Diccionario de Teología Moral

Nicola Turchi (Tur.) · Pietro Palazzini (Pal.)

PARSISMO

Recursos

1. Noción. - Es la religión de un restringido número de persas* secua ces de Zaratustra o Zoroastro, los cuales queriendo abandonar su religión huyeron ante la invasión árabe que ocupó Persia (650) y se dirigieron a la India fijándose en Bombay, donde viven todavía en número de 100.000, manteniéndose siempre fieles a sus tradicio nes religiosas, modificadas solo parcialmente al contacto de los ingleses o de los hindúes. Los pocos núcleos que han quedado en Anatolia toman el nombre de Ghebros.

2. Z a r a t u s t r a. - La antigua religión de los persas, basada en la deificación del cielo y de los grandes fenómenos de la naturaleza, fue profundamente reformada en sentido mo noteísta por Zaratustra. nacido según se cree en la Media (s. VII-VI a. C.), quien al antiguo naturalismo sustituyó la adoración de un Dios o único llamado por él Ahura Mazda (Ormazd), «El Señor sabio», creador y conservador de las cosas que él ha suscitado de la nada en virtud de su poderosa palabra. Su trono se encuentra rodeado de seis san tos inmortales (Amesha Spenta), vindicadores, como el, de la justicia, amantes de la verdad y de la pureza, luminosos, armoniosamente idénticos en el pensamiento, en la palabra y en la acción. Éstos son: 1) Asha, la justi cia perfecta; 2) Vohu-Mano, el buen pensa miento; 3) Khshathra, el gobierno de Dios sobre los hombres; 4) Armaiti, la humildad;

5) Haurvatat, la salud; 6) Ameretat, la in mortalidad. La doctrina de Zaratustra se contiene en el Avesta, que en su origen eran 21 libros, reducidos hoy a cinco secciones. El zoroastrismo se convirtió en religión nacional de la Persia el 226 p. C, cuando los sasanidas con Ardashir I se hicieron dueños del poder que conservaron hasta la invasión musulma na del 636.

3. Moral. - Aquellas abstracciones son en el fondo la expresión de la providencia de Dios en el gobierno del mundo, a la cual el individuo debe corresponder con una sincera adhesión interior sintetizada en el triple pre cepto: bien pensar, bien hablar, bien obrar. Y en realidad el que sea fiel al buen derecho (Asha) según las normás de la verdad y de la justicia; el que sea obsequioso al buen pensamiento (Vohu-Mano) sugerido por aquél; el que observe la ley que emana de la auto ridad social (Khshathra) con dócil obsequio (Armaiti), tendrá como premio la integridad de la vida (Haurvatat) y como recompensa final la inmortalidad bienaventurada (Ame retat). Bajo esta corte suprema hay inmediata mente otra de entidad inferior llamada de los Yazata (venerables), al frente de los cuales está Sraosha, la obediencia, gula de las al más en el viaje ultraterreno. Dios y sacerdote, celebrador del primer sacrificio, protec tor de los hombres contra los malos espíri tus, vencedor de Aeshma Daeva (Asmodeo); y después Mithra, el fiel, el custodio del* ju ramento, identificado naturalistamente con el sol; Bayu, dios del viento; Anahita, diosa de la fecundidad;

los Frabrashi, protectores de los hombres, en su origen espíritus de los antepasados. La concepción inicial de Zaratustra, neta mente monoteísta — con ardiente visión escatológica y exclusión del ritual politeísta, esto es, de los sacrificios cruentos, a los cua les sustituyeron las oraciones y buenas obras—, fue en época posterior a Zaratustra sustituida por una concepción Dualista, que pone en el origen los dos principios opuestos del Bien y del Mal, llamados respectivamente Ahura Mazda y Angra Manyu, cada uno ca pitaneando sus propias milicias empeñadas en la gran lucha entre el bien y el mal.

Toda la vida está concebida por el mazdeo como una batalla del bien contra el mal. Angra Manyu (Ahriman), el espíritu ator mentador que quiere destruir la creación buena de Ahura. Para conseguir su triste intento se sirve de todos los medios contra rios a las cosas buenas creadas por su anta gonista, que son la esterilidad, las tinieblas, los flagelos de la naturaleza, las enfermeda des, la muerte, y tiene toda una turba de espí ritus mayores y menores asistiéndole en su obra de destrucción; estos se llaman Daevi, mcntidores por excelencia, que habitan especialmente en el Norte, en los lugares fríos y estériles, pero se difunden por todas par tes, manifestándose de mil formás y afligiendo a los hombres, especialmente a los fieles de Zaratustra.

Todo el mal del mundo es obra de ellos y este mal no tendrá tregua si no en la victoria final del bien que tendrá lugar al fin de las cosas.

Entretanto, para escapar a sus insidias, no hay nada mejor que las practicas de culto, que purifican, exorcizan y hacen al hombre inmune a los golpes de los espíritus del mal. Desde el punto de vista social Zaratustra protegió las clases humildes contra la poten cia de los señores y el sacerdocio de los magos; exaltó la vida activa, el trabajo agrí cola productor de bienestar moral y mate rial (el que siembra grano siembra santidad); dio de esta manera a la vida humana un fin y la doto de armás no solo contra los ene migos externos, sino también contra la re signación perezosa a la propia condición que ha sido hasta hoy la característica de las gen tes habitadoras del Irán, en cambio, no insiste en el proceso de Introspección, tan querido al pensamiento indio.

Aun hoy en el templo del fuego, mientras se alimenta con madera de sándalo el fuego venerado por los parsi, como la más noble manifestación de Ahura Mazda, el sacerdote pronuncia junto con las palabras de la ben dición cinco veces al día las tres palabras que resumen el código mazdeo: hnmata, bue nos pensamientos: hukhV:. buenas palabras; hvarattta, buenas acciones; sin embargo, es prueba de la buena visión moral del zoroastrismo la creencia en el juicio individual que espera al alma después de la muerte y sobre todo en el general que seguirá al fin de las cosas, cuando el dominio del mal haya sido abatido para siempre después de una gran batalla en que los demonios serán ven cidos y Ahura Mazda aniquilará a Angra Manyu. Tur.

4. D a t o s c r í t i c o s. - El dualismo radical coloca al p.

en el número de las religiones politeístas, aunque el colosal duelo entre Dios y el príncipe del mal tenga fin, al término del mundo, con la victoria del primero. El culto del fuego, aunque sea solo vene ración y no adoración, parece también un recuerdo de las primitivas formás fetichis tas del p. La posición de la mujer en el p, aun cuando más elevada que en el mundo musulmán e hinduista, es sin embargo todavía de neta inferioridad. El cuidado de los difuntos, sagrado de al gún modo en todas las religiones, se mani fiesta aquí en formás que tienen mucho de repugnante a la mentalidad común. El cadá ver es expuesto en edificios circulares a pro pósito, llamados forres del silencio, donde termina siendo pasto de los buitres. En él, finalmente, se encuentra muy poco de lo que es la parte negativa (mortifica ción, sobre todo interior) y positiva (ejerci cio de la caridad) más noble en la moral cristiana. Pal.

Bibliografía

Bibliografía

V. Henry, Le parsisme, París, 1905 I. H. M o u lt o n, Early Zaroastriamism, Londres, 1913
A. Pet~ t a z z o n i, La religione di Zarathustra, Bologna, 1920 A. M e i l l e t, Trois confér enees sur les Gathas de l'Avesta, París, 1926
O. Mbssina, Uraprung der Magier und die zarathvstrische Religión, Roma» 1930; ld.r / magi a Betlem m e é una predizione di Zaroastro, Roma, 1933 H. N t b e r g, D ie Religionen des alten Irán, Ltpsla, 1938 J. D u c k e s n e -g u e ll e m i n, Zaroastre, París, 1948.