IRA
1. Naturaleza. - La i. es un impulso a reaccionar contra un ser o una cosa que fue ocasión de algún sufrimiento o contrariedad.
2. Distinciones. - Se ha de distinguir la i. pasión, o sea la tendencia del apetito sensitivo a reaccionar, y la i. no pasional, o sea la tendencia de la voluntad a infligir un castigo.
3. Moralidad. - Puede haber un deseo razonable de infligir un castigo y tal deseo puede ir acompañado de una moderada pasión de i. que puede ser también lícito excitar. El mismo Nuestro Señor se encendió en justa i. contra los vendedores que profanaban con su tráfico la casa de su Padre (Jn., 2, 13 ss.). A fin de que la i. no pasional sea lícita es necesario que no trate de castigar sino a quien lo merece (esto es, a un ser racional que obró de mala voluntad), en la medida que lo merece, siguiendo el orden de la justicia y tratando solamente de restablecer el orden quebrantado o de enmendar al reo. Si falta alguna de estas condiciones se da un exceso reprensible, acompañado con frecuencia de odio y sed de venganza. La ira desordenada, no pasional, es culpable en mayor o menor grado, según la gravedad del mal que se quiere producir y el motivo que la provoca. Para que la i. pasión no sea inmoderada es necesario que no tienda a reaccionar sino contra quien es culpable y que su vehemencia sea proporcionada al objeto y a las circunstancias y tal que no ofusque la razón ni exponga al peligro de traspasar los debidos límites al infligir un justo castigo.
La i. pasión en cuanto es independiente de la voluntad no es pecaminosa. Apenas surge un movimiento pasional de i. existe la obligación de reprimirlo, si es desordenado en su objeto, o de moderarlo, si es demasiado impetuoso. El no reprimir o no moderar tal movimiento es de suyo pecado venial; sin embargo, si el movimiento constituye un peligro grave de pecar mortalmente, la omisión, habiendo conciencia clara del peligro, es culpa grave. El consentir en una pasión desordenada de i. desahogándose con palabras o hechos en quien no es culpable, p. ej., en animales o cosas, o en quien tiene culpa, pero de un modo excesivo, es por lo menos pecado venial; la culpa es grave cuando se profieren palabras muy injuriosas o se causa un mal serio, así como también cuando se incurre en grave peligro de cometer estos excesos.
4. Remedios. - Para triunfar de la pasión de la i. no hay que descuidar ningún medio porque la i. ofusca la razón con más facilidad que las demás pasiones y conduce a graves desórdenes morales. Sin descuidar los medios físicos, cuando existan, se han de tener presentes sobre todo los medios morales: la consideración de la mansedumbre de Cristo y de los Santos, el recurso a la oración, el hábito de reflexionar antes de obrar para no dejarse dominar por las pasiones. Es de gran importancia oponerse inmediatamente a cualquier impulso inmoderado de i. y no hablar nunca ni obrar bajo tal impulso. Man.
Bibliografía
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E. Janvier, Exposition de la morale catholique , v. III, Torino, 1911
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A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística , París, 1930
A. Meynard, La vida espiritual , Barcelona, 1908.