Diccionario de Teología Moral

Pietro Palazzini (Pal.)

MUJER

Recursos

1. Valor y respeto del sexo. - La diferencia de sexo, aunque es muy profunda, no influye de ningún modo en el valor de la persona: la identidad absoluta de naturaleza y destino se opone a cualquier valoración que quisiera asignar a la mujer un puesto esencialmente inferior al del hombre. Dios la creo semejante a éste como ayuda y compañera, no como esclava. Sólo cuando se perdieron de vista los valores fundamentales del espíritu, se pudo llegar a una valoración diferente y humillante: la misma concesión de la poligamia y la tolerancia del repudio no podían menos de perjudicar el prestigio de la m. en e! mundo judaico. Pero el »Cristianismo, recordando los principios olvidados y volviendo la familia a su pureza primitiva estructural, devolvió a la m. su dignidad nativaf hecha aun más preciosa por la aportación de la revelación y de la Redención: en la inserción y unión mística de todos en Cristo desaparecía naturalmente toda diferencia fundamental y la m. adquiría con el derecho a ser llamada hermana la capacidad de convertirse en colaboradora de los Apóstoles en la expansión de su apostolado.

2. Sin las e x a g e r a c io n e s de un f e m in is mo a — Esto no quiere decir que ultranza.

la posición de la m., tanto en la familia como en la sociedad, sea idéntica a la del hombre: la profunda diversidad de caracteres que distingue i la una del otro, diferencia naturalmente sus misiones y se opone por lo tanto a cualquier tentativa de exagerado feminismo que pretendan llegar a una nivelación absoluta de los dos sexos. En el ámbito de la vida familiar el Cristianismo no sólo no ha abolido la naturaleza jerárquica existente entre el hombre y la m., sino que ha elevado a la m. a función de símbolo de la jerarquía que existe entre Cristo y su Iglesia.

3. L a m. en el Am b it o de la v id a s o c ia l. Fuera de la familia en el ámbito de la vida social de la Iglesia la exclusión de la m. de la Sda. Jerarquía y su llamamiento a colaborar con la misma en el ejercicio del apostolado demuestran evidentemente que también en el plano sobrenatural su misión va siempre subordinada a la del hombre. El ejemplo supremo y más espléndido de esta colaboración, en el cual la misión de la m. ha sido elevada al máximo, lo ha fijado el Cristianismo para siempre en la figura de la Virgen y en su participación en la obra de la Redención como Corredentora del género humano. Contemplándola a Ella, la m. cristiana Dodrá combrender fácilmente el valor y el campo de su misión en la vida de familia y en la sociedad y respetará en sí misma sin profanarlos y adulterarlos los caracteres específicos de la feminidad. Pa l.

Bibliografía

Bibliografía

A. D. S E r t j l la n g e s, La femvte catholique daña le monde contemporain. París. 1913
R. B k t t a z z i, Donna, Roma, 1922
O.

vo n L e f q a t, La m ujer eterna, M adrid, 1£48;
M. G. Z o li, Orizzonti di vita fem minile, en Studium. 43 (1947). 13-17;
A. R u s c h io n i, Fem m iniamo, en EC, V, 1143-45;
p. B a v s s m a n, Fuerza y misterio de la m ujer, M adrid, 1950;
A. B u r o u e ra, Acción católico-social de la mujer, Barcelona, 1952;
Mujeres da A. Católica, La m ujer miembro de la Iglesia, M adrid, 1955;
id., La personalidad de la mujer. M a drid, 1955.

Voces relacionadas

Internas