NARCÓTICOS
1. Naturaleza. - Son medicamentos, aunque no en todo el rigor de la palabra, ya que su efecto no es la curación', sino solamente la insensibilidad para los dolores que sin embargo subsisten junto con la enfermedad o indisposición que los causa. Los n. no consiguen ni siquiera parcialmente la desaparición del mal; no influyen sobre la.enfermedad; más aún, causan una nueva anomalía, obrando sobre el sistema nervioso del paciente. El narcótico hace que los nervios no trabajen normalmente y que por lo tanto el paciente no sienta el dolor. Algunos n. quitan con la conciencia la sensibilidad total (el éter y el cloroform o); el paciente entra en un sueño profundo, durante el cual no percibe ningún dolor. Otros n. no producen una anestesia general, sino que atenúan mucho la sensibilidad de los nervios (el opio, la cocaína, la morfina). 2. Moralidad. - Provocar la anestesia general con el cloroformo o con el éter es 11“ cito solamente cuando esto lo requiere o es muy útil para realizar una operación quirúrgica importante. La anestesia hace posible al cirujano la ejecución de la operación con tranquilidad y al mismo tiempo ahorra al paciente atroces dolores. Pero * no falta el* lado desventajoso, p. ej., el peligro de que el paciente no se recobre o que contraiga graves enfermedades.
El médico, por lo tanto, está obligado a rehusar estos medios, cuando no existen razones proporciónadas, y debe tener en cuenta las disposiciones de todo paciente, reduciendo al mínimo posible el peligro de graves complicaciones. El uso de otros n. tiende principalmente a disminuir los dolores. Pero éstos causan también cierto placer sensual. En cuanto atenúan los dolores se usa sobre todo la morfina, en la terapia. El uso ha ido creciendo notablemente después de la invención de la inyección subcutánea, porque la morfina administrada a través del estómago ofrecía Inconvenientes bastante graves. El efecto de una dosis de narcótico (de morfina) se limita a cierta duración de tiempo. Por medio de los órganos secretivos el cuerpo elimina la sustancia introducida y el hombre recobra su plena sensibilidad. Por lo tanto, para que los efectos deseados continúen se requiere una frecuente administración del narcótico. Un inconveniente notable es la facultad que tiene el cuerpo de habituarse al narcótico, de manera que para obtener el mismo efecto se va necesitando cada vez una cantidad mayor.
El uso del narcótico, sea para aliviar los dolores, sea para gozar de un estado de placer, conduce inevitablemente al uso frecuente de la inyección y al aumento de la dosis. El uso del narcótico en pequeña cantidad es por esta causa muy raro. Cuando se toma para aliviar un dolor pasajero, causado por un mal agudo, el narcótico no produce daño a la salud y por esto no está prohibido por la moral. El uso de dosis abundantes tiene graves consecuencias y puede llegar a causar la m uerte;
por lo tanto, no es lícito nunca administrar una dosis mortal y que produzca un serio peligro de muerte. Pecan por lo mismo tanto el médico prescribiendo esta dosis, como el enfermero o enfermera ejecutando' su orden. En efecto, la obediencia no excusa, ya que no es licito de ningún modo obedecer las órdenes que son abiertamente contrarias a los mandamientos de Dios. e Administrar el narcótico en dosis no mortales, pero con frecuencia, causa daños considerables a la salud: en los casos más graves puede conducir a la ruina total de la salud, sea física o psíquica. El peligro del narcótico tiene un doble aspecto: el daño físico producido por el uso y el grave peligro de causar la morfinomanía (vr)¿> El uso regular puede producir la pasión del narcótico, que llega a hacerse tortísima y a la cual se resiste con mucha dificultad. Por consiguiente, la moral prohíbe el uso habitual de los n.. sin la dirección de un médico de conciencia y prudente. La moral impone a los médicos y a los que tienen cuidado de los enfermos el deber de no prescribir ni administrar n. como la morfina, si no es con gran cautela y no sólo por contentar al paciente o para no ser molestados.
Se debe abstener generalmente del uso de estas inyecciones, cuando la enfermedad ha de tener una larga duración. Se ha de reprobar severamente la práctica de enseñar al paciente el arte de darse las inyecciones, o la de dejar el narcótico o los instrumentos en su poder. De esta manera se crean muchos morfinómanos. El morfinismo, o sea el uso habitual de la morfina, es un mal muy difundido.
Si el individuo no consigue dominar su pasión, muy pronto tendrá arruinada su salud. Enseña la experiencia que la curación es muy difícil. Cuando la pasión se ha hecho dominante, el único remedio es que el morfinófilo se ponga bajo un control severo y absoluto, de manera que quede excluida toda posibilidad de procurarse inyecciones. Ben.
Bibliografía
Bibliografía
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C a í e l l m a n n y B e r g h a n n, Pastoral Medizin, Paderborn, 1923
A. M. C o o l i o t t i, Trattato di anestesia, Torino, 1946.