Diccionario de Teología Moral

Pietro Palazzini (Pal.)

LAMAÍSMO

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1. Noción. - Es el budismo practicado en el Tíbet y toma su nombre de los monjes (lamas) que hasta el día de hoy han ejercido el gobierno religioso y político de la inmensa planicie, que en su parte independiente es gobernada de hecho por el Dalai Lama, residente en Lhasa, y en su sección oriental depende de China (provincias de Tsinghai y Sikang).

2. Datos históricos. - Antes de la penetración del budismo, la religión indígena del Tíbet, llamada por los tibetanos Bon, presentaba los caracteres animistas propios de las poblaciones mongoloides, caracteres que no han desaparecido bajo la imposición del taoísmo y del budismo mahayánico. El budismo mahayánico, después de algunos siglos de lenta penetración por el Nepal, se estableció en el Tíbet en el s. VII, por iniciativa del príncipe de Lhasa, que invitó a los monjes del Gran Vehículo (mahayana), que habían dado un acentuado color tártaro a las doctrinas mahayánicas, asociándoles algunas prácticas mágicas. El que organizó por primera vez establemente el budismo en el país (s. VIII) fue Padmasambhava, hijo del Loto. Después de un período de decadencia, causado por persecuciones religiosas de los príncipes, el budismo tibetano tuvo un poderoso despertar en el s. X gracias al monje Rin-c’en-bzan-po, embebido de cultura hindú, traductor de los libros sagrados, edificador de templos, fundador de una escuela que pudo desarrollar su obra gracias a la protección de los poderosos soberanos del Tíbet Occidental. Hacia el s.

XV el budismo tibetano tomó una forma más estrictamente jerárquica y un aspecto político por obra del monje Tsong-Khapa (1355-1517), que fundó el llamado l. Sus sucesores unieron estrictamente el poder temporal al espiritual y con el título de Dalai Lama inauguraron en Lhasa un gobierno teocrático, asistido de consejeros especiales llamados Khamto y Lama, abades de los grandes conventos budistas. Todo Dalai Lama es persona sacrosanta, porque en él se encarna cada vez el alma de Shanresi, el Bodhisattwa protector especial del Tíbet. En otros tiempos el Dalai Lama era elegido por los Lama por proceso adivinatorio, después se reservó la elección el gobierno chino, a quien interesa tener sujeto al Dalai Lama, que es considerado por los budistas chinos como jefe de su Iglesia. En otra parte del Tíbet gobierna otro gran Lama con residencia en Tashilumbo. Se le considera como la encarnación de Od-pag-med, padre de Shanresi. Fuera de esta reforma monástico-teocrática viven algunos Lamas no reformados, llamados Lamas rojos, para distinguirlos de los demás que visten el color amarillo. Los rojos se entregan especialmente a las prácticas de magia, brujería y adivinación.

El vetusto paganismo indio infiltrado en el Tíbet ha suscitado una multitud de divinidades grotescas masculinas y femeninas, de la luna, la destrucción, los muertos, el fuego, la guerra, etc.

3. Culto. - El culto se desenvuelve en una cantidad de ritos y ceremonias que demuestran la minuciosa organización de la Iglesia tibetaria. Campanas, amuletos, venablos especiales con que el sacerdote ataca a los demonios, existen en gran abundancia. Pero lo más característico es sin duda ninguna el Khor-lo o Molino Orante en forma de cilindro que gira sobre un pernio movido por una rueda que se hace girar a mano, por el viento o por el agua. A cada vuelta del cilindro el fiel gana el mismo mérito que si hubiese rezado él mismo las oraciones escritas en el cilindro. Entre las fórmulas dotadas de gran eficacia mágica y que se encuentran escritas en los cilindros y en los amuletos está la invocación: «¡Oh joya en el loto!

Amén.» La potencia política del l. coincide con el desarrollo de las dinastías mongolas, especialmente de la de Kublai Khan, que nombró por consejero suyo al abad del monasterio de Sankta, el cual tuvo por esta razón el dominio sobre todo el Tíbet hasta que, caídos los mongoles, a su supremacía política sucedió la de China, la cual en realidad es solamente nominal, ya que toda la vida religioso-social en el Tíbet y en la Mongolia depende de los grandes conventos y de sus poderosísimos Lamas.

4. Estadística. - La población del Tíbet viene a ser cerca de un millón.

5. Datos críticos. - En cuanto el l. es una forma de budismo, se han de hacer para el mismo las reservas que se hicieron para el budismo (v.). Además, para entrar en el Tíbet el l. hubo de pactar con el Bon, religión primitiva del Tíbet, admitiendo en su panteón cierto número de divinidades Bon-po y también algunas de sus ideas cosmogónicas. Además del Bon hubo algunas influencias iránicas y centroasiáticas. Nos encontramos, por lo tanto, frente a una forma de sincretismo religioso con mezcla de politeísmo, fetichismo, animismo, etc. La teoría de la encarnación de los grandes jefes ha asegurado al l. una forma particular de teocracia con una absoluta continuidad jerárquica; pero son demasiado evidentes los influjos políticos que han hecho cambiar el sujeto de la encarnación hasta hacerle parecer, realmente lo que es, un terrenum inventum. El l. es hostil al conocimiento filosófico y se centra en torno a la intuición mística. Pero el confín entre la mística y la magia es un poco vago e insensiblemente se pasa de la una a la otra: algunas liturgias tántricas son pura y simple magia y a veces magia negra. Se hace uso de la técnica yoga, aun en su forma más violenta.

El culto lamaísta es complejo y embarazoso. Algunas representaciones iconográficas y determinados ritos tienen un acentuado aspecto sexual. En las poblaciones pequeñas continúan adorándose las divinidades locales de origen Bon-po, divinidades casi siempre malignas, apenas teñidas con un ligero barniz de l. Pal.

Bibliografía

L.
A. Waddell, The Buddhism of Tibet, Londres, 1895 A. Grünwedel, Mythologie des Buddhismus in Tibet und der Mongolei, 1900
L. Petech, Lamaísmo, en EC, VII, 826-832.

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