej, contra la Sma. Trinidad o contra la persona del Espíritu Santo, y los pecados mortales cometidos por pura malicia.

3. I r r e m i s i b i l i d a d. - El Señor ha dicho que al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni el futuro (Mat, 12, 32). Al pronunciar estas palabras no aludía el Señor a todos los pecados designados hoy con el nombre de péfcados contra el Espíritu Santo, sino sólo al pecado cometido por los fariseos, y estas palabras las dijo el Señor no porque Dios no podía o no quería perdonar la blasfemia de los fariseos contra el Espíritu Santo, sino porque preveía su resistencia pertinaz a la verdad y a la gracia hasta la muerte. Él que comete un pecado contra el Espíritu Santo pone en grandísimo peligro la salvación, de. su alma, porque combate contra la misma bondad de Dios, de la cual son un don la conversión y la penitencia; sin embargo, todavía sigue siendo cierta para él la palabra de Dios que ha dicho que no quiere la muerte del pecador, sino su conversión: puede volver a Dios con la ayuda de la gracia que a todos se les da en medida suficiente. Man.

Bibliografía

Bibliografía

E. Deman Péché, en DTC, XII, 199
M. Lagrange, Évangile selon
S. Matthieu, París, 1923, p. 244-245
R. Galtier, De paenitentia tractatus dogmatico-historicus, París, 1931, n. 198-199.

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