Diccionario de Teología Moral

Igino Tarocchi, O.F.M. (Tar.)

MAGNIFICENCIA

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1. Noción. - La voz m. implica el significado de hacer cosas grandes y suntuosas y es fruto de un alma noble y de un gran corazón. Siendo verdadera virtud tender a un fin noble y grande, siempre que esta tendencia vaya bien guiada por la razón, síguese que la m. como tal es verdadera virtud moral, que integra la virtud cardinal de la fortaleza (v.). Es una virtud que mueve a hacer cosas grandes y suntuosas en materia sobre todo de obras externas, como edificios, fundaciones, donaciones, etc. En cuanto tal es una virtud de gran esplendor y que no puede pertenecer generalmente más que a las personas ricas y poderosas. 2. Objeto. - De todos modos se puede entender la frase hacer cosas grandes; a) en sentido común y ordinario, si se considera el motivo interno del acto inmanente o también del acto particular que uno realiza; así toda virtud por sí misma tiende a cosas grandes y obra grandemente por motivo particular y recto (v. Magnanimidad); b) en sentido propio y desde nuestro punto de vista el «hacer cosas grandes» se entiende realizar obras externas que son objeto especialmente del arte; y a esto tiende propiamente la virtud de la m. Por esta razón la m. se diferencia de la virtud de la magnanimidad, porque la una tiende a las cosas exteriores (magna fa ctib ilia), la otra más directamente al modo de obrar interior (m agna a g ib ilia). La materia próxima de la m.

son las obras grandes; la remota los grandes gastos requeridos para realizar estas obras externas. Así tenemos que el objeto formal de la m. es el dinero (o gastos) necesarios para sostener estas obras y su realización; la m. es el motivo formal que guía al ánimo del que se muestra magnifico en cuanto pretende virtuosamente el bien. El orgullo y la ambición inspiran a veces estas obras y entonces"la~m. xesa de ser virtud. Pero cuando se tiene por punto de mira la gloria de Dios o el bien del prójimo se hace sobrenatural este deseo de grandeza y consiguientemente es moderado y dirigido el amor innato de las riquezas terrenas.

3. Vicios contrarlos. - Pécase contra la m. por exceso o defecto: a) por exceso, cuando se gasta demasiado, prodigando el dinero sin medida, sin proporción con la obra emprendida y sin equilibrado discernimiento: b) por defecto cuando no se gasta bastante ni según lo que requiere la dignidad de la obra que se emprende. Cualquiera de estos dos pecados (prodigalidad, tacañería) que por su naturaleza son veniales pueden llegar a ser mortales en ciertas circunstancias particulares. Así, p. ej.t cuando se gasta por sólo la gloria mundana, como en bailes, fiestas de sociedad, etc.; cuando se emplea el dinero que se debe a los acreedores o a los pobres. Por defecto cuando no se hacen los gastos necesarlos para las cosas a las cuales está uno obligado en virtud de un voto, de un juramento, de un contrato, etc. (cfr. Sum. Theol., II-II, q. 134. a. 3).

4. Valor de la virtud. - «Óptima virtud — dice Tanquerey — es la m.

que debe recomendarse a los ricos, mostrándoles que el mejor modo de usar las riquezas es cooperar en las instituciones católicas y de beneficencia. Por otra parte, no hace falta tampoco ser rico para practicar esta virtud: cuando se tiene un alma noble, el dinero se encuentra en la caridad pública» (Compendio de Theol. Mist., n. 1086). V. también L u jo. Tar.

Bibliografía

Bibliografía

P. Lumbreras, De fortitudine et tem perantia, Roma, 1939, n. 83 ss.

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