Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

INJERTOS Y TRASPLANTES

Recursos

1. Terminología e indicaciones. - Aun cuando ambos términos se usan promiscuamente, existe entre ellos en patología quirúrgica una diferencia: el injerto es el traslado de una porción más o menos amplia de tejido o de órgano de un territorio a otro de un mismo individuo (y a veces de un individuo a otro) sin que existan conexiones inmediatas vasales; en cambio, en el trasplante se mantienen o se efectúan relaciones circulatorias inmediatas entre el huésped y la porción de tejido o el órgano trasplantado. Las indicaciones para el injerto (o para el trasplante) las da la necesidad de colmar pérdidas de sustancia no fácilmente reparables de otra manera (como en la cura de vastas llagas cutáneas) o de sustituir en parte o en todo órganos funcionalmente indispensables, que acaso falten congénitamente o se hallen atrofiados.

2. Clasificación. - Tanto los injertos como los trasplantes se dividen desde el punto de vista biológico en autoplásticos, homoplásticos, aleloplásticos y heteroplásticos, según que el donante sea el mismo individuo, u otro ser, pero de la misma raza, o de raza diversa o finalmente de diversa especie. En cierto modo corresponde a un trasplante homoplástico también la transfusión de sangre. Se ha averiguado recientemente que los tejidos poseen los mismos grupos de factores que la sangre del organismo a que pertenecen. Por lo tanto, en las operaciones de injerto o de trasplante homoplástico se ha de tener en cuenta también el grupo sanguíneo (v.) lo mismo que en la transfusión de sangre. Otras investigaciones se encuentran en curso para mejorar la técnica de los injertos.

3. Cuestiones morales. - El uso de injertos (o de trasplantes) es siempre lícito cuando sirve para curar a un enfermo (v. también Cirugía, donde se hace referencia a los modernos Bancos de órganos), empleando algunas cautelas cuando se trata de elementos tomados de cadáveres (S. P. Pío XII, Alocución 11 abril 1956). No es lícito cuando se utiliza en la especie humana para realizar experimentos a puro título de curiosidad sin fines terapéuticos directos, sobre todo cuando se trata de órganos nobles (como alguna vez se ha intentado con locos o con delincuentes condenados a muerte). Este uso no es lícito tampoco cuando se pide la intervención para poder pecar más fácilmente o cuando el cirujano tenga la sospecha fundada de que ésta sea su finalidad. Estas intervenciones se solicitan sobre todo para reactivar funciones de glándulas endocrinas extinguidas o en vía de extinción. Fuera de estos casos es objeto de controversia entre los teólogos si es lícito y cuándo lo sea, por lo que mientras subsista esta disputa no se puede condenar su aplicación. Riz.

Bibliografía

G. Razzaboni, Innesti e trapianti , en EI , XIX, 317
J. Martínez Balirach, Cotejo de opiniones sobre trasplantes humanos , en Sal Terrae (1955), 84-91
M. Zalba, La mutilación y el trasplante de órganos a la luz del Magisterio eclesiástico , en Razón y Fe (1950), 523-548.

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