INTENCIÓN RECTA
1. Naturaleza. - El hombre en cualquiera de sus acciones, lo mismo internas que externas, va movido por algo que juzga bueno y que ama y quiere por sí mismo y no por otra cosa, o sea que lo pretende como fin. Esta i. es recta cuando no está en oposición a las exigencias de la ley moral. Una cosa amada por sí misma puede ser pretendida: bien como fin no subordinado a otra cosa (fin puramente último), bien como fin subordinado a otra cosa (fin no puramente último, sino intermedio). Es evidente que no es lícito tener por fin más que un bien que amarlo o quererlo por sí mismo sea conforme a las exigencias de la naturaleza humana elevada por la gracia o al menos destinada a serlo (o sea de la razón iluminada por la fe): estas exigencias manifiestan, en efecto, la voluntad de Dios. Este fin es honesto, susceptible de suyo de ser amado y querido por amor de Dios.
Siendo el hombre creado por Dios y para Dios, Bien infinito que merece ser amado, por sí mismo, sobre todas las cosas, no es nunca lícito dar más aprecio a ningún bien que a Dios, o sea excluir, aunque sólo sea de un modo implícito a Dios como fin supremo; pero no basta con no excluir a Dios: debemos con todas nuestras acciones tender positivamente a Dios, como término supremo. Se puede tender a Dios, como fin último, sea de un modo explícito, es decir, contemplando actualmente a Dios como término supremo, u obrando al menos en virtud de un acto de amor de Dios sobre todas las cosas, puesto precedentemente; bien de un modo solamente implícito, esto es, mirando a un fin honesto distinto de Dios, sin subordinarlo actualmente a Dios, o pretenderlo bajo el influjo de un acto precedente de amor de Dios (a condición, sin embargo, de no preferir aunque sólo sea implícitamente este fin a Dios). De muchos textos de la Sda. Escritura (III Rey., 8, 38 s.; Eccli., 21, 1; Is., 1, 10 s.; 44, 28; Jer., 3, 12 s.; Ez., 29, 18 s.; Dan., 4, 24; Zac., 1, 3; Luc., 18, 13; Rom., 1, 21; 2, 14), y de la condenación de varias sentencias de Bayo y de Quesnel (S.
Pío V, Denz. n. 1010, 1025, 1035, 1038, etc.; Clemente XI, Denz. n. 1399, 1405, etc.) se sigue que no hay obligación de tener de un modo explícito en todas nuestras acciones a Dios por fin último, y que es, por lo tanto, suficiente tender a Él implícitamente como fin supremo. Sin embargo, estamos obligados a hacer algunas veces actos de amor de Dios desinteresados, sobre todas las cosas; amor con que el hombre ordena implícitamente a Dios como a fin último todo lo que es susceptible de ser referido a Dios.
2. Corolarios. - El valor de nuestras acciones bajo el aspecto moral depende en gran parte del fin pretendido de un modo explícito y actual, e incluso su mérito, si el que obra está en estado de gracia. Es, pues, muy importante tener expresa y formalmente por punto de mira fines elevados; más aun, al mismo Dios amado de un modo desinteresado sobre todas las cosas. De aquí la gran utilidad no solamente de renovar con frecuencia (por lo menos todas las mañanas) la i. de hacer todas las acciones por amor de Dios, sino también de recogerse un instante antes de obrar, p. ej., antes de comenzar el trabajo, de tomar alimento, etc., para ordenar a Dios de un modo explícito y actual la acción que comienza. De este modo sin gran esfuerzo se puede aumentar el valor y mérito de las acciones propias, incluso de las más comunes. Siendo tan voluble nuestra voluntad es también cosa buena renovar alguna vez esta i. durante la acción, para evitar que ésta, comenzada por Dios, continúe por curiosidad, sensualidad o amor propio.
En los que viven en estado de gracia toda acción no pecaminosa es ordenada a Dios por la caridad; en toda acción no pecaminosa los justificados llevan por mira un bien no puramente natural, sino sobrenatural. Una acción buena hecha con varias intenciones rectas tiene más valor y mérito, p. ej., una limosna dada por caridad y en satisfacción de los pecados. Una acción mala, por su objeto o circunstancias, hecha con i. recta sigue siendo pecaminosa, pero su culpabilidad es menor que si la i. no fuese recta. Una acción no mala, hecha con i. no recta es pecaminosa: el grado de culpabilidad depende del motivo. Man.
Bibliografía
A. Thouvenin, Intention , en DTC , VII
E. Janvier, Esposizione della morale cattolica , XIV, Torino, 1939
A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística , París, 1930
G. Faber, Progresso dell’anima nella vita spirituale , Torino, 1942
O. Zimmermann, Lehrbuch der Aszetik , Freiburg Br., 1932.