CEREBROPATÍAS
1. Concepto Con este término (o con el afín, pero más extensivo, de encefalopatías) se entienden todas las enfermedades que atacan el cerebro y —especialmente— los hemisferios cerebrales: deformaciones, degeneraciones, lesiones vasales o traumáticas, etc. Respecto a la edad en que la enfermedad se presenta hablamos de c. infantil y de c. de adulto; distinción que trasciende el factor cronológico y abraza la sintomatología y el mismo mecanismo patogenético de los diversos cuadros nosográficos en cuanto que las c. del adulto suelen limitarse a la región atacada por el proceso morboso y también el síndrome que de él se deriva corresponde al trastorno funcional producido por aquella lesión circunscrita, mientras que los daños ocasionados por los procesos patológicos que atacan el cerebro infantil, influyen en el desarrollo ulterior de las demás regiones cerebrales: de donde se sigue una mayor extensión y gravedad del cuadro morboso. El examen diagnóstico de las c. actualmente se ha ampliado y profundizado notablemente merced al empleo de medios de comprobación artificiales (encefalografía, ventriculografía, arteriografía, etc.) y con la adopción de la electroencefalografía (v.
Ondas cerebrales): modernos métodos de estudio que con gran ventaja acompañan al puro examen clínico, que en general tiene solamente el valor de una orientación preliminar.
2. C. del adulto Como de ordinario las enfermedades del sistema nervioso en general difieren entre sí no tanto por su naturaleza (traumática, vasal, etc.), cuanto por la sede de la lesión que las ha producido. En otras palabras, suelen ser caracterizadas principalmente por la región cerebral particular destruida o alterada por el proceso morboso. Las c. del adulto en relación con su naturaleza pueden ser vasales (generalmente hemorrágicas, trombóticas o embólicas), traumáticas, inflamatorias (las diversas especies de encefalitis, generalmente virales o de virus filtrables y el absceso cerebral), sifilíticas, degenerativas o atróficas o de senectud precoz, tumorales, etc.
Acerca de su sede las c. del adulto pueden caracterizarse —exclusivamente o más a menudo, preferentemente— por manifestaciones paralíticas (por lesiones que interesan los centros motores o la primera parte de sus vías), o por manifestaciones anestésicas (por lesiones que interesan centros o vías de la sensibilidad general), o sensoriales (por lesiones de los centros sensoriales o de sus vías), o también afásicas o apráxicas (por lesiones de los centros respectivamente del lenguaje e ideomotor), o extrapiramidales (coreas, atetosis, espasmos, síndromes de Parkinson, etc., derivados de las diversas formaciones que constituyen el sistema extrapiramidal), etc. A menudo en las c. del adulto las enfermedades son más complejas, porque dependen de la afección de dos o más «sistemas» neurónicos. Así tenemos, p. ej., la hemiplejía —o parálisis de una mitad del cuerpo— asociada a hemianestesia en las hemorragias de aquella particular porción cerebral denominada «cápsula interna», en la cual se encuentran fibras de movimiento y fibras de sentido.
3. C. infantil El grupo de las c. infantiles comprende formas muy diversas por su naturaleza, sustrato anatomopatológico y cuadro clínico, pero que tienen en común el hecho de que se manifiestan desde la infancia y suelen dejar huellas permanentes y graves, porque atacando un órgano todavía en plena evolución, ejercitan una nociva influencia sobre todo en su ulterior desarrollo. Las causas de las c. infantiles pueden dividirse según su procedencia en exógenas y endógenas; según la época en que obran, en prenatales, natales y postnatales; según su especie, en infecciosas, tóxicas, traumáticas, etc. Entre las causas más frecuentes y más graves recordaremos la sífilis hereditaria y los virus neurótropos. Desde el punto de vista anatomopatológico tenemos las deformaciones (anencefalia, meningocele, microcefalia, etc.), las encefalitis y meningoencefalitis, las hemorragias cerebrales, los hidrocéfalos, etc.
Clínicamente señalamos —con mayor frecuencia— la hemiplejía (debida a procesos encefalíticos o hemorrágicos), la rigidez congénita de Little (que es una tetraplejía o una paraplejía debida al parecer a una hipoplasia de las vías motorias), algunas formas extrapiramidales, crisis convulsivas de tipo epiléptico y especialmente defectos más o menos graves del desarrollo de la inteligencia o frenastenia. Estos diversos síndromes se presentan rara vez aislados: suelen asociarse entre sí de forma diversa realizando cuadros clínicos complejos, con prevalencia de uno u otro de los síntomas señalados según la localización del proceso morboso y con una casi constante coparticipación de los trastornos psicodeficitarios.
4. Notas morales En presencia de un cerebropático pueden surgir graves problemas juridicomorales acerca de su responsabilidad moral y penal y de su capacidad civil (en asuntos de testamentos, matrimonios, etc.). No se pueden dar juicios generales debiendo nacer las decisiones de un cuidadoso examen psíquico de cada enfermo. En líneas generales cuanto más grave es el trastorno nervioso (extensión de parálisis, frecuencia de accesos convulsivos y similares) tanto más se ha de sospechar la participación de la esfera psíquica en la lesión cerebral. Esta participación es más frecuente y clara en las c. infantiles y de ello hemos visto ya el motivo. Las c. infantiles tienen además otra resonancia moral en el sentido de que —especialmente cuando son congénitas, prenatales— son con frecuencia expresión de heredosífilis y denuncian la falta de criterio y de caridad de uno al menos de los padres que contrajo matrimonio estando enfermo y sin haberse sometido a curas suficientes.
Al mismo tiempo estas c. constituyen un aviso viviente y representan una notable rémora para aquellas personas serenas que, deseando contraer matrimonio y tener una prole sana y robusta, a la vista de estos infelices se ven movidos a abstenerse de contactos impuros y peligrosos incluso para la salud del cuerpo. Riz.
Bibliografía
U. Cerletti, Riassunto delle lezioni di clinica delle malattie nervose e mentali , Roma, 1946
M. Gozzano, Trattato delle malattie nervose , Milano, 1951.