Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CONSEJO

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1. Noción. - La palabra c. significa una exhortación, que de suyo no tiene fuerza de precepto, a decir o hacer una cosa determinada, con vistas a un fin. Entre las· acciones u omisiones voluntarias que pueden, dirigirse a Dios como térm ino supremo hay algunas que son materia de precepto, en tanto que otras lo son tan sólo de c.: éstos son útiles para alcanzar más presto y perfectamente nuestro último fin. La existencia de preceptos y de consejos aparece claramente en la Escritura (Mat., 19, 17; I Cor., 7, 26-40), y se puede demostrar también con la razón: un bien menor en efecto no es necesariamente un mal. Nuestros primeros padres fueron creados en el estado de justicia. El alma estaba perfectamente sujeta y unida a Dios; las facultades sensitivas plenamente sometidas a las potencias superiores del alm a; las cosas externas bajo el dominio pleno del hombre. El pecado, al destruir la más alta de estas tres armonías, turbó también las demás, y con el pecado entró el triple desorden, de que habla la Escritura (I Jn., 2, 16).

Después de la caída el hombre, debilitada su tendencia al bien, es inclinado a replegarse en su propio yo sin consideración a Dios ni al prójimo, y a sentir en contraste con la realidad altamente de sí mismo: el orgullo de la vida. La voluntad ya no tiene el perfecto dominio sobre las facultades sensitivas, y el apetito sensitivo, independientemente del dictamen de la razón e incluso contra ella tiende a los placeres sensibles: la concupiscencia de la carne, y a los bienes materiales: la concupiscencia de los ojos. Si bien para alcanzar el fin propio no es necesario renunciar totalmente a los bienes creados, siempre que de ellos se haga uso. conforme a las exigencias de la fe y de la razón, sin embargo, la total renuncia a ellos hace más fácil la aplicación a las cosas espirituales, a Dios, Sumo Bien y nuestro último fin. Por lo que Cristo, que vino al mundo para restablecer el orden trastornado por el pecado, exhortó a sus discípulos a renunciar en cuanto fuera posible a los bienes perecederos.

2. Consejos evangélicos. - Los consejos dados por el Salvador se reducen a tres prin•cipales, llamados consejos evangélicos: la pobreza, la continencia perfecta y la obediencia. La pobreza recomendada por Cristo con.siste en la renuncia a la libre disposición y posesión, y en ocasiones incluso a la misma propiedad de los bienes materiales: mortifica el deseo extesivo de tenerlos, libera de la solicitud que lleva consigo su posesión y aumenta el deseo de los bienes sobrenaturales y la confianza en Dios. La continencia perfecta, recomendada por Cristo, implica la renuncia a los placeres, incluso legítimos, de la vida familiar: espiritualiza de alguna manera el cuerpo, poniéndolo cada vez mas al servicio del alma, y da una más amplia posibilidad de trabajar por el bien espiritual e incluso corporal del prójimo y de amar a Dios sin impedimento. La obediencia, objeto de c„ es la renuncia al derecho natural de disponer en cierta medida, según el propio arbitrio, de la actividad propia: mortifica la tendencia a sobrestimarse uno mismo; y aumenta la fe. La perfección cristiana no consiste esencialmente en el ejercicio de los consejos evangélicos, y puede llegar a existir sin ellos "(v.

Perfección cristiana). Este ejercicio es, sin •embargo, de gran utilidad para alcanzar la perfección, la cual no se obtiene sin vivir al menos según el espíritu de los consejos evangélicos. Practicase el espíritu de pobreza, privándose de muchas cosas y haciendo ¡buen uso de los bienes poseídos (I Tim., 6, 17). 'El espíritu de continencia se practica privándose a veces de alguna satisfacción, incluso legitim a; el espíritu de obediencia, sometiéndose con docilidad a los Superiores, como representantes de Dios; a la voluntad del Señor manifestada por medio de los sucesos agradables y desagradables; y a las inspiraciones de la gracia, controladas por un prudente director espiritual. Los que se vinculan con voto público a la observancia de los consejos evangélicos se llaman religiosos (v.); su estado es un estado de separación del mundo y de total consagración a Dios. Es práctica útil para los seglares el prom eter al director espiritual, con su asentimiento y durante un tiempo determinado por él, obediencia en ciertas cosas e incluso renunciar al derecho de disponer según propio arbitrio de determinados objetos.

Debe incrementarse cada vez más el desprendimiento interno de los bienes creados: tanto internos (conocimientos, ingenio, estima y afecto de los demás, consuelos, placeres), como externos (propiedades, dignidades, oficios, comodidades de la vida) y se ha de procurar evitar las imperfecciones voluntarias. Man.

Bibliografía

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