HERENCIA (en biología)
1. Fundamentos. - Por h. —o patrimonio hereditario— se entiende en biología el conjunto de propiedades o características morfológicas y psíquicas procedentes de los padres y contenidas en la célula (huevo fecundado) en la que se inicia el desarrollo del nuevo individuo. En el núcleo del huevo fecundado existen unos corpúsculos filiformes llamados cromosomas constituidos por un doble collar de granos ultramicroscópicos denominados genes, cada uno de los cuales tiene una función específica, un trabajo particular a realizar en la creación del nuevo individuo (así un gene —o mejor un grupo de genes— proveerá al color de los ojos, otro a la forma de la nariz, a una peculiar cualidad psíquica, etc.). Como cada progenitor da una serie completa de genes, la célula-huevo fecundada tiene una doble serie de estas formaciones: esto constituye una garantía de normalidad, dado que los dos miembros de cualquier pareja de genes realizan el mismo género de trabajo y que muchos genes son defectuosos, pero difícilmente lo son los dos genes de cada pareja. De ordinario basta que uno de los dos genes sea normal para asegurar la normalidad de aquella función determinada.
El desarrollo del nuevo individuo no está sin embargo subordinado completamente a las propiedades hereditarias señaladas; una parte de su futuro dependen de circunstancias ambientales en el más amplio sentido del término (alimentación, clima, perturbaciones morbosas, educación, etc.).
2. H. patológica. - Ante todo hay que distinguir lo que es hereditario de lo que es congénito. Por condiciones patológicas hereditarias se han de entender sólo las que son transmitidas por los progenitores a la prole del mismo modo que se transmiten los caracteres de la especie y del individuo. Por lo tanto un factor patológico verdaderamente hereditario ha de tener el mismo substrato material que tienen los factores de la h. normal; en una palabra, se trata de una transmisión que se realiza por medio de parejas alteradas de genes. Por condiciones patológicas congénitas se han de entender aquellas con las cuales se nace y que dependen de grandes alteraciones bien de las células sexuales antes de la fecundación, bien del producto de la concepción durante el desarrollo endouterino. Se entiende que la mayor parte de las condiciones patológicas hereditarias son también congénitas, evidentes ya en el nacimiento.
Así, p. ej., muchas deformaciones y monstruosidades, el albinismo, el daltonismo, son además de hereditarias congénitas; la llamada heredolues, en cambio, es congénita; una contracción especial de las manos, llamada morbo de Dupuytren, es hereditaria, pero no es congénita, por desarrollarse en la edad adulta; la hemofilia afecta únicamente a los varones y se transmite exclusivamente por las mujeres, constituyendo un ejemplo de afecciones hereditarias ligadas al sexo, etc. En el ámbito de las enfermedades mentales es hereditaria sobre todo la frenosis maníacodepresiva (v.); frecuentemente lo es también la esquizofrenia (v.), la paranoia (v.), la llamada inmoralidad constitucional, etc.
3. Degeneración. - La degeneración (que significa etimológicamente desviación del género), según una doctrina formulada por Morel en 1857 y perfeccionada por sus continuadores, es un proceso hereditario estrictamente morboso, que parte de la enfermedad adquirida en la cabeza de la familia degenerada y se desarrolla fatalmente en las generaciones sucesivas. Según el esquema excesivamente simplista dado por Morel en el campo psicopatológico, la degeneración influye cada vez más gravemente en las generaciones sucesivas iniciándose con simples neuropatías y dando lugar después a excentricidades, delirios, graves anomalías en la conducta, imbecilidad, idiotez y, finalmente, monstruosidad, infecundidad, con extinción de aquella rama familiar. Los descendientes de los primeros progenitores afectados accidentalmente por tóxicoinfecciones que repercuten en las células sexuales nacen por lo tanto predestinados ya a la degeneración y transmiten a su prole unas cargas de estigmas cada vez más graves. En realidad el proceso de degeneración es bastante más irregular y complejo. Acompáñanle, en efecto, fenómenos de detención y hasta de regeneración.
Además, no se puede prever su curso ni es posible trazar —al menos en la práctica— una distinción demasiado rigurosa entre los verdaderos fenómenos degenerativos y los fenómenos patológicos no degenerativos; sin tener en cuenta que muchos pretendidos estigmas degenerativos no son tales y que sería muy falaz admitir un paralelismo demasiado constante entre las señales somáticas y las señales psíquicas de degeneración. De todos modos este término y concepto de degeneración son objeto todavía de profundo estudio y susceptible de ulteriores desarrollos.
4. Corolarios morales. - Los conocimientos que poseemos sobre la h. —mediante la doctrina de los genes, las leyes de Morel y otros principios y nociones que nos parece superfluo recordar— justifican perfectamente, en el plano biológico, la prohibición éticojurídica de los matrimonios entre consanguíneos próximos. La consanguinidad no tiene verdadera importancia patógena, sino que se limita a sumar, y a menudo a revelar las disposiciones hereditarias latentes de los dos progenitores: disposiciones que quedan ocultas cuando la unión ocurre entre individuos no consanguíneos. Las nociones modernas sobre los factores que gobiernan la h. dan su justo valor a la educación (física, intelectual y moral) como elementos que influyen en la inteligencia y en el temperamento del individuo, en su emotividad y en sus actitudes éticosociales.
Es fácil además comprender que si la educación es integrada por oportunos influjos ambientales (en la más amplia acepción del término; alimento sano, morada higiénica, alejamiento de los malos ejemplos, ergoterapia, etc.), sacará de ello gran ventaja la salud somática y psíquica de los individuos, sobre todo si son sometidos a estos influjos precozmente y por un adecuado período de tiempo. Esto explica los maravillosos éxitos que en la recuperación de la juventud extraviada obtuvieron cuantos —desde San Felipe Neri a San Juan Bosco y a los recientes fundadores de las «ciudades de los muchachos»— han puesto en práctica aquellos métodos higiénicopedagógicos. Riz.
Bibliografía
H.
S. Jennings, Eredità biologica e natura umana , Milano, 1934
E. Tanzi y
E. Lugaro, Trattato delle malattie mentali , Milano, 1934.