CUESTIÓN SOCIAL
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1. El problema. - Conjunto de problemas, que se han acentuado en el siglo pasado como consecuencia del nacimiento y desarrollo de la gran industria, relativos a la mejora económico-social de los grupos trabajadores. Hubo ciertamente quienes querían circunscribir la c. social al problema de la distribución de la riqueza en el régimen de salariado; pero hoy comúnmente se juzga que su amplitud es mucho mayor y abraza todos los aspectos que presenta la posición económico-social de los trabajadores en el sistema capitalista; por lo tanto no sólo el salario, sino también la instrucción técnico-profesional, la educación social, la organización sindical, la inserción de las relaciones de trabajo en las ordenaciones jurídicas, el urbanismo, la recomposición de la organización familiar y similares; problemas todos que por su complejidad y urgencia caracterizan, dinamizándola, la convivencia humana en el siglo pasado y todavía más en el nuestro.
Otros* finalmente, piensan — y entre éstos están los que se inspiran en los postulados de la escuela cristiana— que la c. social admite una solución humana incluso sin recurrir a la colectivización integral de los medios de producción; esto es, pensando que el sistema capitalista puede ser profundamente transformado en su estructura y en su funcionamiento, aun basándose en la iniciativa personal y conservando ampliamente la propiedad privada.
Y como la guarda de la religión y la dispensación de los medios en poder de la Iglesia se nos ha confiado principalmente a Nos, nos parecería faltar a nuestro ministerio si callásemos.» Y un poco más adelante prosigue: «La Iglesia saca del Evangelio las doctrinas más aptas para componer o al menos hacer menos áspero el conflicto social.» Y más explícitamente: «No se crea que la diligencia de la Iglesia se dirija tan entera y únicamente a la salvación de las almas que descuide lo pertinente a la vida mortal y terrena.» Pío XI en la Quadragesimo anno continúa: «Hemos de anticipar el principio establecido ya con tanta claridad por León XIII de que en Nos reside el derecho y el deber de juzgar con suprema autoridad de las citadas cuestiones sociales y económicas. Ciertamente a la Iglesia no se le confió el deber de guiar a los hombres a una felicidad solamente temporal y caduca, sino a la eterna. Más aún, Dios no quiere que la Iglesia se entrometa sin justa causa en la dirección de las cosas puramente humanas (Ubi arcano).
Pero de ningún modo puede renunciar al oficio, que Dios le asignó, de intervenir con su autoridad no en las cosas técnicas, para las cuales no tiene medios oportunos ni es su misión tratarlos, sino en todo lo que tiene relación con la moral.»En esta materia, en efecto, el depósito de la verdad que Dios Nos confió y el deber gravísimo que Nosímpuso de divulgar e interpretar toda la ley moral, e incluso exigir oportuna e importunamente su observancia someten y sujetan a nuestro supremo juicio tanto el orden social como el económico.
Ya que si bien la economía y la disciplina moral, cada una en su propio ámbito, se apoyan en principios propios, sería error afirm ar que el orden económico y el orden moral sean tan dispares y extraños el uno al otro que el primero no dependiera de ningún modo del segundo.» Y Pío XII justifica la intervención de la Iglesia en el juicio sobre los sistemas económico-sociales: «Movida siempre por motivos religiosos, la Iglesia condenó los diversos sistemas del socialismo marxista y los sigue condenando hoy, por ser su deber y derecho permanente preservar a los hombres de las corrientes e influencias que ponen en peligro su salvación eterna» (Radiomensaje, 24 diciembre 1942). Y en otra ocasión: «La Iglesia ha tenido y tiene plena conciencia de sus responsabilidades. Sin la Iglesia la c. social no tiene solución» (Radiomensaje a los obreros de España, 11 marzo 1951). Pal.
Bibliografía
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G. Menéndez Reigada, Directrices cristianas de ordenación social, Madrid, 1949
I. González, La cuestión social según Jaime Balmes, Madrid, 1943
A. Martín Artajo y
M. Cuervo, Doctrina social católica de León XIII y Pío XI, Barcelona
J. Azpiazu, La acción social del sacerdote, Madrid, 1941.