INHUMACIÓN
1. Naturaleza. - En el sentido más estricto es la deposición del cuerpo humano privado de vida en la tierra. En sentido más amplio puede entenderse la deposición del cadáver en un nicho, en que queda definitivamente encerrado, dejado a la corrupción de las fuerzas naturales. La inhumación se opone a otros modos de tratar los cuerpos de los muertos: inmersión en el mar, deposición al aire libre, destrucción violenta, determinada principalmente por el fuego. Todos estos modos son antiquísimos, aunque el más usado ha sido siempre la inhumación.
2. Doctrina moral. - La Iglesia no permite más que la inhumación en el sentido amplio. Solamente por razones de urgencia permite la destrucción violenta del cuerpo (graves epidemias, guerras). El uso de la inhumación lo heredó del pueblo hebreo y lo ha conservado como uso tradicional. A su juicio la inhumación está más en armonía con la reverencia debida al cuerpo que estuvo unido al alma y fue santificado con ella como templo del Espíritu Santo. No podemos salvar el cuerpo de la corrupción natural, pero debemos depositarlo intacto y con la debida reverencia en la tierra dejando a la naturaleza que realice su destrucción. En los casos comunes el católico tiene la obligación de enterrar los muertos, y en cuanto es posible con la asistencia del sacerdote y con las ceremonias litúrgicas de la Iglesia. Aunque el cadáver haya sido usado por razones graves y justas para algún fin, p. ej., para investigaciones necesarias al progreso de la ciencia o para fines judiciales, terminada la operación, el cuerpo y sus partes deben ser inhumados con reverencia y decencia. Esto sirve también para los miembros enteros amputados de un hombre vivo y para un feto abortivo. Ben.
Bibliografía
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H. Leclercq, Incinération , en DACL , VII
F. Blanco Nájera, Derecho funeral , Madrid, 1930.