Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CONFESOR

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1. La persona del c. - Llámase c. al ministro del sacramento de la penitencia (v.). El c. es ante todo juez porque el sacramento de la penitencia es de índole judicial; juez, cuya sentencia absolutoria da el perdón de las culpas y la vida sobrenatural. Es también maestro: la Iglesia encarga al c. que instruya a los penitentes acerca de las verdades de la fe y los deberes cristianos cuando les falta el debido conocimiento (Ritual Romano, tit. IV, c. 1, n. 14). El c. es además médico de las almas: debe dar a los penitentes saludables consejos e indicarles los medios oportunos para evitar el pecado y para curar las heridas que dejó en su alma el pecado (can. 888, § 1; Rit. Romano, tit. IV, c. 1, n. 18). El c. ejerce, pues, una verdadera paternidad espiritual; hace las veces de Dios ofendido por nuestras culpas, pero también infinitamente misericordioso. Llamábanse antiguamente confesores los mártires, y es el título que hoy se da en la liturgia a todos los santos no mártires (obispos, doctores, sacerdotes, simples fieles).

2. Normas prácticas. - Conviene tener un profundo respeto para el propio c. y una gran claridad de conciencia con él: de otra manera no podría ejercitar su oficio con verdadera utilidad para nuestra alma. En particular es muy oportuno exponerle las dificultades, los peligros de faltar a las obligaciones propias, las causas de las infidelidades habidas, así como las virtudes cuyo ejercicio nos es más fácil (v. Dirección espiritual). Finalmente, es también de gran utilidad para el progreso espiritual tener un c. fijo, y una vez hecha la elección no conviene cambiar con facilidad. Man.

Bibliografía

T. Ortolan, Confesseur, en DTC, III, 942-953
B. Merkelbach, Summa Theologiae Moralis, III, París, 1939
A. Grazioli, La pratica del confessore, Colle Don Bosco, 1946 S. A. M.ª de Ligorio y
N. Moriones, La práctica del confesor
A.
Yanguas, S. I., Commentarius in quasdam Sancti Officii normas de agendi confessariorum circa VI Decalogi praeceptum, Salamanca, 1948.

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