Diccionario de Teología Moral

Cornelio Damen, C.Ss.R. (Dam.)

ORNATO FEMENINO

Recursos

1. M o r a l en gene r a l. - En todo ser humano, pero especialmente en el sexo femenino, es muy natural la ten dencia a adornar el propio cuerpo y dentro de ciertos límites se pufede aprobar está tenden cia en cuanto que la naturaleza a diferencia de lo que sucede con los animales ha dejado a. la iniciativa del entendimiento humano un r perfeccionamiento ulterior de la belleza ex terior. Es verdad que en toda la historia de la religión han sido infinitas las advertencias y reprensiones contra las diversas especies de,.0. femenino; en la# Sda. Escritura (p. ej, is, 3; I Tim, 2, 9-10; I Ped, 3, 3); en los es critos de los Padres (p. ej.f Clemente Alejan drino, Paedagogus) Tertuliano, De cultu foeminarum, De virginibus velandis; S. Ci priano, De habitu. \virginum, y otras innume rables cartasinserniones) y está tendencia dfe los Padres ha continuado en los predicadores y pastores de almás de todos los siglos. Sin embargo, la razón de está actitud negativa se ha de encontrar no en un desprecio premedi tado de la belleza humana o de cualquier ra zonable ornato, sino en los excesos a los que tan expuestos están los ornamentos femeni nos. Nadie ha puesto más en evidencia la dig nidad del cuerpo humano como la religión cristiana, que lo llega a proclamar Templo del Espíritu Santo, que lleva al mismo Dios en sus miembros (I Cor, 6, 19-20).

Pero pre cisamente está dignidad justifica y permite un ornato solamente en cuanto que da relieve a la belleza del cuerpo como sede de un alma espiritual. El exceso en los o. femeninos es pecado, por lo tanto, si excede los límites sea por la intención ilícita (seducción, vanidad, etcétera, sea por el efecto desordenado (escán dalo, pérdida de tiempo o despilfarro de di nero, etc.). La intención de seducir hace el acto gravemente pecaminoso; la vanidad es ordinariamente pecado ligero; el efecto puede ser de gravedad diversa. La norma para determinar cuándo en concreto un adorno es excesivo difiere según sean los tiempos y lugares y depende también de la condición personal del sujeto.

2. L a f i c c i ó n. - Han sido siempre objeto de especial atención aquellos o. femeninos que sirven para dar un aspecto externo diverso del que la naturaleza ha dado en concreto y que, por lo tanto, contienen una falsedad, una mentira. Según la doctrina común es pecado usar aquellos o. femeninos destinados a enga ñar positivamente acerca de la belleza real del sujeto. En cambio, no es pecado servirse mo deradamente de ornamentos que generalmente se usan en una región determinada, de manera que de hecho no engañan ya, como tampoco emplear medios decorativos no con el fin de pretender bellezas no existentes, sino para ocultar defectos corporales procedentes de desgracias, enfermedades u otras causas (v. también Equivocación, Vestido). Dam.

Bibliografía

Bibliografía

S u m. Theol, I I - I I. q. 169;

8. A lfo nso, Theol. m o r. 1. 2, n. 54-55;
1. 3, n. 425;

D a n i e l C o n -, ciñ a, Theologia christiana, II, dissert. 9, c. 9.

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