OBEDIENCIA
1. Naturaleza. - La o. consiste en ejecutar una cosa ordenada de un modo expreso o tácito por un superior. El que condesciende con el deseo de un superior, no obedece en el sentido estricto de la palabra; sin embargo, pone un acto animado por el espíritu de la o. 2. Distinciones. - Se pueden distinguir dos especies de o.: la o. puramente material que consiste en ejecutar una cosa ordenada, sin la intención precisa de conformarse a la voluntad del superior, y la o. formal, que consiste en la ejecución de una cosa ordenada, con la intención precisa de someterse a la voluntad del superior, o sea, porque ha sido mandada. 3. Moralidad. - Tenemos obligación de obedecer a Dios y también a aquellos a los que Dios ha delegado una parte de su autoridad. El motivo de nuestra o. debe ser honesto (v. Intención recta); sin embargo, no es necesaria la o. formal, que es, no obstante, muy laudable. Siendo limitada la autoridad de los superiores humanos, también tiene sus límites el deber de obedecerlos. Es evidente que no es nunca lícito obedecer a un superior, que manda una cosa contraria a las leyes divinas o eclesiásticas; entonces se deben repetir las palabras de S. Pedro: conviene obedecer a Dios antes que a los hombres (Act., 5, 29).
Tampoco está uno obligado, al menos de suyo, a obedecer cuando un superior ordena una cosa no en oposición con una ley superior, sino fuera de la esfera de sus atribuciones; en tal caso la o. seguiría siendo laudable y sería incluso obligatoria si fuese necesaria para evitar el escándalo o un mal para la colectividad. Es preciso notar, sin embargo, que siendo fácil engañarse, en caso de duda insoluble se debe presumir que la orden entra dentro de la esfera de autoridad del superior y por lo tanto obedecer.
En la práctica misma de la recta o. hay diversos grados de perfección: el primero consiste en cumplir la orden recibida, observando fielmente todos los detalles de tiempo y de modo, indicados por el superior; el segundo, en obedecer con prontitud, esto es sin contradecir internamente la voluntad del superior; el tercero está en obedecer, conformando el propio Juicio con el juicio del superior: conformidad que no consiste en juzgar oportuno o prudente una cosa que no lo sería, sino en abstenerse de examinar la mayor o menor oportunidad y los motivos de haber ordenado una cosa no ilícita persuadiéndose que no hay nada más provechoso para nosotros y más agradable a Dios que nuestra o.
4. Pecados contrarios. - Se peca contra la o. por exceso, obedeciendo en cosas contrarias a una ley o a un precepto superior: en este caso se tiene el servilismo. La culpa es mortal cuando se quebranta una ley o precepto en materia grave y también cuando se pretende un fin en grave contradicción con la ley moral.
Por defecto se peca contra la o., no ejecutando una orden que entra dentro del ámbito de la competencia del superior, o sea, una orden legítima: en este caso tenemos la desobediencia. Hay dos especies de desobediencia: la desobediencia material, que consiste en la transgresión de un precepto legítimo, sin la intención precisa de no conformarse a la voluntad del superior, y la desobediencia formal, que consiste en no cumplir una cosa legítimamente mandada, en cuanto mandada, o sea, porque no se quiere someter uno a la voluntad del superior: o porque no se quiere uno someter al superior que ordena (esto es, por desprecio del superior en cuanto tal) o porque no se quiere uno someter a la voluntad del superior en un caso determinado solamente (esto es, por desprecio de un precepto determinado). Todo pecado es una desobediencia, al menos material. La desobediencia formal es un pecado de naturaleza especial. La desobediencia material es pecado grave, cuando pone un notable obstáculo a un fin importante al cual tiende el mandato. Es evidente que sería también culpa grave ejecutar un precepto aunque sea legítimo teniendo por fin un objeto o acción en grave contradicción con la ley moral. La desobediencia formal, si es desprecio de la autoridad, es frecuentemente pecado grave; si es solamente desprecio de un precepto determinado, la culpa más fácilmente deja de ser mortal.
5. Ventajas. - La o.
a un superior humano en cosas lícitas, no por bajas consideraciones de interés, sino por un motivo honesto, no solamente no nos envilece, sino que nos ennoblece, porque es una sumisión a Dios mismo, del cual viene todo poder. La o. además da la certeza de no equivocarse: un superior puede errar dando una orden, el súbdito no yerra jamás sometiéndose en cosas no ilícitas. La o., finalmente, refuerza la voluntad y es el más hermoso holocausto que podemos ofrecer a Dios: de ella se dice en la Escritura que vale más que las víctimas (I Rey., 15, 22). Man.
Bibliografía
Bibliografía
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