Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

MISTICISMO

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1. Noción. - La palabra m. se toma en sentidos muy diversos. Entre otros tenemos el de un contacto muy íntimo de carácter cuasíexperimental con Dios, que habita en el alma en gracia, y también el de la aspiración a esta unión; la tendencia de algunos autores, p. ej., de la escuela alejandrina, de San Agustín y de San Bernardo, a insistir sobre algún aspecto particular de la genuina vida mística, principalmente sobre las gracias místicas por excelencia y sus efectos en el alma; la opinión expresada en algunos sistemas filosóficos, como, p. ej., en el neoplatonismo y el bergsonismo, según los cuales sería posible llegar a un conocimiento intuitivo de Dios por medio de una facultad puramente natural, y de índole supraintelectual; la participación en antiguas sectas egipcias, helenistas, y orientales en los ritos de carácter simbólico y misterioso, llamados misterios, que debían causar una especial unión de los iniciados con la divinidad que veneraban; las prácticas exteriores e interiores con que los adeptos de religiones y sistemas falsos, como el budismo o el islamismo se esfuerzan por tener un contacto sentido con Dios. Algunos llaman también m. a la prevalencia de cierta sentimentalidad en la vida de algunas personas; la tendencia a lo suprasensible y a lo simbólico, y en este sentido se habla de m. también en el arte;

más aún, se dice a veces m. cualquier sentimiento religioso, por poco intenso que sea ó de índole afectiva. 2. Concepto cristiano. - El alma que pasa a la otra vida en estado de gracia y que no tiene ya nada que expiar ve para siempre a Dios, Uno en naturaleza y Trino en personas, cara a cara, o sea, sin que entre Dios y el entendimiento humano haya la mínima sombra de una idea o cosa creada (I Cor., 13, 12; I Jn., 3, 2; Benedicto X I I: Denz. n. 530; Conc. de Florencia: Denz. 603). Sin embargo, el hombre con solas sus facultades naturales se encuentra en la imposibilidad absoluta de contemplar intuitivamente a Dios, pero puede hacerse capaz de ello por medio de un hábito sobrenatural infuso por Dios y llamado lumen gloriae. (Conc. de Vienne: Denz. n. 475; Conc. Vaticano: Denz. n. 1808). El destino por parte de Dios del hombre a la visión beatífica es un don totalmente gratuito (San Pío V: Denz. n. 1021 ss.;. Pío I X: Denz. n. 1671). En esta vida algunas personas ya muy adelantadas en la perfección son agraciadas con un conocimiento superior de carácter cuasíexperimental de Dios que habita en el alma en gracia. Esta viva perfección de Dios no es sin embargo una visión, ni es ni puede ser fruto de inquisición y razonamientos, ni de cualquier otra práctica ejercitada por el hombre, sino sólo de una moción totalmente especial y gratuita de Dios, que se hace como tocar por el alma, como principio que le da vida (Rom., 8, 16), y como Ser sumamente amable (v. Mística).

En el seno del cristianismo ha florecido siempre una mística auténtica, a la cual preparan, aunque no son su causa, una seria ascética y dolorosas purificaciones pasívas de los sentidos y del espíritu generosamente aceptadas y soportadas. La Iglesia ha sido siempre rigurosa contra cualquier degeneración en el campo de la mística. Man.

Bibliografía

Bibliografía

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J. Domínguez, Filosofía mística española, Madrid, 1947 M. H errero, Escritores y místicos españoles, Barcelona, 1951 E. H e r n á n de z, Tem peramento y mística, en Mauritania, 87 (1951), 143-164.

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