Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ESPIRITISMO

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1. C o n c e p t o y t e o r ía. - Es la interpretación de algunos fenómenos me* tapsíquicos (v. Metapsíquica), que se tienen como producidos por almas de fallecidos y es también la doctrina y la práctica acerca de la evocación de estas almas. Los orígenes históricos del e. se remontan al año 1847, cuando la muchacha de 11 años Kate Fox, que habitaba con su familia en una casa cerca de Nueva York, en la cual se advertían golpes ( raps) dados en las paredes y otros fenómenos extraños, pensó que se trataba de manifestaciones del espíritu desencarnado de un difunto y le vino al pensamiento pedir al invisible llamador la repetición de un número determinado de golpes para confirmar su hipótesis. Satisfecha su petición se inició una serie de conversaciones entre la muchacha (y sus conocidos) y el espíritu que respondía según un alfabeto convencional, primero golpeando el muro y más tarde el pavimento con la pata de una mesita o velador. Algunos años más tarde la familia Fox marchó a Inglaterra y de este modo pasó el Océano el uso de las mesitas o veladores parlantes (o semovientes), que ya se había divulgado rápidamente en América.

2. R a s g o s d o c t r in a l e s. - La gran boga y duración del e. (cuyos adeptos, según Servadio, en 1936 andaban alrededor de los quince millones de individuos esparcidos por todo el mundo) se explica sobre todo por razones sentimentales en gente religiosamente indiferente e incrédula que andan en busca de un sustituto de la religión sin querer someterse a las exigencias molestas de las religiones dogmáticas. A. Kardec, que desde 1857 trazó las líneas del edificio espiritista, sostiene — en analogía con el neoplatonismo helenista— que el hombre constaba de un cuerpo físico que se disuelve con la muerte y de un espíritu indestructible y perfectible, y de un periespíritu (o cuerpo fluídico) que durante la vida liga el espíritu al cuerpo y después de la muerte queda adherido al espíritu. Por medio del Periespíritu, precisamente, se harían posibles algunas manifestaciones paranormales de los vivientes (o sea, en general los fenómenos mediúmnicos de carácter físico: v. Metapsíquica), así como las comunicaciones de los difuntos con el mundo de los vivos.

Sucesivamente una riquísima literatura seudocientífica, fundada en estas comunicaciones mediúmnicas, ha proporcionado amplios, minuciosos y gratuitos informes sobre la desencarnación de los espíritus, sobre su modo de existir más allá de la tumba, sobre su perfección progresiva en las diversas esferas del universo ultrasensible, sobre las razones que inducen a los espíritus a acercarse a los vivos para ayudarlos, protegerlos, etc.

3. I n t e r p r e t a c io n e s. - Si entre los cultivadores de la metapsíquica en general, la hipótesis espiritista ha ido perdiendo terreno, en la interpretación de los fenómenos paranormales, y se ha ido sustituyendo por conjeturas psicologiconaturalistas, sin embargo aquella hipótesis tiene aún sus defensores que en apoyo de sus puntos de vista proclaman justamente la falta de hecho de una explicación puramente científica para aquellos fenómenos, los cuales por el contrario se armonizan y justifican plenamente con su hipótesis espiritista. Replican los naturalistas que estando aún la investigación metapsíquica experimental en la fase inicial de las comprobaciones, sería peligroso y prematuro arriesgarse a suposiciones que implicaran el abandono del plano de investigación científica; sin contar que si algunas categorías de fenómenos paranormales, que un tiempo eran explicables solamente con la hipótesis espiritista, reconocen hoy los mismos espiritistas que admiten una interpretación naturalista; esto autoriza a inferir que también los demás fenómenos podrán ser interpretados un día de este mismo modo científico.

En suma, las controversias en pro y en contra de la hipótesis espiritista de las manifestaciones metapsíquicas están todavía hoy en pleno fervor.

4. P r o b l e m a s é t ic o s. - Como se explica más detalladamente en la voz Metapsíquica, los católicos están hoy todos de acuerdo en que las manifestaciones paranormales consideradas por los espiritistas como procedentes de espíritus desencarnados, dependen de intervención diabólica, siempre — bien entendido — que se excluya el truco y no se pueda encontrar una explicación de orden claramente científico de cada fenómeno. No ha faltado tampoco entre los católicos alguno que ha supuesto, p. ej„ que tal vez otros seres, cuya existencia no se ha manifestado de otra manera, pueden intervenir, pero se trata de voces aisladas y de hipótesis totalmente infundadas. La Iglesia se ha pronunciado repetidas veces contra las prácticas espiritistas, disuadiendo de ellas a los fieles y denunciando el peligro que encierran para la salud del alma y hasta para la del cuerpo.

A este último propósito podemos confirmar que las sesiones espiritistas (incluso las que se hacen sólo por diversión, casí como un juego de sociedad), son peligrosas para la salud mental, sobre todo cuando quien participa en ellas no se encuentra en condiciones ideales de equilibrio neuropsíquico, que en la práctica casí nunca se verifica.

Finalmente, añadiremos que el e. no es lícito ni siquiera como medio curativo. Worcester y otros psiquiatras, citados por Scremin, consiguieron algunas curaciones en diversos casos de enfermedades mentales, lo cual es explicable, considerando los intensos shocks emotivos que pueden determinarse en las sesiones espiritistas y seudoespiritistas, y teniendo en cuenta los posibles efectos beneficiosos de estos shocks sobre individuos psiconeuróticos.

Sin embargo, el procedimiento se ha de condenar aun cuando el médico finja solamente que recurre a él poniendo sólo en escena una sesión de trucos de la que esté excluida toda intervención diabólica.

No es nunca éticamente correcto y justificado recurrir a trucos y engaños, aunque sea para obtener un resultado ventajoso y honesto; tanto más que la psiquiatría posee hoy otros muchos medios shockterapéuticos de eficacia bastante más segura, lícitos e incluso aconsejables. Y es muy reprobable recurrir — siempre con estos fines curativos — al e. verdadero y propio, esto es, entendido como evocación de almas de difuntos, ya que estas almas no pueden entrar en relación con los vivos sólo por la evocación de un médium, sino únicamente por singular concesión divina que no se impetra con estos medios; en cambio es posible que en el puesto de las almas evocadas se presenten espíritus demoníacos. Al balance pasivo del e. se ha de añadir también el efecto desastroso que esta práctica tiene sobre los sentimientos religiosos y morales de los participantes. Todo esto explica y justifica plenamente — si hubiese alguna necesidad de ello— las numerosas decisiones en esta materia de la Iglesia, la cual en 1917 decretó una prohibición en los siguientes términos: «no es lícito por medio del llamado médium, o sin él..., tomar parte en las sesiones espiritistas» (AAS, 9 [1917], 268). R iz.

Bibliografía

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