ISLAMISMO
1. Noción. - Es la religión predicada por Mahoma a las tribus árabes paganas de la Arabia. La religión de los árabes anterior a la predicación de Mahoma apenas nos es conocida por falta de fuentes directas, pero de las pocas informaciones que nos quedan de los historiadores musulmanes, de las inscripciones, de los datos fugaces de escritores cristianos, se puede establecer que presentaba todas las características de las demás religiones semíticas. Su fondo era animista, viendo espíritus en los árboles sagrados, en las fuentes, en las piedras; y también naturista, dirigiendo su culto especialmente al sol, la luna y las estrellas, sobre todo a Venus. El acto central del culto consistía en el sacrificio cruento que se hacía especialmente con ocasión de las primicias de los animales y del botín, y en la consagración del niño a la divinidad mediante el corte de los cabellos, y se ofrecía sobre las piedras sagradas que se encuentran diseminadas en toda la extensión del desierto.
El islamismo ( islam , abandono de los fieles en Alah) se presenta como un movimiento de reforma en un sentido monoteísta contra el politeísmo de las tribus árabes, que tenía su centro en la Meca, en un venerado santuario llamado la Kaaba, cuyo objeto de veneración consistía en una piedra sagrada (un aerolito) encajado en un cubo de piedra. Este movimiento fue suscitado por un hombre que tenía en sí todas las cualidades para salir airoso en su intento.
2. Mahoma. - El hombre representativo de la redención de Arabia fue Mahammad (Mahoma). Su nombre se deriva de la raíz hamada , glorificar, y significa: el muy glorificado. Su vida privada no nos es conocida, salvo su matrimonio con Kadiya, para la cual fue marido fiel, y el hecho que dio comienzo a su misión en edad ya madura. Se creyó inspirado de lo alto para realizarla y la inició diciendo ser ejecutor de una voluntad superior. Los elementos de su predicación, aparte del étnico, derivado de la raza y del ambiente, se han de buscar en el cristianismo, especialmente monofisita y nestoriano, vivo en los conventos que existían en los límites del territorio árabe, y en el judaísmo entonces floreciente en Arabia; pero no nos es dado saber lo que debe al uno y al otro. Fue precisamente a los hombres de la tribu a que estaba agregado, los coreichitas, a quienes comenzó a predicar su reforma, la cual en sustancia consistía en afirmar la unidad absoluta de Dios contra la multiplicidad de los dioses adorados en la Kaaba y en exigir un uso más caritativo de la justicia para salvar el desnivel económico-social de la Arabia de su tiempo.
Los coreichitas al principio no le dieron importancia y se burlaron de él, más tarde reflexionaron, pero finalmente, viendo el entusiasmo con que «los jóvenes y los débiles entre los hombres» acogían las ideas predicadas por él con insistencia entusiasta, comenzaron a perseguirle vivamente, tanto que en un momento determinado el profeta se vio obligado a huir a Iathrib, la cual recibió después el nombre de ciudad del profeta ( Madinat-al-Nabi , Medina). Mahoma destruyó los ídolos del santuario, pero no abusó de su victoria. Dueño absoluto del campo pretendió solamente: a) someter a aquellas tribus que no habían querido aceptar todavía la nueva fe; b) llevar el Islam a los confines de la Arabia lanzándolo a la conquista de los países vecinos. Así tenemos la batalla de Honain, la toma de Taif, la expedición a Tebuk, tierra sujeta a Heraclio, emperador de Oriente. Hasta ahora el triunfo del nuevo movimiento se había asegurado gracias al poder coordinador innato en la organización islámica. El Islam satisfizo a las necesidades más urgentes de la sociedad árabe: le dio una rudimentaria pero fuerte organización política, creó una buena disciplina y ordenación militar.
Introdujo el sentimiento de la disciplina y acostumbró a aquellos hombres de naturaleza anárquica al respeto y a la obediencia a las leyes promulgadas por un poder ejecutivo investido de una autoridad superior al capricho individual. El año 631 Mahoma hizo su última peregrinación a la Meca, llamada por esta razón la peregrinación del adiós, y allí preguntó a la inmensa muchedumbre que estaba presente si había cumplido bien con la misión que le había confiado Alah; murió al año siguiente en Medina, ciudad de su residencia, donde fueron sepultados sus huesos.
3. Sucesores de Mahoma. - Mahoma no dejó descendencia masculina; a su muerte se presentó el problema de la sucesión, del cual dependía la vida o muerte del movimiento musulmán. Le sucedieron cuatro califas (de Khalifa , sucesor, vicario): Abu Bakr (m. 634), Omar (m. 644), Othman (m. 656), Alí (m. 661), yerno de Mahoma, llamados por excelencia «ortodoxos». Con Alí termina la era patriarcal del islamismo, caracterizada por la sucesión electiva conforme a la costumbre antigua de los árabes, por la vida simple y austera que llevaban los califas, por cierto ambiente de comunidad democrática. Con Moawiya, sucesor de Alí, que abandonó Medina y puso su sede en Damasco, las vicisitudes del islamismo entran en el dominio de la historia política más que en la religiosa.
4. Difusión del islamismo. - El islamismo, como consecuencia de las conquistas, se extendió a Siria, Persia, Turquestán, Egipto, a toda la costa septentrional de África, de donde se propagó al interior mediante misiones, y a España, de donde fue arrojado después de una encarnizada lucha cantada por la epopeya española; al Asia Occidental, de donde los abásidas primero y los otomanos después lo difundieron por Europa y la China, adonde llegaron los musulmanes ya en tiempo de Mahoma bajo forma de misión enviada con dones al emperador.
5. El Corán. - El libro sagrado fundamental de los musulmanes es el Corán, al-Quran , lectura o recitación, que contiene la legislación religiosa, moral y social del Islam. Se compone de 114 capítulos o suras, cada una subdividida en diversos números de ayat o versículos, que representan todas las revelaciones que recibió Mahoma de Dios por medio del Ángel Gabriel, desde la primera en el silencio nocturno del monte Hira, a la última que ocurrió en Medina, en la que el Profeta resume los preceptos de la nueva religión fundada por él y exhorta a sus creyentes a permanecer fieles en sus propósitos. La lengua del Corán es la más pura que un lingüista árabe puede desear, pero el estilo se aleja del poético propio de los árabes cuando hablan movidos por el estro; en efecto, Mahoma quiere distinguirse de los poetas, porque ellos hablan inspirados por los Ginn o demonios, mientras que él habla bajo el influjo del Espíritu Santo.
No se puede pretender la coherencia en un libro compuesto, capítulo por capítulo, conforme a las diversas circunstancias de la comunidad islámica; por esta razón los exegetas árabes, en la imposibilidad de conciliar lo inconciliable, han declarado con piadosa habilidad existir en el Corán algunos versículos llamados por ellos «abrogantes», los cuales anulan otros llamados por lo mismo «abrogados», mientras que existe todavía una tercera categoría, de la cual no se puede sacar una conclusión cierta, que es la llamada de los versículos dudosos. Junto al libro sagrado está el Hadith o «tradición», que —al principio oral, fijada más tarde por escrito, cuando los representantes de la misma disminuyeron— contiene la interpretación auténtica que los «compañeros» del profeta daban a los casos nuevos o dudosos que se presentaban en la práctica de la vida religiosa musulmana. En el número de estos «compañeros» están todos aquellos, hombres y mujeres, que tuvieron alguna relación con el profeta y su testimonio versa sobre los casos más particulares e íntimos de la vida de Mahoma.
La garantía de autenticidad de esta tradición está constituida por el isnad , apoyo o cadena de testimonios, que pretende ser el catálogo, cronológicamente dispuesto, de todas las personas que transmitieron oralmente dicha tradición, hasta el primero que la puso por escrito. Todo este cuerpo de doctrinas desarrollado por las escuelas teológicas del Islam, constituye en su conjunto la confesión sunnita, a la cual pertenecen los musulmanes de la Turquía europea y asiática, de la Arabia, de África, de Rusia, de Ceilán y del archipiélago malayo.
6. Doctrina islámica. - El fundamento de la doctrina musulmana se expresa en la sura 112: «Tú dirás: Alah es el Dios único, el Dios a quien todos se dirigen. Él no engendró ni ha sido engendrado: no tiene a nadie igual a él.» El dogma de la unidad rigurosa de Dios con exclusión de la Trinidad y de la Encarnación, tachadas de politeísmo (Cor., V, 76-77), constituyen el eje de toda la doctrina islámica. Con él se opone Mahoma al politeísmo árabe concentrado en la Kaaba y la simplicidad de su contenido fue ciertamente el primer coeficiente intelectual de la difusión del islamismo. Alah en la predicación de Mahoma, en la que, como hemos señalado, entran elementos hebraicos y cristianos, tiene los mismos atributos que el Dios de los hebreos y de los cristianos, omnipotencia, omnisciencia, justicia, providencia creadora y conservadora. Alah se comunica con los hombres no directamente, sino por medio de sus enviados, que pueden ser investidos de misiones especiales ( rasul ) o simplemente profetas ( nabi ). Los mayores enviados han sido en el pasado Abraham, Moisés y Jesús; para el presente, Mahoma, que es el Mensajero de Dios por excelencia ( rasul Alah ).
7. Moral. - Las prescripciones fundamentales son cinco: a) la oración, de la cual el Corán inculca a cada paso la necesidad y ofrece a menudo el ejemplo; b) el ayuno, que consiste en abstenerse de comer, beber, fumar, desde el alba al ocaso en un período determinado del año ( ramadán ); por la noche cada uno es libre de hacer lo que quiera; la obligación comienza en la época de la pubertad; c) los diezmos, que es doble la zacat , purificación que responde más o menos al concepto del diezmo, y la sadaqa , o limosna voluntaria que desde el principio se confundió con la otra; d) la peregrinación ( haggi ): todo musulmán está obligado a hacer al menos una vez en la vida la peregrinación a la Meca, pero a la observancia de esta prescripción, que se hizo difícil por la gran expansión del Islam, se puede suplir o con limosnas o enviando a otros; e) la guerra santa ( Gihad ): el que muere en armas por la propaganda del Islam es un mártir a quien se abre inmediatamente el paraíso.
Esta prescripción fue hábilmente mitigada por Mahoma y sus sucesores que frecuentemente descendieron a oportunas capitulaciones con los pueblos vencidos y las más de las veces se contentaron con el pago de un tributo y la afirmación de su predominio militar.
8. Escisiones. - La escisión de la religión de Mahoma en varias sectas, no obstante su simplicidad, estaba ya contenida en germen desde su mismo nacimiento; y las dos grandes divisiones sunnita y shiita, entre las cuales se reparte actualmente el islamismo, las encontramos en los dos centros, el de Medina y el de la Meca; el primero compuesto por hombres de la primera hora, que se habían adherido inmediatamente al profeta, profesando libremente la reforma, y el segundo convertido por la fuerza a la vista del éxito y que tendía naturalmente a hacer del Islam una fuerza religioso-política en ventaja propia, subordinando a ella los elementos más propiamente religiosos de la doctrina musulmana. Los shiitas representantes del legitimismo medinés de Alí están localizados en las provincias que forman el reino actual de Persia y de allí se han difundido hacia Oriente, especialmente a la India. Tienen alguna rama en Hegiaz y en Egipto.
El shiismo rechaza la Sunna, respeta el Corán, pero en algunos puntos da de él alguna interpretación distinta de la de los sunnitas; tiene como divinizado a Alí, a cuya tumba hace la peregrinación que un shiita no puede hacer a la Meca, ya que los sunnitas lo consideran al mismo nivel que los infieles; es mucho más accesible, dado el carácter de los persas, a infiltraciones escépticas y racionalistas, y cubre con una amable sonrisa de tolerancia mística la incredulidad más profunda. Se sostiene especialmente por motivos políticos. No es el caso de enumerar aquí todas las sectas musulmanas nacidas como oposición a la expansión universalista del califato. Baste nombrar a los kharigitas, orientados hacia la vida patriarcal del colorido más exclusivamente árabe; los ismailitas, ramificación importante del shiismo, embebidos de doctrinas neoplatónicas y que esperan una nueva manifestación de Alah a los hombres; los carmatas, que trataron de traducir en unión práctica revolucionaria las aspiraciones ismailitas, etc.
El lugar de oración para los musulmanes es la mezquita, la cual contiene en su interior el mihrab , que indica la dirección de la Meca, hacia la cual debe dirigirse todo musulmán para orar según la prescripción del Corán (II, 131). No falta nunca el alminar, torre elevada de donde se invita a los fieles a la oración ritual. En el Islam no existe sacerdocio: hay solamente el imán, o presidente de la función religiosa en representación del califa; no viste ningún ropaje especial. El calendario musulmán es lunar. Las festividades comienzan todas de noche, porque para los musulmanes, como para los hebreos, el día comienza al ponerse el sol. Las fiestas principales son siete: 1) la concepción del profeta; 2) su nacimiento; 3) su ascensión; 4) el diploma en que los ángeles fijan el día de la muerte; 5) el destino; 6 y 7) las noches que preceden al grande y pequeño Bayram. El pequeño Bayram es la fiesta que se hace cuando termina el ayuno del Ramadán; el gran Bayram se celebra con ocasión de la solemnidad de los sacrificios, que se celebran durante la peregrinación a la Meca y que cada uno hace en su casa en unión de espíritu con los peregrinos.
El día sagrado de todas las semanas es el viernes, tal vez en recuerdo del culto antiquísimo al planeta Venus. En este día el califa se dirige a la mezquita para la oración ritual. No es necesario hacer en común la oración, a no ser la del viernes, pero ésta vale 25 veces más y por lo tanto es siempre aconsejable hacerla en común. En este caso se realizan diversos movimientos con la cabeza siguiendo los del que dirige la oración. Mahoma precisa mucho la suerte demasiado vaga que los antiguos árabes atribuían al alma del hombre después de la muerte y parece haber sacado de las acostumbradas fuentes hebraicas y cristianas la enseñanza que afirma con tanta seguridad. Está persuadidísimo de la resurrección final. Cuando pase la última hora del mundo los hombres se dispersarán como mariposas y las montañas volarán como copos de lana. Dios entonces juzgará a los hombres mediante una gran balanza y establecerá el justo peso de sus acciones.
Si el éxito es favorable el buen musulmán podrá pasar por el puente de Siath sobre el abismo y entrará en el paraíso, concebido como un jardín lleno de delicias para los sentidos y para el espíritu, que se encuentra a la diestra de Alah; si se trata de un infiel o de un musulmán malo será precipitado de lo alto del puente en el abismo del infierno; el infiel quedará allí para siempre, el musulmán por un período limitado de tiempo. Hoy una corriente de modernismo invade el islamismo tanto en la India como en Egipto, después de haber llegado a su máxima expresión en la Turquía de Kemal Pachá (Ataturk), que suprimió el califato y laicizó el Estado. Esta corriente modernista tiende en aquellos países a adaptar el derecho musulmán a las exigencias modernas, a volver a la fe sencilla de los primeros tiempos y a constituir una sociedad de estados árabes independientes.
9. Estadística. - Según el Handwörterbuch des Islam (Leiden, 1941), los musulmanes son alrededor de 350 millones, distribuidos así: en Europa, 37.500.000; en Asia, 226.443.000; en África, 63.635.400; en América, 146.000; en Oceanía, 7.000. Tur.
10. Datos críticos. - La religión del Corán es una religión simple en sus dogmas y en sus preceptos, sin sombra de supernatural; los misterios de la Trinidad y de la Encarnación se niegan repetidamente. Su difusión fue un progreso de la humanidad en el campo religioso donde sustituyó el monoteísmo a la idolatría, al magismo persa, al fetichismo de los pueblos de Asia y de África, lo que equivale a los tres cuartos del territorio que conquistó. Pero este mismo progreso no hubiera sido posible sin el cristianismo, de donde el islamismo tomó muchas de sus ideas. Por otra parte, las incongruencias, las lagunas, los errores teóricos y prácticos del islamismo contrabalancean en sentido negativo mucho de lo que ha aportado en sentido positivo. El monoteísmo mismo en el islamismo es excesivamente rígido: Dios es un déspota, no un Padre, y distribuye a capricho premios y castigos, tratando al hombre como a un esclavo. Los shiitas y los filósofos trataron de mitigar el fatalismo enseñado por el Corán, pero sin grandes resultados.
La bienaventuranza de los elegidos en lugar de ser felicidad de hijos llamados a gozar con el Padre es liberación de la esclavitud y al mismo tiempo una grosera satisfacción de los sentidos; en vano los filósofos han tratado de explicar categóricamente la sura 76. El Ramadán más que un ejercicio ascético es una parodia del ayuno y de la mortificación, limitándose las restricciones al día y no a la noche. No existe ningún aprecio de la virginidad, considerada como una ofensa a la naturaleza, y la castidad conyugal se encuentra igualmente profanada con la poligamia y el divorcio. Efecto de tanta libertad concedida al hombre es la degradación de la mujer, que en el mundo musulmán se encuentra en un nivel sensiblemente inferior al que tiene en todo el resto del mundo. Efecto del fatalismo y del sensualismo islámico es igualmente el torpor físico e intelectual a que el islamismo ha arrastrado a los hombres que ha conquistado. El islamismo, si ha imitado en algún punto el cristianismo, en otros muchos acerca del dogma, la moral y las relaciones sociales se aparta totalmente de él. Pal.
Bibliografía
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