ECUMENISMO
1. Noción. - Bajo este nombre de e. o movimiento ecuménico se suele indicar la teoría excogitada por los movimientos interconfesionales, especialmente protestantes, para lograr la unión de las Iglesias cristianas, a base de una especie de confederación.
2. Origen del movimiento. - De unos 2.400 millones de hombres, los cristianos son unos 749 millones, de los cuales 425 son católicos, 176 protestantes y 128 ortodoxos. Casi la mitad por lo tanto de los cristianos, esto es, de los que consideran a Cristo como su fundador, están fuera de la Iglesia católica romana. La unión con la Iglesia grecoortodoxa, intentada en los Concilios de Lyon y de Florencia, en 1274 y 1439, fue efímera. En 1910 los misioneros protestantes se reunieron en Edimburgo para encontrar el modo de no estorbarse mutuamente en las misiones. Charles Brent propuso extender a todos los cristianos la invitación a la unión y se convirtió en promotor de este movimiento en las conferencias de Ginebra en 1920 (Faith and Order), de Lausana (1927), de Edimburgo (1937). Un segundo movimiento, dirigido por Söderblom, obispo luterano de Upsala (Work and Life), se sumó al primero. Estos dos movimientos se unieron después de la guerra y celebraron las asambleas de Amsterdam (agosto-septiembre 1948), donde se constituyó el consejo de las Iglesias con sede en Ginebra, y de Evanston (octubre 1954). Los protestantes recibieron la adhesión de los ortodoxos.
3. E. e Iglesia católica. - La Iglesia católica, consciente de ser la verdadera Iglesia de Cristo, no puede tomar parte en un movimiento que va buscando esta misma Iglesia, aunque no cesa de rogar por la unidad. Sin embargo, frente a las tentativas de algunos católicos, ansiosos de un acuerdo, y frente a la opinión pública mundial, la Iglesia católica ha manifestado en diversos documentos su actitud ante la unión, doctrinalmente sobre todo en las encíclicas Orientalium animos de Pío XI (6 enero 1928) y Orientales omnes Ecclesias de Pío XII (23 diciembre 1945); disciplinadamente en la respuesta de 5 julio 1948 (v. Comunicación con los acatólicos) y en la Instrucción del Sto. Oficio de 20 diciembre 1949. Las normas a seguir en esta actividad unionística quedan precisadas de la siguiente manera: pueden ser permitidas por los Ordinarios conferencias entre católicos y no católicos en las diócesis propias. Para conferencias interdiocesanas e internacionales se reserva la competencia al Sto. Oficio.
La Jerarquía tiene el derecho y el deber de vigilar, porque el único camino real para la unión es la adhesión de los no católicos a la verdadera Iglesia; las demás fórmulas presentan graves peligros para los católicos, y conceptualmente se reducen frecuentemente a fórmulas ecumenistas, vacías de significado. En la Iglesia católica promueve los problemas de la unión la revista «Unitas». Pal.
Bibliografía
V.
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