CONTAGIO PSÍQUICO
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1. Definición. - El término derivado de la epidemiología significa la transmisión de desórdenes psíquicos de un individuo a otros en circunstancias que favorecen la sugestión. Este contagio es fundamentalmente de dos tipos que difieren entre sí tanto por su patogénesis como por el género de individuos afectados: aludimos respectivamente al c. psíquico familiar y al de muchedumbre.
2. C. psíquico familiar. - No rara vez a causa de la semejanza psicológica existente entre diversos miembros de una misma familia ocurre que los trastornos psíquicos manifestados en uno de ellos son aceptados pasivamente por los demás; o también que entre estos miembros familiares ocurra una recíproca sugestión, una lenta e involuntaria colaboración por la cual paso a paso el desorden inicial se exalta y se complica hasta llegar a un verdadero y propio síndrome psicopático que interesa a varios componentes del mismo núcleo familiar. Esto ocurre más frecuentemente entre ancianos cónyuges, en los que estas influencias sugestivas están favorecidas por una larga convivencia en el mismo ambiente, generalmente angosto y escasamente comunicado con el mundo exterior. Acerca de la naturaleza de estas manifestaciones psicopáticas se trata —en general— de delirios paranoicos, o también de psicosis histéricas.
3. Las epidemias psicopáticas. - De otro tipo es el proceso patogenético que determina las epidemias psicopáticas que interesan a masas más o menos amplias de individuos, denominadas también «infecciones psicopáticas de las masas». Estas epidemias estallan en las muchedumbres bajo la influencia de intensas emociones colectivas promovidas por carestías, guerras, revoluciones, etc., o también por fuertes influjos sugestivos de un individuo determinado. Aun en estos casos el contagio puede ser de tipo histérico o de tipo paranoico. El contagio histérico suele emanar de una histeria alucinada o convulsionaria, ataca después a otros histéricos menores y finalmente se difunde aun a personas normales, porque la fascinación sugestiva es tanto más poderosa cuanto más grande es el número de las personas contagiadas. Así nacieron las históricas epidemias de obsesión demoníaca, del baile de San Vito, etc., cada vez más raras en nuestros días por efecto del mejoramiento en las condiciones culturales y económico-sociales de las muchedumbres.
Conviene observar, sin embargo, que las masas no han alcanzado todavía una salud mental muy superior a la de los siglos pasados: el c. psíquico espera solamente la ocasión propicia para manifestarse y esta ocasión es hoy por lo general de orden revolucionario. En estas circunstancias son habituales los desbocamientos de la bestia humana, que produce acciones de crueldad extremada que no se verifican jamás fuera de estas deplorables contingencias. Estas manifestaciones colectivas pueden ser promovidas también por un contagio paranoico, nacido de un paranoico inteligente y enérgico que a favor de las circunstancias adquiere un rápido y fácil ascendiente sobre muchedumbres ignorantes y embrutecidas, incapaces de resistencia racional. Pero no es raro el caso que los presuntos «condotieros» de las muchedumbres en revuelta sean en realidad arrastrados ellos mismos por el movimiento hasta el punto de no ser al fin sino uno más entre los gregarios, cuando el condotiero efectivo es la masa anónima y ciega.
Un ejemplo más frecuente, pero más circunscrito, de c. psíquico colectivo lo dan estas oleadas de terror que se presentan en reuniones, teatros, cines y similares por efecto de un rumor inesperado, de un grito imprevisto, etc., y que concluyen a veces en verdaderas catástrofes. Aun aquí se trata en definitiva de episodios de autosugestión colectiva, que quitan a los presentes todo poder crítico y los arrojan en el más desconsiderado e irreflexivo terror pánico. Un vehículo de c. psíquico más moderno y no desdeñable lo ofrecen los medios de comunicación interhumana moderna. Prensa, radio, cine y televisión pueden desencadenar un estado psicósico sobre continentes enteros.
Desenvuélvese así velozmente, con una especie de reacción en cadena como la que se observa en el desarrollo de la energía atómica, tanto más intensa cuanto mayor es el número y concentración de los individuos, una peculiar psicosis colectiva, en que al brote de aquellos gérmenes primordiales latentes acompañan acciones exaltadas, casi inconscientes, pero brutales y criminales que en otras circunstancias jamás hubieran sido realizadas individualmente.
De aquí que si en la asociación delictiva las tendencias individuales para cometer delitos se encuentran y son elaboradas y favorecidas a sabiendas, por lo que en ellas se encuentran circunstancias agravantes de peligrosidad individual, en el caso de la exaltación sugestiva de las masas se pueden encontrar circunstancias atenuantes y los delitos realizados en semejantes ocasiones se han de considerar cometidos en un estado pasional, tal vez incluso de parcial enfermedad mental, siendo siempre más o menos notablemente reducida la capacidad de entender y querer de estas masas tumultuantes.
Bien diverso es el juicio moral —y el sentir de la ley— para aquel o aquellos agitadores o cabecillas que promovieron la subversión y ejercitaron a ciencia y conciencia su nefasta influencia sobre la muchedumbre. Siempre naturalmente que no se trate de histéricos o paranoicos, en cuyo caso valen las atenuantes forzosamente en uso para los enfermos mentales.
5. La «crónica negra». - Otra fuente más sutil, menos clamorosa, pero bastante más difundida de c. psíquico la proporciona a diario la llamada crónica negra. Periódicos y revistas ilustradas andan siempre a la busca de delitos presentando con amplios detalles las figuras de los protagonistas, el ambiente, la forma en que se llevó a cabo el delito y todo cuanto puede satisfacer el gusto en parte macabro y en parte erótico de los lectores. De estas lecturas, y de sus ilustraciones fotográficas, se desprende indudablemente un veneno insidioso que trastorna siempre, de una manera especial a los jóvenes, intoxicando sus mentes.
De este modo el periódico se transforma en un estimulante malsano de los más turbios y bajos instintos humanos. La moral católica y la medicina social no pueden menos de alzarse contra estas perversiones de la función periodística que traspasando fácil e impunemente todos los límites de la medida y de la decencia constituyen siempre un peligro y a veces un verdadero daño irreparable para la salud espiritual de los lectores. Riz.
Bibliografía
Levy-Valensi, Précis de Psychiatrie, París, 1926
B. Lugaro, Psichico contagio, en EI, XXVIII, 454
S. Sighele, I delitti della folla, Torino, 1910.