Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CELO

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Índice interno:

1. Naturaleza ·

2. Práctica ·

1. Naturaleza El c. en sentido amplio consiste en emplearse en cualquier cosa con gran ardor; en sentido estricto significa el emplearse fervorosamente en la gloria de Dios. Este c. es un efecto del amor desinteresado de Dios, por poco fervoroso que sea. Comprende una gran diligencia por la santificación del alma propia y la salvación de los demás.

2. Práctica El que está animado por el c. cumple fielmente sus propios deberes y tiene gran cuidado de evitar no sólo el pecado, incluso venial, sino también las imperfecciones voluntarias; procura tener en todas sus acciones una gran pureza de intención; tiene solicitud por las llamadas cosas pequeñas, que tanta parte tienen en nuestra vida; se esfuerza por conocer y hacer lo que le es más grato a Dios, aunque requiere sacrificio; está muy atento a las inspiraciones de la gracia; es puntual en los ejercicios de piedad y eleva frecuentemente su mente a Dios; examina cuidadosamente su conciencia y lucha con generosidad contra los defectos; practica la mortificación externa e interna; acepta y lleva su propia cruz sin lamentarse o murmurar, más aun, con gozo; hace un gran uso de los medios de santificación, en particular de la oración y de los sacramentos. El c. por la gloria de Dios implica también una solicitud cada vez mayor por impedir el mal por parte de los otros y por llevarlos a Dios.

Este c. se desenvuelve con la palabra y la acción, que deben sin embargo estar siempre animadas por un profundo espíritu de fe y deben ser practicadas con gran bondad para con los demás, con paciencia y mansedumbre y total olvido de sí mismo. Para que sea verdaderamente fecundo el apostolado de la palabra y de las obras debe brotar de la unión íntima con Dios y de la vivida contemplación de los misterios de la fe. Otros medios también poderosos para hacer el bien a los demás son el ejemplo, la oración y el sufrimiento. El sufrir las fatigas y molestias que lleva consigo el cumplimiento del deber, el privarse de pequeñas satisfacciones no ilícitas y la magnánima tolerancia de los sufrimientos no buscados de alma y de cuerpo, con la intención de cooperar a la salvación de las almas, son algunas de las formas más eficaces de apostolado. La vida de los santos muestra hasta qué punto almas ardientes de amor por Dios y por las almas han sabido hacer apostolado por medio del sufrimiento.

Como el amor a Dios puede y debe siempre crecer en nosotros, así también el c. por su gloria; el que aspira a la perfección procura con todo empeño no rehusar nunca nada al Señor y glorificarlo siempre en la medida más alta posible. Este c. no es sólo fuente de grandes méritos, sino que llena el alma de alegría aun en medio de las pruebas más duras. Man.

Bibliografía

A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística , París, 1930, n. 336 611-615
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior , Buenos Aires, 1944, 777 ss., 1083 ss., 1225 ss.
O. Faber, Progressi dell’anima nella vita spirituale , Torino, 1942, p. 417-434.

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