IMPULSO
1. Premisas fisiológicas. - Llámense impulsos en neurofisiología aquellos procesos activos, tanto de naturaleza excitadora, como inhibidora que se dan en las neuronas (v. Funcionalidad cerebral). En el primer caso se habla también de la excitación del estímulo y se define excitabilidad o irritabilidad aquella propiedad fundamental de todas las células vivientes (poseída en sumo grado por las células nerviosas) de reaccionar ante las modificaciones del ambiente externo que constituyen precisamente los estímulos. La excitabilidad es específica: toda célula reacciona según su naturaleza de un modo característico, así un estímulo eléctrico aplicado a un nervio motor determinará una contracción muscular, aplicado a un nervio sensitivo producirá una sensación dolorosa, etc., pero la célula misma reacciona de un modo específico según la naturaleza del estímulo (las células nerviosas de la retina son excitadas de modo específico por los estímulos luminosos; las cocleares del oído lo son por los estímulos acústicos, etc.).
2. Notas de neuropatología. - Entre las enfermedades del sistema nervioso hay algunas caracterizadas por un torpor de la excitabilidad normal (la cual puede llegar a ser abolida, como en ciertas graves compresiones medulares); otras, más numerosas, por una excesiva irritabilidad: son típicas a este propósito la tetania y la neurastenia, tan frecuente, uno de cuyos síntomas principales es el de una hiperestesia aguda ante los diversos estímulos y excesiva irritabilidad del carácter.
3. El i. en psicología. - I., instinto, inclinación, son sinónimos en el lenguaje vulgar; conviene, sin embargo, distinguirlos y así en psicología se habla de instinto al referirse a la tendencia a realizar ciertos actos sin tener conciencia de su fin, y de inclinación, cuando queremos referirnos a la tendencia hacia un fin conocido. Los instintos son tendencias congénitas y hereditarias, propias sobre todo de los animales, que se mueven con mecanismos inflexibles y procedimientos constantes al cumplimiento de actos útiles para la conservación del individuo y de la especie. En otros términos, son las normas fijas y hereditarias de la táctica laboriosa y compleja que guía a los animales para que aprovechen automáticamente todas las circunstancias ambientales favorables a los fines de la nutrición, defensa y reproducción. Las inclinaciones, propias del hombre, van movidas por la afectividad y dirigidas por la inteligencia: constituyen por lo tanto tendencias psicológicas superiores en las que participa la voluntad. Cuando el acto voluntario es movido por una mayor vivacidad de sentimientos hablamos de i., o también de impulsión o acto impulsivo.
Entre los diversos sentimientos los que tienen mayor eficacia para promover una impulsión son los sentimientos inferiores o sensoriales: el dolor, el hambre, etc. Recordemos, finalmente, que las impulsiones son fuertemente favorecidas por la deficiencia de los poderes inhibitorios o del autocontrol.
4. La i. en psiquiatría. - De todo cuanto llevamos dicho se deduce fácilmente la razón de la frecuencia de los actos impulsivos en los enfermos mentales. Se trata de impulsos morbosos repentinos, casi siempre inmotivados —al menos en apariencia—, de los cuales brota automáticamente la acción (a veces delictiva) sin contradicción, sin remordimiento y hasta sin conciencia y, por lo tanto, sin recuerdo sucesivo. Así tenemos los violentos impulsos de los maniacos (por sobreexcitación psicomotora), de algunos melancólicos (como descarga motora repentina después de una lenta acumulación de la tensión angustiosa), de ciertos epilépticos (en los que constituyen un equivalente de la manifestación convulsiva), de los confusos y de los esquizofrénicos (bajo el i. de una alucinación), etc. En los psicasténicos existe otro género de impulsos. Son impulsos obsesivos que brotan de una idea incoercible a la que el enfermo teme tener que someterse por no tener confianza en su propia capacidad inhibitoria.
El psicasténico se da cuenta de la inconveniencia o criminalidad del acto que le presenta la mente y se resiste a él encarnizadamente, pero también con una tensión interior cada vez más gravosa, hasta que la voluntad inhibidora, especialmente cuando se trata de acciones inútiles o ridículas, aunque inconvenientes, pero no graves moralmente, termina cediendo, el i. se traduce en acto y el enfermo experimenta por algún tiempo una sensación de distensión y reposo. Otro género de impulsos se puede observar en los criminales por el concurso de una exuberancia de tendencias instintivas inferiores y de una notable deficiencia (adquirida en parte a causa de una mala educación y de perversos influjos ambientales) de los poderes inhibitorios.
5. Corolarios morales. - Las impulsiones verdaderas pertenecen a la psiquiatría, por ser expresión de una enfermedad mental; por lo tanto, no son imputables ni moral ni jurídicamente. En realidad se trata de actos realizados, por lo general inconsciente o involuntariamente, más aún, contra la propia voluntad (como ocurre en los impulsos obsesivos); y donde no existe conciencia ni volición libre no puede existir responsabilidad ni imputabilidad. Pero si hubiese un mínimo de libertad en el consentimiento, la imputabilidad disminuiría en proporción, pero no quedaría extinguida. De todos modos, se ha de notar también que además de la responsabilidad en el momento en que se realiza el acto se ha de considerar igualmente la responsabilidad en causa (v. Voluntario en causa). Bajo este último respecto principalmente los actos delictivos de los criminales, clasificados precisamente como tales por tendencias (a fin de significar que en ellos no existe enfermedad mental, sino sólo una inclinación a aquella vida viciosa e irregular) podrán ser plenamente imputables.
A los impulsos de los enfermos mentales se asemejan los actos —incluso delictivos— realizados por personas normales arrastradas por una pasión violenta. La justicia exige que en cada caso se valore la intensidad del momento pasional que produjo aquel grave eclipse moral, para juzgar el grado concreto de responsabilidad de los mismos actos. Finalmente —y en líneas generales— si se tiene en cuenta que como hemos dicho los impulsos son siempre la resultante de un exceso de sentimiento y de una carencia de inhibición, se comprenderá cuán importante sea profilácticamente la educación tanto para afinar y mejorar los sentimientos, como sobre todo para templar y vigorizar el poder del autocontrol. Riz.
Bibliografía
M. Gozzano, Trattato delle malattie nervose , Milano, 1946.