Diccionario de Teología Moral

Igino Tarocchi, O.F.M. (Tar.)

ARTISTA (de teatro)

Recursos

Índice interno:

1. Datos históricos ·

2. Posición moral ·

1. Datos históricos La palabra artista fue originariamente sinónimo de artesano, hombre que ejercía un oficio o un arte, adquiriendo más tarde un significado particular cuando las bellas artes se separaron de las mecánicas; así la palabra artista se aplicó exclusivamente a los peritos en las artes liberales. Dícense artistas de teatro las personas que directamente presentan al público manifestaciones de arte dramático, lírico, coreográfico, musical o también de atracciones de diverso género según un programa previo. Desde la más remota antigüedad se encuentran en todas las civilizaciones artistas de esta clase, que con tendencias y finalidades diversas se presentaban al público para exaltar los sentimientos naturales de orden superior de las masas. Estos artistas o actores gozaban en general de la máxima consideración y plena libertad que degeneró, sin embargo (especialmente entre los romanos), en espectáculos vulgares y sanguinarios. Esto hizo que el ejercicio del arte dramático y las actividades unidas a él fueran consideradas actividades infamantes para los individuos que las practicaban (cfr.

D. 3, 2, 1: Infamia notatur... qui artis ludicrae pronuntiandive causa in scaenam prodierit ). De esta manera se justifica y fundamenta la actitud antigua de la Iglesia contraria a los espectáculos teatrales y a los juegos del circo. Pero en épocas posteriores fueron precisamente los misterios o representaciones sagradas, ejecutadas en el interior o exterior del edificio sagrado, las que alimentaron el amor del pueblo al teatro ofreciéndole una manera de satisfacerlo llena de fuerza religiosa y educativa. De aquí se deduce la comprobación de que la actitud fundamental del cristianismo para con el arte teatral y sus formas afines de distracción no fue negativa; ni tal puede ser hoy después de haber tomado el teatro la importancia cultural de primer orden que tiene.

2. Posición moral Para que un artista católico pueda trabajar en un teatro es necesario que las representaciones sean conformes, o al menos no contrarias, a las enseñanzas de la moral. Las representaciones verdaderamente artísticas deben procurar a todos los espectadores, y sobre todo al pueblo, horas de elevación espiritual y de serena distracción. No es lícito (por lo tanto es pecaminoso) al artista exhibirse en espectáculos o representaciones particularmente contrarias al orden público o a las buenas costumbres. Y tales son las representaciones que hacen la apología de un vicio o de un delito o que tratan de excitar el odio o la aversión entre las clases sociales, o que ofenden, aunque sólo sea con alusiones, a la persona del Sumo Pontífice, del Jefe del Estado y sus instituciones; las que excitan en las multitudes el desprecio de la ley o ataquen el sentimiento nacional o religioso o pueden turbar las relaciones internacionales; las que ofenden el decoro y el prestigio de las autoridades públicas, la vida privada de las personas o los principios constructivos de la familia.

Si las representaciones fuesen deshonestas por el lugar, por las ropas o por su fin, a ningún artista católico le es lícito cooperar, y quien lo hiciese se haría indigno de la absolución sacramental: porque en este caso está prohibida aun la cooperación material. Tar.

Bibliografía

Trevisani, Il teatro italiano , Roma, 1938
Greco, Il contratto di lavoro , Torino, 1939
Pío XI, enc. Vigilanti cura , 29 junio 1936
D. M. Prümmer, Manuale Theologiae moralis , I, Friburgo B., 1935, n. 612 ss.

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